Bonifaz Nuño fue un dique ante quienes creen en la vida moderna del materialismo

Fuente: cronica.com

Con poemas, música y recuerdos celebraron el genio poético de Rubén Bonifaz Nuño durante el homenaje que la UNAM, el Fondo de Cultura Económica (FCE) y Conaculta le rindieron ayer en la sala Nezahualcóyotl, donde las voces de los también poetas Eduardo Lizalde, Juan Gelman y Vicente Quirarte, entonaron 12 sonetos que honraron la memoria del patriarca de la poesía mexicana.

 

“Universitario excepcional, uno de los pilares de la humanidad, ser afable,  bondadoso, tolerante, elegante, inteligente y con un extraordinario sentido del humor”. Así lo definió José Narro Robles, rector de la UNAM en su discurso, para quien este “gran poeta y filólogo, enamorado de la belleza y del espíritu, supo que nuestra cultura requería, para trascender, del cultivo de sus raíces”.

Rubén Bonifaz Nuño, quien falleció el pasado 31 de enero, “fue un dique ante aquellos que consideran que la vida moderna depende de la racionalidad de los mercados y el éxito del culto a la acumulación de bienes materiales. Él reivindicó y promovió el valor de lo humano, de aquello que enriquece y enaltece a las personas, de lo que engrandece al ser humano aunque no tenga trascendencia comercial”, añadió.

EMOTIVO. Uno de los momentos más emotivos de este homenaje extemporáneo, que duró poco más de una hora, sucedió cuando Eduardo Lizalde leyó el poema que Bonifaz Nuño dedicó a la amiga amada en 1958.

“Amiga a la que amo: no envejezcas./Que se detenga el tiempo sin tocarte;/que no te quite el manto/de la perfecta juventud. Inmóvil/junto a tu cuerpo de muchacha dulce/quede, al hallarte, el tiempo”.

Y un segundo momento llegó cuando también Lizalde recordó aquel poema de 1956, compilado en Los demonios y los días que le habría gustado leer en su sepelio.

DESTINO.  Durante la velada también se dio lectura al discurso del titular de Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, quien destacó las obras de interpretación crítica, relativas a la cosmogonía del mundo prehispánico, desde sus estudios de la Coyolxauhqui, la Coatlicue, poesía náhuatl y de textos fundacionales como el Popol Vuh y el Chilam Balam.

Además de “la curiosidad intelectual de Bonifaz Nuño por las raíces de México nos ha ayudado a engrandecer y afinar la visión que los mexicanos tenemos de nosotros mismos”, dijo, aunado a que su pensamiento está más cerca de Lucrecio y Nezahualcóyotl de lo que parece.

El también poeta Marco Antonio Campos recordó que Bonifaz dudó de su destino poético hasta que Agustín Yáñez le escribió una página elogiando su trabajado. A partir de ese instante, la poesía fue “viento y luz, ola y espiga… fue para él una vía, quizá la principal, de conocimiento del mundo”.

Además, comparó los juegos de sílabas y los acentos de sus versos con la poesía de César Vallejo, Claudio Rodríguez y Juan Gelman, con quienes creó una musicalidad verbal ilógica y de vértigo.

El también investigador por la UNAM destacó su faceta que el tema de la mujer fue el sujeto y objetivo final de gran parte de su obra, y apuntó otros temas de sus versos, como: los desheredados de la tierra, la figura de Simón Bolívar, el sueño de la vida diaria en el México antiguo y sus desdichas personales.

Así mismo, René Avilés Fabila destacó su trabajo como poeta porque “pocas veces en la literatura en castellano alguien ha tomado por nosotros la voz y ha dicho con belleza extrema lo que queríamos decir”.

Y rememoró al Bonifaz Nuño tierno con sus amigos, como Henrique González Casanova, Ricardo Garibay y Fausto Vega, así como su coquetería con las mujeres y su tolerancia con los jóvenes.