Construir la especie. Por Jorge Guebely

Fuente: lanacion.com

Loable labor de Oliver Lis al rescatar la poesía de Ángel Sierra Basto. Poeta huilense quien esta semana habría cumplido noventa años. Iconoclasta de corazón. Simpatizante de la generación beat norteamericana y el espíritu francés del mayo 68. Cofundador de los Papelípolas, movimiento literario de puertas abiertas a la modernidad, antibiótico del arraigado espíritu colonial en la región.

 

Convirtió la política en chiste. Descendió con facilidad del conservatismo al liberalismo. Gracias a una broma, fungió como concejal de Neiva en nombre de la Anapo y, por una broma, formó un escándalo a través de una invitación furtiva a Tirofijo para oírlo en sesión populista del Concejo. El conocimiento académico le pareció más serio. Asesorando al Dr. Plazas Alcid, contribuyó con la fundación de colegios nocturnos, antesala de nuestra educación pública universitaria.

Su grandeza reside en la poesía. Evolucionó del lenguaje modernista al experimental. Llamó a los ‘Veinte poemas de amor’ de Neruda: ‘preciosa poemada’.  A Darío le pidió ‘drúicos dísticos: ditirambos’. Al amor adúltero lo nombró como ‘estilizados éxtasis’ o ‘Infieles instantes’. Pasaba del verso profundo a lo Baudelaire al corrosivo chascarrillo para ridiculizar algunas máscaras.

Sus mejores versos visitan los recovecos del alma: ‘…yo fabrico castillos luminosos’ o  ‘mi empresa está en mis sueños y en mi alucinación’. Su poesía mística sobrevivirá al tiempo. Mística pagana, despojada de iglesias, emparentada con la de los poetas modernos. Gestada por la conciencia devoradora de vivir anquilosado en un desierto, atrapado en la pavorosa soledad: ‘Insular y vacío. Perdido y perturbado / tremendamente solo de gracia o de virtud. / Voy ciego y sin el tacto…’. Demoledora nostalgia de un paraíso perdido: ‘Yo vivía en un palacio de la Arabia lejana’, donde ‘…me hablaban de Mahoma, de Cristo y de Abraham’. Aspiraba al Nirvana, a las alturas humanas, transitando caminos armoniosos. Sin embargo, sólo descendía al ‘nadir’. Tragedia esencial del existente pensante, del espíritu distinto. Sed voraz de altura tan sólo para revolcarse en el fango. Su poesía palpita como alternativa para una sociedad que sólo se atraganta de mentiras.

Así, resulta loable rescatar la percepción de vida filtrada en su poesía, función propia del poema y del arte. Antídoto de la cultura capitalista y política: aglomeración de mordiscos y emboscadas, de trampas y disfraces, de triunfadores y desechables, de agonías y muertes. Correctivo para retornar al territorio del ser humano, para hacer visible el pensamiento de Ibsen: ‘Grande o pequeño, todo hombre es poeta si sabe ver el ideal’. Para construir la especie, no para devorarla.