Álvarez Hidalgo, Francisco
España
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Deshójame las rosas

Ay, como poco a poco mi piel se va muriendo,
desangrada de tactos, como la arena, seca;
se contrae mi sonrisa, furtiva, prorrumpiendo
en seriedad austera, o en esforzada mueca.

Cómo el tiempo, la espera, casi nos enloquece,
encadenando el ansia que clama su estallido;
cómo cada mañana la congoja aparece
sobre el lecho, hoy vacío, que arropó tu gemido.

Ni la palabra hablada, ni la expresión escrita,
rebasan la barrera de incertidumbre y miedos;
sólo somos completos cuando el amor se agita
bajo la magia viva que reside en los dedos.

Cómo añoro el milagro, la fuerza de esa magia
que te adhiere a mi cuerpo trasvasándote entera,
y me eleva y me inunda, me ciñe y me contagia
con solidez de roca, con suavidad de cera.

Y llegará el momento, ha de llegar de nuevo,
cerrando los balcones al destello del día,
precintando las puertas al mundo en que me muevo,
y mi universo todo será tu compañía.

Y esta exhausta sonrisa y esta piel agostada
sin el tacto remoto, renacerán frondosas,
y cálidos desnudos en viva llamarada
de nueva primavera, deshojarán las rosas.

Los Angeles, 28 de julio de 2002

Álvarez Hidalgo, Francisco

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