Cabral, Manuel del
República Dominicana
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AIRE DE CARNE

Bruto como el relámpago y el árbol,
yo no comprendo nada todavía. Sólo traigo
algo de la caída de la lluvia, porque siempre
hasta el llanto me viste de agua boba las manos.
Es que desde muy niño
se me quedó en el cuerpo tanto cielo,.
tanto la cosa libre,
que me pregunto a veces si he crecido en el hombre,
porque en mi propia casa nadie entiende
porqué me pongo a ratos a hablar solo,
yo que no tengo edad para esas cosas...
Pero comprendo que algo me reparte;
esto lo sabe el buey madrugador que hamaca
en su hilo de baba sagrada a la mañana.
A veces me parece que me están expatriando
mis propias explicaciones...
Es que quiero decir
que yo nací en un pueblo, junto a dos campanarios
y a tres cuadras del río. Pero ésto...
¿qué quiere ésto decir?
Yo simplemente enumero,
no canto, no explico.
Es que ahora
le tengo tanto miedo a la palabra,
le temo tanto al sueño que se quiere vestir...
dudo que si le pongo lo medido, lo justo,
se me quede en el sueño...
No..No quiero hablar de cosas que me rodean.
La letra y el sonido son pequeños sirvientes...
¿Qué puede hacer aquello que en lo mudo se oye;
qué puede hacer si siempre
se nos muere en la sílaba?
Lo que yo puedo ahora
es sentarme en la piedra, y en un silencio
parecido a los ojos donde no duerme el grito.
Mi pobre grasa, mi pobre cuerpo
se mantiene de físico.., pero a su lado yo..
le preparo mi insomnio,
lo educo en el desvelo,
en mi seguro y puro sacrificio...

Cabral, Manuel del

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