Goytisolo, José Agustín
España
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Desde ahora y sin nostalgia una vez más

Han pasado años desde que escribí los poemas de este libro. No son muchos años, pero aquel tiempo me parece ahora lejanísimo, casi como si en vez de haberlo vivido, alguien, mayor que yo, me hubiese contado lo que ocurrió entonces. Es posible que esto revele una defensa del subconsciente ante situaciones antiguas que hieren o molestan. Siempre he creído que cualquier tiempo pasado fue peor, pero, cuando sin yo quererlo, se rasga o desvanece un poco la borrosa neblina en la que he conseguido encerrar los años cuarenta y parte de los cincuenta, y salta algún recuerdo o me veo metido en mi vieja gabardina paseando por los barrios de Barcelona o de Madrid, me convenzo rápidamente de que mi adolescencia, más que peor, fue pésima. Y estoy seguro de que a muchos de mis compañeros de pensiones y residencias de estudiantes les ocurre algo parecido.

Todo era oscuro y difícil, desde besar a una muchacha o comer caliente, hasta conseguir un libro de Vallejo o expresarse en la calle y en las aulas con cierta normalidad. Realmente parecía que la historia hubiese dado un extraño giro, y viviésemos todos a salto de mata, como en una enorme y esperpéntica Casa de la Troya, pero con cartilla de racionamiento, cigarrillos Tritón y olor a permanganato.

El mundo del trabajo y la vida estudiantil flotaban entre brumas grisáceas y se encontraban a veces fugazmente en los cines de barriada, entre cáscaras de pípas de girasol y piojo verde. Solamente la burguesía mostraba su raro y fulgurante esplendor, en medio de la apatía general. Me obsesionaba esa burguesía, como verá quien lea estos poemas.

Por entonces hacía ya algún tiempo desde que había terminado la insensata aventura del nazismo y del fascismo hermanados. Pero se vivía en un mundo ralentizado, ya que la llamada Guerra Fría produjo un cansino desarrollo cívico a escala mundial. En fin...

Sobre éstas y otras cuestiones más concretas debía andar yo pensando al escribir estos poemas. Los releo ahora, y como ciudadano me entristece pensar que han envejecido poco, que aún resultan en cierto modo comprensibles en la realidad de 1979. Sí, muchas cosas han cambiado, pero no con tanta rapidez como yo ingenuamente imaginaba y deseaba. ¡Oh, santo Job, qué lección la tuya para los impacientes!

No intenté convertirme en moralista, ni fui tan estúpido como para pensar que únicamente escribiendo se podía modificar el mundo. Me limité a fabular sobre lo que veía, con amargura que a veces quise ocultar detrás de un tono desenfadado y satírico, igual que aún hago ahora. Eso fue todo.


1980

Goytisolo, José Agustín

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