Fuente: http://letralia.com/ciudad-letralia/muesca/2016/04/06/sombras-sobre-pestanas/

Viejo por ausencias. Huelga parir. Pobre asesinato del despido. Los fugitivos se benefician en los retretes. La partera fue primero criada de nosotros en el padecer. La leche se va vertiendo hasta que le llega la extrañeza. El nombre se hace acumulación dentro del creyente. Basta con escribir “iceberg” y ya se siente frío. No hay sucesos y la candidez me pasma.

La pulcritud le va a las exequias, no al traductor. La injuria depende de los falsos títulos y de las manchas que se fatigan. Dulzarrón y me afecta en mi sintaxis. La imagen de mi campo y me doy de baja en la forma plena. En vano le hago la cama; en vano le seco el sudor. Agua en la corta distancia y la voz se la lleva el diablo en la boca que se activa. Mañana llega el alpiste y el canario canta y no se agita y, sin embargo, perturba la velocidad del ruido. Al alba se irrita a quien le desbaratan la costumbre. En un hilo, la aguja y su sardina y en la cabeza se pierde la brújula, su resistencia que pondera. La estatua parió su dinero y luego se colgaron los loros de las cajas hechas trampas. Usted y su inmunidad; la lombriz poco locuaz; el mamut en cuarentena; el reloj en el éxtasis del jazz; zigzag del santurrón con aliento de falsa eficacia; abril que atrae a los sonámbulos; el eructo que produce un transporte hacia la mediación de un esbozo grandísono.
Llámame a la puerta e invierte el cuento que no se corresponde con nosotros. Por alguna parte, la belleza con el pañuelo de tinta. Me molesto al caminar: si anduviese en bicicleta, las impertinencias serían las de un dios. En el columpio, encontramos las vacaciones de las insistentes fincas y de los mundos infieles. Trabajamos con el caldo y en el otro plano, las culpas acompañan a la bufanda. Por las estrellas propias, el ignorante se persuade del intento que defiende su vida. Contra un pariente, la categoría de la mentira. Recobramos la enfermedad y la culpa de la calumnia. Severo para un lance: lluvia con la suerte de la muchedumbre. Vacila entre la palabra y el robo de la fe. En algo, el empleo del gancho y la única línea en el apodo del ingenio. Vagamos por el mundo, zurdos, de piedras y esperanzas contra las mesas: al final, tres asignaturas para la miseria de la educación. El temor se menciona, se contrae y en la sala una tormenta se abate con escombros. Hacia aquí, un aprieto; hacia allá, un racimo por los aires. El hombre se traba a la manera del tiempo, a la norma de la criada venganza. La ciudad, en sí, obligada hacia la proporción de su sustancia. Desde la familia, la limosna y su paz: el tamaño del agua como interés que se zafa.
Wilfredo Carrizales

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