Construcción de la palabra

Fuente: http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2014/09/25/arteyletras/ARTE-03.html

Melisa Ferraris, como toda poeta, en verdad no concede a su favor sino a favor de la poesía la primera parte De lo que estoy hecha, si intimista nunca autocompasiva, si sensible nunca proclive al sentimentalismo.

Conduce su pulso como quien talla sobre lo duro: "Un perro lame mis heridas / se morirá con mi veneno. // Hoy duele la esperanza".
El veneno de Melisa se transmuta en breves poemas, condensación que puede inducir a un error, no es quebradiza ni débil la voz que los engendra: "Nos agotamos de tanto amar / la tarde fue vaciándonos el alma".
Duele la esperanza como un órgano extirpado, el pasado sopla sobre el hoy como borrándolo, pero no hay un hueco, hay palabras en su original sonido, verbo que construye. El pasado en este caso no surge para extraer historias, lo hace para constatar su constitución, su integridad, un resultado que a la vista salta: sangra poesía. Ni siquiera el olvido deja de expresar, es el aquí desde donde cimienta: "Los frascos herméticos / donde el olvido duerme / se opacan.
Y al fin, las cosas están hechas de viento...".
La segunda parte, el artilugio de la sombra, devela su profundo vínculo con lo natural. No se trata de un decorado o un barniz, se siente una con-vivencia con ese mundo, esa aldea hecha de pocas casas y muchos árboles que Melisa transforma en una construida de sonidos.
El tono elegíaco no cede a lo patético, el hecho estético conduce a un punto en el cual lo que sobresale es el poema, por encima de las circunstancias.
La sombra huele, tiene color, se pasea desnuda. El poema también.
Pájaros, árboles, sol, Melisa vive en un pequeño pueblo, aldea sería la palabra adecuada, nos la trae y nos interna en ella, entonces: "Aquellos ojos / aún florecen / en medio del viento".
Una hamaca que se mece sola, sobre el zinc golpea la lluvia que lava las hojas de los sauces, el viento sopla como en una danza... el artilugio consiste en habernos transportado a través de su poesía.
Por Roberto Daniel Malatesta