Poesía escogida

Fuente: Huelvainformacion

I DILIOS es ahora otra radiante novedad en la inagotable bibliografía de Juan Ramón Jiménez. Es un vibrante afluente de ese caudaloso río literario del Premio Nobel moguereño. Dejemos el eco de esa esplendorosa primicia para otro día. Hoy me ocupo de otras dos obras aparecidas en ese inagotable venero que nos deparó el prolífico trienio juanramoniano cuyas publicaciones no cesan y nos desgranan fragantes frutos del genio creativo del poeta, pertenecientes a la voluminosa colección de Visor Libros, auspiciada por la Diputación Provincial de Huelva y otras instituciones colaboradoras.

 

Tales ediciones nos permiten constatar una vez más la riqueza imaginativa y "el talento universal de la mirada incisiva que desmenuza los sentimientos y los amasa en el corazón de sus lectores", como escribe Ana Merino en la presentación de Poesía escogida I (1908-1912), que titula Juan Ramón Jiménez o la pureza creadora que nos redime.

Glosa la prologuista esos años jóvenes del autor, intensos e inquietantes, "si me muero tampoco me olvides./ En mi tumba pon flores./ Que el que de veras quiere bien sabe/ que son amores" Y es así como en sus versos primerizos "busca el amor y traza su íntima geografía de heridas en el corazón, de amargura, de amor, de celos y de sinsabores". Una conjugación de sentimientos que en su expresión "Canta y llora porque está en esa edad en la que el amor es dramático y puro, y se confunde con la vida al límite". Pero también querrá retornar a su tierra y reapropiarse de la esencia viva de Moguer: "¡Qué bien te conozco, arena de mi arena, carne mía,/ fibra mía, sangre, alma, cuna, rueda de mi vida!". Y pese a las crisis de ansiedad existencial es capaz de reinventarse la pasión.

Recuerdos nos lleva aún más atrás: a la infancia. Es un libro en prosa, donde, sin embargo, vibra el hálito poético del autor. En su prólogo, titulado Memoria del poeta y su doble, Esperanza Ortega menciona: "las huellas interminables de su camino por la tierra, para los lectores que quieran conocer la prehistoria del encuentro entre el hombre y el poeta". El inicio del texto es ya de por sí cautivadoramente revelador, "todo mezclado, sueño y verdad, aunque realmente, yo mismo no sabría, sobre el terreno de cada cosa, decidir que fue verdad y que fue sueño".

En Tiempo (Un párrafo), hay entre otras confesiones, revelaciones que sustancian la entrañable sinceridad de estos fragmentos: "Desde muy joven pensé en el luego llamado "monólogo interior", (nombre perfecto como el otro "realismo májico") aunque sin ese nombre todavía; y en toda mi obra hay muestras constantes de ello. (El Diario de un poeta está lleno de esos estados)".