Valdés Díaz-Vélez, Jorge
México
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La invitada

Tienes que detenerla
-dijo. Su voz temblaba
con pasión. Me gustaba
aquel temblor; el verla

actuar así, tenerla
cerca mientras mudaba
su gesto, confortaba.
Tienes que detenerla

-insistió. Ya es muy tarde,
no lo puedo evitar
-le respondí-, no hay nada

que hacer. En un alarde
teatral, fingió llorar
aunque reía, helada.

Valdés Díaz-Vélez, Jorge

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