Rafael Montesinos, diez años de la muerte del poeta que actualizó la imagen de Bécquer - España

Fuente: http://sevilla.abc.es/cultura/libros/20150304/sevi-rafael-montesinos-aniversario-201502271933.html

Rafael Montesinos (Sevilla, 1920-Madrid, 2005) falleció un soleado 4 de marzo de 2005, fecha de la cual se celebra este miércoles el décimo aniversario. Ha sido uno de los grandes poetas sevillanos, cuyos versos siguen hoy más vivos que nunca.

Autor de poemarios tan destacados como «El libro de las cosas perdidas», «La verdad y otras dudas» o «De la niebla y sus nombres», fue también responsable del ensayo «Bécquer, biografía e imagen» (Premio Nacional de Literatura, 1977), un poeta que le influyó especialmente en su obra y que él supo devolver al verdadero lugar que le correspondía.

El hijo del poeta, Rafael César Montesinos, rememora a su padre recogiendo el sentir general de toda su familia. Así, preguntado por qué es lo que queda del poeta en su Sevilla natal, éste admite que «queda; claro que queda, aunque a primera vista cueste un poco verlo, sentirlo. Para empezar un pequeño jardín con treinta y una palmeras junto al río, cerquita de Triana, próximo a la calle Reyes Católicos. Queda su poesía sobre la Semana Santa sevillana, una poesía apasionada, sevillanísima, mágica». Asimismo, comenta que «la familia sabe que en estas sevillanas fechas mucha gente la lee o la recuerda en silencio o en corrillo de cofrades. Permanece la universal sencillez de su obra para entender un poco esta existencia convulsa, y también a sus paisanos. Permanecen tantos poemas... aunque cueste oírlos, sentirlos, en este mundo de espectáculo, negocio, pantallas y pantallitas.... Y en Sevilla residen sus restos, con epitafio cumplido»:

He vivido cuatro días;

tres no fueron sevillanos.

Llevadme a la tierra mía.

—Los nombres de Bécquer y Montesinos estarán siempre unidos por la obra «Bécquer, biografía e imagen». ¿Qué supuso ese libro en la producción de su padre?

—Bastante. Devolvió a Bécquer a su justa medida de hombre y poeta, hasta despojarlo de su ropaje de figurín romántico. Descubrió que Elisa Guillén, gran mito amoroso, simplemente nunca existió. Un bonito invento de Fernando Iglesias Figueroa, responsable de otros textos pseudobecquerianos y que gran parte de la honorable crítica de la época se tragó. Todavía hoy circulan libros escolares con el poema «A Elisa», erróneamente atribuido Bécquer. Y lo más importante, deshizo la imagen de poeta desgraciado, pobretón y tuberculoso, y nos hizo entender que Bécquer es la vía necesaria para llegar a nuestra poesía de ahora. Sin Bécquer y su voz intimista, resultaría imposible sentir la poesía de Juan Ramón, Antonio Machado, Alberti, Cernuda, y también la de muchos poetas actuales que escriben en español.

—Bécquer, Machado, Cernuda y otros grandes poetas sevillanos tuvieron que salir de su ciudad natal. También eso le ocurrió a su padre, que vivió muchos años en Madrid. ¿Cómo fue la relación entre Montesinos y Sevilla?

—Cercana y distante a la vez. Nunca perdió el contacto con sus paisanos-poetas y con su hermana Caita y su marido. Nuestra casa madrileña, especie de consulado poético en la capital del reino, siempre acogió a los poetas y artistas andaluces y, sobre todo, sevillanos. Sin embargo, con la Sevilla oficial, a veces demasiado ensimismada en su tópico, la relación fue tibia, exceptuando las dos últimas décadas.

—¿Ve algo de la influencia de la obra de Rafael Montesinos en la poesía que se ha hecho en España en las últimas décadas?

—Bastante, aunque en ocasiones no reconocida y hasta disimulada. Dicha influencia puede rastrearse desde la soleá al soneto, desde su claro y acompasado verso libre hasta su prosa directa y lírica.

—¿Cree que el Ayuntamiento de Sevilla ha hecho lo suficiente para que el legado de Montesinos siga vivo en su ciudad?

—Tras su fallecimiento el Ayuntamiento trajo sus restos para que reposaran en Sevilla, estuvo muy interesado en hacerse con su archivo y apoyó la publicación de algunos libros. En los últimos años, este interés inicial nos parece que ha disminuido, aunque esperamos que se reanude.

—¿Se va organizar alguna actividad en Sevilla para celebrar este aniversario? En caso contrario, ¿por qué cree que no se van a hacer más cosas teniendo en cuenta que ha sido el gran poeta sevillano de la segunda mitad del siglo XX?

—Que por ahora sepamos, no. Debe ser cosa de los años que debe pasar en el «purgatorio» un poeta o literato reconocido. Es cuestión de fijarse en lo que les sucede a muchos autores de más renombre. En todo caso, el 10 de marzo en Madrid y en la Tertulia Literaria Hispanoamericana Rafael Montesinos los poetas le rendirán cumplido recuerdo leyendo sus poemas.

—¿Queda aún mucha poesía inédita de Montesinos?

—Sí.

—¿Se va a hacer un proyecto de edición de sus obras completas?

—La edición de sus poesías completas ya está hecha por Rafael Roblas Caride y yo desde el 2010. Sin embargo, llegó la renombrada crisis y su publicación se paró en seco. ¿Será de nuevo el consabido efecto «purgatorio»? Puede, pero ahora parece que la cuestión se va retomando.

—¿Qué es lo que le aportó su padre a la Tertulia Literaria Hispanoamericana durante los más de cincuenta años que la dirigió?

—Una difusión persistente de la poesía en español a través de una actividad literaria y, sobre todo, poética que ya dura sesenta y dos cursos, y que está considerada la más longeva de España y posiblemente del mundo. Se trata de un legado vivo a día de hoy. Por la Tertulia Literaria Hispanoamericana Rafael Montesinos han pasado casi todos los poetas españoles y muchos hispanoamericanos, tanto consagrados como jóvenes. Dicho legado lo continuamos trabajando Marisa Calvo, mi madre y actual directora, y yo. Y si nos ponemos a dar nombres de poetas y escritores, la cosa se prolongaría en exceso. En 2007 se publicó en edición no venal el libro, o tomo, «55 años de la Tertulia Literaria Hispanoamericana Rafael Montesinos». Se puede comprobar la cuantía del censo lírico.

—Ahora que se cumplen los diez años de la muerte del poeta, ¿cuál o cuáles cree que son sus obras imprescindibles?

—En realidad su obra es un todo, un río sin tramos olvidables. Pero puestos a citar, ahí van: «El libro de las cosas perdidas», «País de la esperanza», «La verdad y otras dudas», «De la niebla y sus nombres», «La vanidad de la ceniza» y, en prosa, «Los años irreparables» y «Bécquer, biografía e imagen».

—El tristemente desaparecido Rafael de Cózar hizo una antología de su padre. ¿Cómo fue la relación entre ambos poetas?

Del incendio de la casa de Rafael de Cózar, sólo se salvó una carta que le escribió Montesinos
—Bastante cordial y de amigable trato lírico. En 1995, Rafael de Cózar puso unas notas previas a la quinta antología poética de Rafael Montesinos. Y hay algo más, de carácter mágico, que prueba la amistad de Montesinos con Rafael de Cózar. Como algunos sabrán, desgraciadamente su casa se quemó. Libros y papeles quedaron reducidos a cenizas. No quedó nada, exceptuando una carta de mi padre a Rafael de Cózar. Casi impoluta, con solo unos bordecitos quemados. Mayor prueba de amistad es difícil hallar. Las cosas mágicas de mi padre, de las que en otro momento hablaré.
—¿Por qué cree que hoy hay que seguir leyendo la poesía de Rafael Montesinos?

—Porque es un poeta «enlace», como se dice ahora, necesario entre Bécquer, Juan Ramón, Cernuda o Alberti y la poesía que hoy se escribe en nuestra lengua. Porque su voz es actual y universal. Porque Sevilla sin Rafael Montesinos es una Sevilla más chica. Porque aporta la nostalgia necesaria para seguir como poetas y seres humanos. Porque llevó líricamente a la Semana Santa a un punto mágico y sevillanísimo, difícil de alcanzar. Porque, como dejó escrito en Los años irreparables: «Verdaderamente, las cosas carecen de importancia; la importancia se la damos nosotros y el tiempo».
ANDRÉS GONZÁLEZ-BARBA