Fuente: http://www.elmundo.es/cultura/2017/01/18/587f43a522601dda598b457d.html


Obra esquiva y distante que, como el agua, se escapa de los dedos; de riquísima retórica, hecha de figuras que saltan como conejos; de semántica extraña y surreal; puerta abierta a no se sabe bien qué. Esos fueron algunos de los calificativos, más aproximaciones que definiciones, que aplicaron al último libro del poeta Juan Carlos Marset -Días que serán (Tusquets)- sus dos presentadores, el filósofo Félix Duque y el músico Luis de Pablo, en un reciente acto en la Casa del Lector.

Libro hermético ("yo escribo para que Félix Duque me explique lo que hago", dijo el poeta) y abierto (a numerosas interpretaciones) a la vez; que, como dijo Félix Duque, busca un lector que se lo merezca. Ese lector, si viene siguiendo la obra de Marset, se sentirá en terreno conocido. Quien conozca, por ejemplo, su largo poema Laberinto, no se sorprenderá por su gusto por jugar con las palabras con aliteraciones y retruécanos, o por la reflexión sobre el tiempo que, desde el título, contiene su nuevo libro.Lo dijo Félix Duque: ese título implica un homenaje a Heidegger, al reunir el tiempo (días) y el ser, el ser a secas, ya que sabemos que serán, pero no se dice qué serán esos días. Porque Marset es de esos poetas, no muy numerosos en España, que gustan de dialogar con otras disciplinas, como la filosofía o las artes; no en vano es profesor de Estética y Teoría de las Artes, ha sido director del INAEM y dirige desde hace años la revista Sibila, de arte, música y literatura. A tono con ese currículum, Días que vendrán contiene un largo poema dedicado al escultor Juan Muñoz.Desde un punto de vista formal, y como también destacó Félix Duque, el poemario "es una orgía de heptasílabos y pentasílabos", rico en paronomasias, aliteraciones, encabalgamientos, anáforas. "Es una gozada para el filólogo", dijo Duque de un libro que "tiene que ver todo con el tiempo y nada que ver con el pasado, el presente y el futuro", dividido en tres grandes bloques, cuyos títulos (Lo que pasó, Partida parte, Está por ver), a fuer de indefinidos, son una fuente de polisemia..
Días que serán es "una enorme aventura", según Luis de Pablo, que definió a su autor como "un mago con sus ribetes de perverso". "Toda su poesía es absolutamente infinita de significados", añadió el músico, para quien Marset debería estar en la Real Academia y, a la vez, ser vetado por esa institución "por el juego infinito que se trae con la lengua". En sus poemas, "todo significa infinidad de cosas, lo que lo emparenta con la música, que no tiene un significado directo, traducible a palabras", añadió, aludiendo a uno de sus conocidos postulados sobre la música.De Pablo hizo una advertencia al posible lector del poemario: "si lo lee con prisas, pobre de él; hay que jugar con el autor a su juego, que es muy serio". De ese modo, "el lector se puede acostumbrar a vivir en la inseguridad; en ese sentido, resulta una lectura fascinante". Y como en la escucha musical, "lo único seguro es lo escrito, el intérprete sacará sus propias conclusiones".
ÁNGEL VIVAS

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