Álvarez Hidalgo, Francisco
España
Lecturas: 442


Después

Una vez más de tí he apoderarme,
te amaré una vez más, y habrás de amarme.

Tu rosa se abrirá sin resistencia,
e inundaré tu vientre de mi esencia,

explotando en color tu fantasía
mientras me dices tuyo y te hago mía.

Mas no te haré una efímera conquista
que abrace sólo cuanto ve la vista.

La posesión del cuerpo es delirante,
mas veloz, como raudo caminante:

Breves momentos de penetración,
y unos instantes de eyaculación;

pero la maravilla de este acto
está en la permanencia del contacto:

Tu piel junto a mi piel, cálida y firme,
sin cesar de mirarme y sonreirme;

y un bloqueo absoluto de la mente
desatendiendo cada sombra ausente.

La población del mundo reducida
a dos amantes y una sola vida;

y sin ruedas el tiempo, sólo frenos,
y junto a mí la ofrenda de tus senos.

Ambos nos hallaremos suspendidos
en un mundo ulterior a los sentidos,

mundo incorpóreo en el que todo es alma,
con la pasión aún viva, pero en calma.

Cómo hablarán los ojos a los ojos,
descorriendo los últimos cerrojos

de las zonas ocultas, nebulosas,
donde se marchitaron otras rosas.

Ahora descolgaremos las cortinas,
y llegará la luz a las esquinas,

mostrando los más íntimos objetos,
en claridad total, y sin secretos.

Así me abrazarás, así te espero,
así me has de querer, así te quiero.

Los Ángeles, 27 de diciembre de 1998

Álvarez Hidalgo, Francisco

Subir