Vaca Narvaja, Gustavo Adolfo
Argentina
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Danza

Danza locura, sin sensatez alguna. Total, eres la proscripta
turbulencia codiciada. ¡Huid del presagio!
¡Dejad la sombra desnuda! ¡Clandestinas voces! ¡Encended
pensamientos ajenos! Puesto que un aerolito abofeteará
los bronces y cristales, y el escultor que cinceló la greda hoy
arremeterá cobrando vidas, ¡vociferen gemidos y jadeos antes
que el mutismo proteste en el piélago seco! El cazador, lo supe,
se embelesa de estrellas que oscilan refulgentes, mestizas, luminosas
y agitadas, que entregan sus cinturas de nubes y
caderas de copas, burlando adrede el pudor del acartonado e
inmutable frío del patronato del asombro. Ese es -no tengas
dudas- el acerado espíritu marmóreo que reclama, esfumado
en brumas, por estar atrapado en gráciles y arrogantes figuras,
mordiendo reminiscencias que retuercen sus cuerpos bajo la
túnica de sensualidad encumbrada.

Vaca Narvaja, Gustavo Adolfo

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