Abente y Lago, Victorino
España
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EL ORATORIO DE LA VIRGEN DE LA ASUNCIÓN

¡Cuán triste en las ruinas y humillado
Reposa tu pasado!

Los recuerdos de histórica grandeza
Que a la memoria trae el pensamiento
Mueve el sentimiento,
Con vagas emociones de tristeza.

El alma a otras edades se transporta,
Reflexiva y absorta,
Y escucha entre las sombras del olvido,
Que atrás el implacable tiempo deja
Una silente queja
Que a lo futuro envía lo que ha sido.

En mi espíritu infunde igual efecto
el tristísimo aspecto
De ese hermoso edificio abandonado,
En donde va la acción demoledora
Del tiempo, hora tras hora,
Dejando el sello destructor grabado.

Majestuosa en el espacio y bella
La cúpula descuella,
Y en el ápice ver se me figura
Que el genio de las artes, con encono,
Maldice el abandono
En que yace tan noble arquitectura.

¿A quién que aprecie el arte no quebranta
El ver incuria tanta?
Corintios capiteles sin adornos,
Rotas cornisas, desnudez en todo
Que en lastimoso modo
Presenta los artísticos contornos.

Sombría, descansando en los seguros
Desmantelados muros,
Muestra en el centro su amplitud interna
La bóveda del triste santuario,
Desnudo y solitario
Como el vasto interior de una caverna.

Por las altas ventanas descubiertas,
A la intemperie abiertas,
Que circunda la base del cimborio,
Las ráfagas del viento entran y zumban,
En la altura retumban
Y parece que gime el oratorio.

¡Cuántas veces su artística estructura
Miré con amargura,
Cuando de noche en perfil sombrío
Se dibuja simétrico y redondo
Siempre el oscuro fondo
Del anchuroso y tétrico vacío!

Melancólicos son los pensamientos
Que en aquellos momentos
De soledad, despierta la conciencia,
Mirando el abandono de aquel templo
Como un funesto ejemplo
Del triunfo de la impía indiferencia.

El almo sentimiento de lo bello
Inefable destello
Del infinito ser, que el alma eleva,
Allí se encuentra frío, inanimado,
Pidiendo el inspirado
Vivificante aliento que le mueva.

Sentimiento purísimo que inspira
Los ritos de la lira,
Que da luz al pincel, alma a la austera
Forma brutal de la materia inerte,
Que refleja la suerte
De los pueblos, y educa y regenera.

¿Y cuándo ese divino sentimiento
¡Oh triste monumento!
Vendrá de la ruina a preservarte,
E imprimiendo su sello a su belleza
Demuestre en su grandeza
Culto a la religión y amor al arte?

Presiento con placer cercano el día,
En que abata a esa impía
Indiferencia la virtud cristiana,
Y lo que es hoy baldón que nos deprime,
Si el arte lo redime,
Artístico primor será mañana.

Abente y Lago, Victorino

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