Abril, Juan Carlos
España
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LA CASA DE LOS RELOJES

Empezar es decir revolución
en el único abrazo.
Esta mentira
sabe que no me perteneces
y quisiera, ignorante,
detener su caudal sin que rebose,
ascender la ilusión, su centro mismo.
Así también de nuestros ojos
mientras lo más profundo se te escapa,
el presagio se inclina,
se dobla por sí solo
y finge el sentimiento.
Las avispas
anidan en la chimenea
y el olor de la carne se ha resuelto
en la casa apagada.
Del salón
comienza el laberinto
que serpea brillando por el borde
de la memoria, tentador y bello,
hacia el mundo animal que una vez fuimos.
Hacia atrás no se puede.
Allá al fondo
el sueño en que apoyarse yo quisiera
saber por qué se pierde
si ahora me detengo y te distingo.
Y todos los relojes funcionando.

Abril, Juan Carlos

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