Todos tenemos un vínculo con la poesía” - Honduras

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José Emilio Pacheco, el gran poeta mexicano, cuando recibió el Premio Cervantes, en el discurso de recepción, hablaba del poeta como el mendicante, el que no tenía un lugar asignado al comienzo de la literatura, y de algún modo esa condición periférica difícil se puede paliar, se puede resolver", dijo la poeta María Ángeles Pérez López.

Ella, en medio de árboles, viento y el canto de las aves en algún rincón de Tegucigalpa, habló de poesía, de la importancia de los certámenes que muchas veces algunos quieren minimizar, del hecho de que la poesía es la menos leída, pero a la vez la más cercana al hombre y su condición; y de esa gran fuerza de la literatura en América Latina. La poeta también expresó su enorme alegría de estar unos días en Honduras, apoyando como jurado la cuarta edición del Premio Iberoamericano de Poesía "Juegos Florales de Tegucigalpa", que, a su consideración, "es un premio joven ,pero que quiere apostar por libros muy valiosos con muchos países participantes, es un gran honor sentir un poco esa idea de que ese tejido se pueda hacer un poquito más denso y fuerte, y permita que otros escritores sientan que hay una cabida y lugar para ellos".¿Son realmente importantes los certámenes para propiciar las ediciones de libros?Sí, porque por una parte al poeta que se inicia le permite acceder efectivamente a la oportunidad de ser editado, de ser leído por otros autores, de empezar a poner en diálogo su obra con la de otras personas. Pero además no solo para el poeta joven o el que se inicia en el mundo de la edición, también en todos los órdenes se va adensando un tejido cultural, se va colaborando en que ese tejido cultural sea más importante, porque se va creando una tradición que puede ser cuestionada, reinventada, impugnada. Se va creando una tradición y un diálogo de unos autores con otros.

¿Cómo ve la poesía latinoamericana?La fuerza de la poesía escrita en español en América es enorme, tradiciones muy diversas, diálogo con grandísimos autores sobre todo en el siglo XX. Como española, como profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, puedo constatar que la fuerza y el dinamismo de la poesía escrita en español del lado de América es enorme, es prodigiosa, tiene tal cantidad de acentos, de matices, hay tal cantidad de registros distintos.España es un país de más de 40 millones de habitantes, pero solo México tiene más de 100 millones, y 350 millones de hablantes de esta lengua que compartimos están de este lado de América. Quizá los países latinoamericanos han tenido diálogo con muchas otras tradiciones que la poesía española no ha tenido, o no con tanta fuerza.La poesía latinoamericana tiene un fuerte carácter universal, pero todavía hay regiones que se han quedado en lo localista, ¿van estas regiones por un buen camino hacia lo universal?Tiene la posibilidad de llegar a lo universal.Decía Machado que lo universal y local se daban la mano en el sentido de que para ser verdaderamente universal hay que tocar la raíz. Esta es una cuestión de gusto, pero no creo que alguien pueda imaginar que puede comunicar algo a los demás en cualquier otro lugar y otro tiempo que sería lo universal, si no hubo verdad, si no hubo conexión profunda con su tiempo, sus circunstancias, su lugar, así que no serían contrarios, si no que tendrían que estar en diálogo. Como profesora y lectora hablo de poesía latinoamericana, son 19 países y vamos de México a Chile, y luego si vamos al ámbito iberoamericano incluimos a España y todavía es más amplio.Es difícil generalizar, y es verdad que hay zonas y áreas culturales con tradiciones menos fuertes, pero de todas maneras la posibilidad de lo universal claro que está ahí, completamente, hay grandísimos autores que nos lo recuerdan todo el tiempo, lo universal sería el presente vivo.¿De qué manera el autor puede plantear su identidad nacional por medio de la literatura?El autor puede ser que cuestione su identidad nacional, puede ser que se sienta desarraigado, que de algún modo su diálogo primero tenga que ver con esa verdad que lo rodea aunque sea para impugnarla, que diga que esa tradición no la considera adecuada.No se puede pensar en términos de lo humano que sería lo universal, si no está cerca el destino o la madre, o todos aquellos otros lenguajes en los que uno se ha estado relacionando y que no son necesariamente lenguajes del poema, como la infancia, la formación, las lecturas, y en eso entran los grandes autores.Aunque la poesía, como usted mencionó, es vista como la hermana pobre de la literatura, es quizá el género literario con el que más podríamos identificarnos, ¿o usted cómo la considera?Es seguro que todo el mundo de un modo u otro encuentra palabras con las que se vincula estrechamente, puede ser una nana que le recuerda a su madre, puede ser un rezo, una oración, una canción, un grafiti que vio en un muro, un verso de un poeta, una declaración de amor que fue hermosa. De un modo central todos tenemos ese vínculo grande con la poesía; a lo mejor nos preocupa esa cuestión de la poesía en cuanto que la vemos separada de nosotros, necesitamos tantas mediaciones, se convierte en algo de un complejo acceso, pero en esas formas básicas que nos acompañan a todos de un modo u otro, está presente, y todos tendríamos de poetas, todos tendríamos de lectores de poetas, todos tendríamos de quienes han hecho de alguna clase de verso, algunas palabras su asidero, su tabla a la que agarrarse, una canción, mensaje, verso que se repite y con eso gana su corazón, complicidad y amistad.¿Sigue siendo la poesía lo que menos lee la gente?Quizá lee menos esas formas que a veces tienen su propio circuito, que es un circuito de lectores, de lectores ya muy formados, de personas que han tenido mucha relación previa con otros textos. Pero la poesía como tal, entendida en sentido general nos toca a todos en todos los niveles, es la poesía popular, lo que pasa es que a veces cuando decimos poesía estamos pensando en poesía culta, estamos pensando en la universidad, o las clases y un texto que me resultó imposible de entender y al que no llegué y me atemoriza. La poesía es mucho más que eso, aunque claro hay niveles de lectura, de complejidad, de pasión. Igual que lo hay en todo lo demás.¿Considera que la tecnología y la facilidades que ofrece aleja a la gente un poco más de la poesía, tomando en cuenta que no es de lectura superficial?Es un riesgo grande, esta cultura de que surfeamos, que vemos solamente lo básico, como el primer nivel de las cosas, tiene que ver con que la relación con el tiempo se ha modificado, con que hay una sobresaturación de la información. Quizá la poesía abra un espacio de silencio, para que uno se encuentre consigo mismo o con los otros, y eso el día a día no lo permite. Es cierto que las dinámicas de trabajo, de la velocidad, de los propios sistemas de información, no permiten eso. Pero yo también creo que la poesía muta, se adapta, cuando hablamos de tuiteratura son maneras en las que también la poesía se cultiva mucho en formas muy breves, el microrrelato, el cuento breve, el aforismo, los poemas de inspiración oriental de solo tres versos, no sé si son respuestas del lenguaje a los tiempos que vivimos, pero lo parecen.Viendo el escenario actual del mercado editorial. ¿Considera que debe haber cambios en la literatura, es un asunto que le compete a todos?Es un problema que nos afecta a todos, seguramente tenemos que trabajar mucho mejor en el ámbito educativo, es decir que el encuentro del alumno con la literatura no sea un encuentro que lo atemorice, que lo obligue en el sentido que lo haga separarse del placer, o de cierta felicidad que puede dar un texto. Tenemos que trabajar mejor, porque en general a nosotros nos hablan de que los niños son bastante lectores hasta el momento de la adolescencia, cuando sustituyen el libro por juegos electrónicos, la televisión, y tenemos que ver cómo no perdemos ese mundo, esa imaginación, porque la lectura supone ponerse en lugar del otro, abrirse al otro, y en el lugar de uno también aprender a conocerse y reconocerse. Hay que trabajar en la educación a nivel de apoyo público y privado, a iniciativas culturales de todo tipo que hagan que ese tejido cultural sea más fuerte, que sintamos que ahí se están resolviendo cosas que nos interpelan, y yo creo que eso sí hace una gran literatura.Y luego de ese componente de la educación, ¿qué cambios debe aplicar la industria editorial?Creo que hay líneas en las que sí se está trabajando, pero quizá se pueda reflexionar más. El mundo del libro infantil, por lo menos el que yo conozco, trabaja con mucha inteligencia porque trabajan distintos formatos, colores, convierten al libro en un objeto insustituible. Cuando ya pasamos al libro juvenil y adulto, a menudo es solo como un propositorio, es solamente como una base, entonces uno puede sentir que da lo mismo leerlo ahí, o leerlo en pantalla, o no leerlo; tal vez tengamos que volver a pensar que el libro es un objeto único, o por lo menos que no se puede sustituir con facilidad porque establece una relación con nosotros, dejamos marcas en los márgenes, marcamos las páginas que más nos han impactado, hay huellas en ese papel que tienen que ver también con nosotros y eso no deberíamos perderlo.Así que seguramente la industria editorial deba pensar al respecto y también los escritores debamos pensar al respecto, y creo que es algo que nos debería preocupar a todos.