El poeta holandés Nooteboom, en la Feria del libro de Bogotá

Fuente: el tiempo.es

Hace 10 años apareció publicado en España, así pudo ser, un pequeño volumen que comprendía toda la poesía de Cees Nooteboom traducida al español hasta entonces. Eran poco más de 40 poemas, pero suficientes para esperar con impaciencia que Fernando García de la Banda, el traductor, prosiguiera su trabajo. Ello por la importancia de la poesía de Nooteboom y por el trabajo de orfebre del traductor.

 

Los libros son embarcaciones para navegar las aguas del tiempo. La travesía de Luz por todas partes empezó la noche en que le propuse al autor holandés la posibilidad de publicar en la editorial de la Casa Silva una antología completa de su poesía. Aceptó sin vacilación. La inmensa mayoría de los poemas fue traducida para esta edición, que pronto será
reproducida en España y en México.

Dos años tomó traducir ‘Luz por todas partes’. Cuando el libro debía estar en la imprenta, seguías corrigiendo la traducción de algunos poemas. ¿Cómo sientes tu poesía en español?

Hay una coincidencia extraña, pues en este último año se han realizado traducciones de mi obra al alemán, al inglés y al español. Encuentro más cercanas las traducciones en español que en inglés, a pesar de que el traductor al inglés ha hecho también un maravilloso trabajo. Pero yo he vivido una gran parte de mi vida en España y acostumbro leer mucha poesía en español. De ahí que me suene más familiar, más cercano el español.

Creo que Fernando García de la Banda es un excelente traductor, porque mi poesía no es fácil de traducir. Hay figuras que no tienen equivalentes en otros idiomas. Algo interesante es que yo no lo conozco. No trabajamos juntos. Él vive en Granada, me envía las traducciones y yo mis anotaciones.

 

García de la Banda en la traducción hecha para la Casa Silva conserva los giros característicos que tiene tu poesía en neerlandés...

 

Bueno, lo que pasa es que para las palabras hay siempre otras palabras en otro idioma. Pero cuando hago algo por primera vez que en holandés resulta raro, los traductores sienten cierto temor, y piensan que no será posible traducirlo. Entonces les explico que eso que he escrito en holandés tampoco es gramatical. T. S. Eliot dijo una vez: “A veces, cuando he escrito poemas, no los comprendo”. Y eso es posible. Pero un traductor me dice: “Yo no comprendo lo que quiere decir”. Entonces le digo: “No se preocupe, yo tampoco” (risas). Y lo extraño con esa clase de poesía a la que se refería Eliot es que antes de preguntarte nada, tú ya has aceptado el poema como tal. Es posible aceptar cosas que uno no comprende, porque lo que genera un poema expresa un sentimiento y una impresión. Por eso siempre digo: “Tienes que dejar que el poema venga a ti, déjate conquistar por el poema”. Y luego alguien viene y pregunta: “¿Qué significa el poema?”. Y yo le digo, “Bueno, la verdad es que no lo sé muy bien, pero noto que siento que sé lo que significa”.

Algunos poetas son muy comprensibles. Por ejemplo, Neruda es muy claro. Yo traduje su Oda a la tipografía. Con mi traducción publicaron un pequeño libro en Holanda. Fue un placer traducirlo, porque es completamente claro. Un poco menos claras son sus odas a Stalin (risas).

 

Eliot, en un ensayo sobre Dante, dijo que “la poesía genuina puede comunicar antes de ser entendida”.

 

Claro, tú no la entiendes racional y lógicamente, pero la entiendes de todos modos. Sientes el clima del poema. También Vallejo, de vez en cuando, es un poeta muy complicado.

 

Uno de los poemas difíciles de traducir fue ‘Trixy’…

 

Ese fue un problema. Fernando García me comentó que la última línea no era fácil de traducir. ‘Trixy’ es un pequeño perro chino al que encuentro en los primeros tres meses del año, que suelo pasar en una gigantesca casa solitaria de campo de unos amigos en el sur de Alemania. Al otro lado vive la gente que cuida la casa y las cabras. Ellos tienen ese perro pequeño, que siempre viene a saludarme y cuando hay luna llena ladra mucho. La última línea en holandés, dice literalmente ‘Trixy’ “ladra a una sombra de blanco”. Era necesario encontrar un matiz que correspondiera al original. La versión final es “Trixy ladra a una sombra de lo blanco”.

 

Alguna vez me dijiste que la parte central de tu obra está en la poesía y que el resto es, de alguna forma, una extensión...

 

Creo que lo que hago cuando escribo novelas no lo habría hecho de esa manera sin la poesía. Yo aprendo mucho de la poesía. La poesía –y esto tiene que ver con lo que no es comprensible de manera lógica– se aventura en el territorio de las palabras, va muy lejos y descubre cosas que puedes hacer. La prosa no. La prosa solo hace eso cuando la poesía ya ha estado ahí. La poesía inventa cosas y viaja más allá, a territorios desconocidos de palabras y de posibilidades del lenguaje.

El manejo de la poesía te ayuda a escribir prosa. Ello sin que se convierta en prosa poética. La prosa poética para mí es horrible, pero una prosa que sabe lo que se puede hacer con las palabras, porque revela que uno ha leído mucha poesía, es otra cosa.

 

Otra cosa es un poema en prosa. Buena parte de ‘Autorretrato de otro’ está en la antología publicada por la Casa Silva.

Esos poemas hacen parte de un libro que hice con un pintor alemán muy famoso, Max Neumann, quien me envió 33 dibujos suyos que son muy raros. Yo los puse todos en mi casa en España, y después escribí cosas que salían del clima de estas pinturas. Sin embargo, él y yo habíamos hecho un pacto: él nunca ilustraría mis poemas, y yo nunca describiría sus pinturas. Por lo tanto, yo me inspiré en sus pinturas, y por eso, en ese sentido, ese libro es un autorretrato de otro. Porque el resultado, luego de ver las pinturas, es lo que yo percibía de ellas, pero también son sus dibujos.

Siruela acaba de publicar tus ‘Cartas a Poseidón’…

Ese es un libro de todos los países, incluso de Colombia. Ahí están los delfines rosados que vi en Leticia. El libro lleva fotografías de mi esposa, Simone Sassen. En Múnich, luego de haber terminado uno de mis libros, compré un libro de Sándor Márai, con textos cortos. Entonces, se me ocurrió que podría estructurar un libro de este tipo. Todavía era febrero, pero justamente ese día parecía primaveral. Entonces, me senté feliz en una terraza, acompañado de una copa de champaña, porque ya tenía la idea de un nuevo libro.

Luego, caminando, me encontré con el aviso de un restaurante que se llama Poseidón, y de inmediato pensé que era una señal del cielo, y entonces resolví que le escribiría cartas a ese dios inmortal.

Parte del libro son 23 cartas directas, en las que lo cuestiono, y le planteo temas como: “Tú eres un dios inmortal y nosotros somos mortales. ¿Qué es peor o mejor? ¿Sientes celos de nosotros, que podemos morir, algo que ustedes no pueden, o viceversa”. Todo ese tipo de planteamientos que uno tiene desde la juventud. La otra parte del libro son textos sobre cómo veo lo que acontece en el mundo.

¿Qué idea de este mundo habrá podido formarse Poseidón según tus cartas?

No lo sé. No me ha contestado ninguna.

* Director de la Casa de Poesía Silva

¿Dónde y Cuándo?

Nooteboom estará mañana presentando su antología poética, a las 7 p.m., en el auditorio José Asunción Silva.

‘El motor del mundo sigue siendo el deseo’

“De subir los peldaños rotos de una escalera, de cimentar el presente en las torres efímeras y cambiantes del pasado,
de esquivar los cielos prometidos, de la búsqueda de un lenguaje, de transcribirlo, falsearlo, reinventarlo, de ser otros, de ser él también la sombra de otra voz”, dice en La sonata del peregrino Alfonso Carvajal, una inmersión en el intrincado mundo de las pasiones humanas.

¿‘La sonata...’ merodea lo autobiográfico?

Toda novela tiene algo autobiográfico. La ficción parte de la realidad para crear otras realidades. Creo que el autor no debe temer a ser protagonista de la ficción, no en términos testimoniales, sino enriqueciendo la invención dramática. Es una de las libertades que nutre la literatura.

¿El erotismo sigue siendo la constante en su obra?

El erotismo es el deseo consumado, pero el verdadero motor del mundo sigue siendo el deseo, como antesala de una revelación. Sándor Márai dice que sin deseo, el ser humano está casi muerto.

La historia sucede en “el país de la memoria calcinada”...

Vivimos en él. Es un país donde la historia oficial y la ilegal dicen muchas mentiras y cometen crueles injusticias, y la memoria y la palabra no tienen valor; un país condenado a repetir sus fracasos.

¿Cómo definiría al señor P, el protagonista?

Es un extraviado de sí mismo, que busca en la literatura una redención inútil y él lo sabe. Busca en el lenguaje un lugar propio en el mundo. Y es un ser paradójico, que siente el amor como ilusión y el sexo como polo a tierra.

Es un libro fragmentado, polifónico...

La fragmentación es herencia del cine. Y la polifonía de la música antigua, en la que voces simultáneas y caóticas expresan una armonía. Escogí un narrador omnisciente, sutil y en ocasiones agresivo, que permite el juego con otras voces en primera persona, diálogos directos y monólogo interior. Es organizar el caos en una partitura literaria.

Hoy, en la Feria

Conversatorio de la revista ‘Carrusel’ ‘Gabo tiene quien le escriba’, con su hermana Aída, Plinio Apuleyo Mendoza y
Gustavo Castro C. 7 p.m., auditorio José Asunción Silva.

Presentación de las traducciones al portugués de Álvaro Mutis y José E. Rivera. 6 p.m., sala Porfirio Barba Jacob.
Gonçalo M. Tavares, autor portugués, presenta ‘Historias falsas’, a las 5:30, en el pabellón de Portugal.

Había una vez en Barranquilla
Ramón Illán Bacca

Una mirada al acontecer cultural de la Barranquilla, en la década del 80, y la recuperación de algunos hechos memorables es lo que logra Ramón Illán Bacca, en esta selección de columnas publicadas por un grupo de intelectuales en los medios de esa ciudad.