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G. FAGUNDO, ABEL
Cuba
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EN EL BOSQUE FRANCÉS DE LA CALLE MEDIO

Mi querido Duprey, quizás yo sienta un poco de temor,
pero no me alcanza el falo para orinarle el rostro a los soldados.
Tú eras de un pene más clásico, más francés,
no es lo mismo
orinar contra monumentos de soldados en el primer mundo,
tu pene se curva y florece sin el temor de parecer endeble.
No hay monumentos ígneos en Matanzas Jean Pierre,
la gente aprende bien temprano en esta tierra
que es peligroso el fuego,
incluso hasta la insinuación del fuego.

Claro que podemos caminar
cogidos de la mano sin cogernos,
dos hombres con los dedos cruzados
en algo aparentan el cuero del tambor,
al chivo que ha quedado en la memoria de los cuchillos.
Caminemos, Ir por la calle marcando a los suicidas,
sin decirles nada, déjalos en la arrogancia, vivos…
También aquí la muerte es real,
colorea, simula,
y nosotros como en París
le ponemos de cascabel la historia.

Es feliz esta gente,
los comprendo, aunque no los comprendes tú,
come sin ceremonias, cuando come,
bebe bajo los árboles,
hace el amor sin prisa ni pudor,
se divierte y canta.
Mira esta calle, o mejor, cierra los ojos, escucha,
dánzala si es que pueden tus huesos lentos.
Es el ritmo de la supervivencia,
la civilización y su orquesta mestiza,
en esto Duprey, la ciudad se parece a tu ciudad,
todos somos aquí refugiados de la suerte.

Quizás Jean Pierre, tu idioma florecido
consiga recostarse en la bahía matancera, navegarla,
no temas al dolor,
es el mar que en todas partes quiere vivir sus puertos,
la sal que todo lo corrompe,
secándonos el corazón día tras día.

G. FAGUNDO, ABEL

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