Nava Álvarez, Gaspar María de
España
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A la muerte de su dama

Si después de la muerte, todavía
se encuentran nuestras voces dolorosas
y bajo las heladas duras losas
abrasa al pecho el fuego que solía,


prosiga el eco de la angustia mía;
y las verdes colinas que, envidiosas,
dividen nuestras tumbas silenciosas
lo aumenten y repitan a porfía;


para que sea el punto conducido
a Leyla en alas del piadoso viento
hiriendo con amor su tierno oído.


Así tendré al morir ese contento,
que aunque me halle ya a polvo reducido,
se goce Leyla con mi triste aliento.

Nava Álvarez, Gaspar María de

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