La mañana del búho es nuestra noche.
Lo que prendió -de tanto vuelo al filo
de estrellas, altas torres- tiembla en vilo
hasta que llegue el sol y las desmoche.
Siempre es niña la luz. Nada le cuadra
de cuanto un viejo dice: y estos versos
son la noche del búho y el reverso
del sol, y el perro que a la luna ladra.
Con los años se aprende alguna maña
-otros la llamarán sabiduría-
pero de nada sirven hoy que siento
a mi espalda, cortándome el aliento,
estos muertos que siempre me acompañan:
soles de invierno tras la noche fría.