Vaca Narvaja, Gustavo Adolfo
Argentina
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Cataratas del Iguazú

y las lágrimas de Eva ahogaron el Edén; aquel rayo filoso
abrió una brecha en la tierra, tras ella escaparon las
aguas hacia filosas laderas brotando cataratas, y tú,
cuando transites aéreas sendas flotantes, sobre cascadas correntosas
de aguas marrones, atravesando espacios acuosos,
concebirás en la piel la humedad que tornará tu cuerpo de brillante
albor, reflejada en la nada, capaz de cautivar mariposas
multicolores posadas tal vez en tu cuerpo o en tu mano, extendida
inconscientemente. Ellas revolotean mansas antes de
posarse, zarandeando sus antenas gozosas de alegría; son miles
de pensamientos alados, buscando su dueño, y allí abajo, a
trescientos metros en la cicatriz del hacha, donde nacen muros
de acantilados, florecen la disputa brava de aguas derrumbadas,
emergiendo la efervescencia de espumas blancas
conjugadas en arco iris, eternamente activas de luz, desafiante
del arco perfecto, adormiladas en noches cálidas de lunas mimadas
en serenos amaneceres cantados y en alboradas
naranjas-rojas, lisonjeados de coros sagaces de aves vistosas y
mágicas, tan antiguas como el tiempo mismo; tan ostentosamente
solemnes y prudentes, como su danza o su coro; tan
bella, como la vida misma. Tan exuberante e inmodesta, estará
a tu alcance y habrás visto esa maravilla: Cataratas del Iguazú,
nacidas en la eternidad, cuando la creación disputaba sus bellezas
y cuando los continentes se partían entre océanos, y
cuando la naturaleza transpiraba vida. Aún así, los continentes
se divorciaban de océanos, y las lágrimas de Eva ahogaron el
Edén. Aquel rayo incisivo abrió una brecha en la tierra; tras
ella, escaparon hacia filosas laderas brotando las cataratas.
Ellas quedaron arrinconadas en el olvido, hasta que un audaz
y bizarro explorador ciego, orientado más por la música de sus
aguas que por la negada visión aérea, las mostró al mundo y
ella…. agradeció con hechizos.

Vaca Narvaja, Gustavo Adolfo

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