Fuente: lavozdegalicia.es

Paula Hernández Liebo ya había ganado con 14 años el premio Pepa Cantarero

María Jesús Fuente

Tiene dieciséis años, pero su obra demuestra una madurez literaria nada habitual en una estudiante de primero de bachillerato.

Viguesa de nacimiento, Paula Hernández Líebo estrena la colección Promesas de Éxito lanzada por Finis Terrae Ediciones.

Haciendo caso omiso del difícil momento actual, la editorial ha decidido comprometerse con la promoción de autores noveles con talento y abrir esta nueva línea en las categorías de poesía y relato.

Aunque la primera obra tiene carácter monográfico y se dedica únicamente a la escritora viguesa, la idea de la editorial es lanzar un libro cada mes en el que se recoja el trabajo de varios autores de relato corto y poesía.

Toma de contacto es el título aportado a este ambicioso proyecto por la joven Paula Hernández Líebo, quien «con nueve años, un día de lluvia que estaba aburrida, decidió hacer lo que hacen todas las niñas del mundo cuando se aburren en un día de lluvia; escribir una poesía», tal como recoge la editorial. Ahora, destaca Finis Terrae, «ya no es tan niña y sus versos van con ella encerrados en un sobre, amontonados en su inseparable libreta, dejando en ellos de sí, lo que otros no encontramos».

En la introducción de Toma de contacto la autora explica sus primeros diálogos con la poesía. «Son montones de versos apilados, escritos desde la infancia y sin una razón determinada». No trata de explicar nada en concreto ni siguen ningún tipo de parámetro, «simplemente es un brote de sentimientos que de esta manera descubrí expresar».

Es su primera toma de contacto con la poesía, pero, con toda probabilidad, no la última, a juzgar por la inspiración de su infancia y adolescencia para la que da la impresión que no le han faltado estímulos. «Espero que desde aquí pueda desarrollar y potenciar mucho más este camino. o bien que me haga de guía para encontrar otros». Sin un ápice de vanidad confiesa: «No sé si estos poemas servirán o gustarán a aquellos pocos que los lean, pero sí sé que representan mi infancia y están escritos por una mano indecisa, sin un destino conocido».

En la biografía que acompaña a su primer libro de poemas Paula Hernández tuvo la tentación de ocultar su nombre tras un seudónimo, lo que, en su opinión, le permitiría no exponerse del todo. Sin embargo, no necesitó mucha reflexión hasta concluir que hay que meterse de lleno en la piscina. «Nunca entendí a la gente que simplemente moja los pies para aliviar el calor; lo mejor es meterse poco a poco, pero meterse». De esa forma, dice, si los resultados no son los deseados, por lo menos tiene la satisfacción de haber hecho todo lo posible. Claro que, de eso, a abrir su alma al público para presentar el libro, todavía dista un abismo de timidez que, en principio, no está dispuesta a traspasar. Y eso que no es la primera vez que su poesía ve la luz. En el 2010, con apenas catorce años, ganó el premio Pepa Cantarero en la modalidad infantil con el Poder del tiempo.

Sus pretensiones pasan, de momento, por plasmar en el papel todo cuanto surja en su mente. Es lo que ha hecho hasta ahora. Eso, y apilar, por suerte, los versos.

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