ESTÁ TODO DICHO LO QUE TENÍA QUE DECIR CON LA POESÍA: LUIS GARCÍA MONTERO - México

Fuente: http://www.monitorexpresso.com/entrevista-esta-todo-dicho-lo-que-tenia-que-decir-con-la-poesia-luis-garcia-montero/

(SinEmbargo).- Alguien dice tu nombre es la nueva novela del poeta español Luis García Montero y la forma que tiene el granadino de entenderse con su pasado y de asumir nuevos desafíos literarios.

"Soy poeta desde hace mucho tiempo. Acaban de cumplirse 35 años de la publicación de mi primer libro de poesía. Cuando uno es joven la inquietud es buscarse un mundo propio. Cuando uno va cumpliendo años, la inquietud es no repetirse", afirma en entrevista con SinEmbargo.

Publicada por Alfaguara, Alguien dice tu nombre transcurre en el verano de 1963 en España, cuando el adolescente León Egea comienza a trabajar en la editorial Universo y vive su primer amor.

"Todo cambia, pero nos quedan los recuerdos. Se levantarán edificios, se asfaltarán los arrabales, se urbanizarán los descampados, pero tú recordarás siempre la geografía de este verano. La realidad es una alegoría para la memoria. Todo lo que nos afecta permanece en nosotros, aunque se pierda en el tiempo", dice el boletín de prensa de esta novela que la crítica ha calificado de "machadiana".

"Hace muchos años comencé a darme cuenta de que, mejor o peor, lo que yo tenía para decir con la poesía pues ya estaba casi todo dicho. Me daba mucho miedo repetirme y caer en la receta del poeta que escribe el mismo poema siempre", revela el escritor nacido en Granada en 1958.

Para librarse de la repetición, Luis García Montero comenzó a escribir poesía más lentamente, imponiéndose además la disciplina de intentar aprender otros géneros y dedicarse a otras facetas de la literatura "y ahí me estaba esperando la novela", afirma.
UN HOMBRE DE LETRAS

Luis García Montero es catedrático de Literatura Española, es uno de los poetas más destacados del panorama literario actual, con títulos entre los que se encuentran Habitaciones separadas (Premio Loewe, 1993, y Premio Nacional de Poesía, 1994), La intimidad de la serpiente (2001, Premio Nacional de la Crítica 2003), Vista cansada (2008) y Un invierno propio (2011).

Como ensayista ha publicado varios libros y artículos sobre la poesía europea contemporánea, así como ediciones críticas de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Rosales y Carlos Barral.

También es autor de Mañana no será lo que Dios quiera (Alfaguara, 2009), biografía novelada del poeta Ángel González, que fue Libro del Año según el Gremio de Libreros de Madrid; No me cuentes tu vida (2012) y Una forma de resistencia (Alfaguara, 2012).

Como ensayista ha publicado varios libros y artículos sobre la poesía europea contemporánea, así como ediciones críticas de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Rosales y Carlos Barral.

También es autor de Mañana no será lo que Dios quiera (Alfaguara, 2009), biografía novelada del poeta Ángel González, que fue Libro del Año según el Gremio de Libreros de Madrid; No me cuentes tu vida (2012) y Una forma de resistencia (Alfaguara, 2012).

–Hay quienes dicen que los poetas escriben con suerte dos o tres grandes poemas a lo largo de su carrera...

–Estoy bastante de acuerdo con eso. Creo que un poeta se justifica no sé si con dos, pero con 10 o 12 poemas que tienen encerrado un mundo propio. Hay poetas que escriben mucho y sobra la mitad de la obra. Acumulan, acumulan, sin añadir nada. Eso me preocupa e intento evitarlo. Por eso escribo novelas y con esta que acaba de salir, creo que ya estoy hallando un mundo propio en la narrativa.
Me fascinan los autores que no se duermen, para quienes la literatura no es una receta. Foto: Especial

–Alguien dice tu nombre parece también la respuesta a quienes ya te veían como el poeta nacional, ese lugar en el que la crítica te había puesto...

–Bueno, sin duda es un riesgo que estoy tomando y del que estoy muy consciente, porque escribir una novela es algo muy distinto a escribir un poema. Me encuentro más o menos seguro en la poesía, en la novela estoy en medio de la incertidumbre. La verdad es que cuando empecé a buscar un mundo propio en la poesía tomaba el camino más riesgoso, algo que también hago ahora con la narrativa. Y es un riesgo porque no es lo mismo desde luego contagiar un estado de ánimo en un verso, que crear una estrategia a lo largo de 250 páginas, donde más que un mundo propio importa que haya personajes que vivan por su cuenta, de distinta edad, sexo y maneras de pensar. Se equivocan mucho los poetas que escriben novelas con ojos de poeta, porque las relaciones con el lenguaje son distintas según el género. He intentado con esta novela no hacer una novela de poetas, sino aprender los distintos recursos de la narrativa.

–Por otro lado, el título de poeta nacional es bastante discutible. Ahora que se murió Leopoldo María Panero, por ejemplo, todos pensaron que él podía ser el poeta nacional...

–Sí y antes nadie se acordaba de él. Aunque la verdad es que en España no podemos quejarnos mucho, porque es un país donde la poesía ocupa un espacio notable, sobre todo porque hay editoriales que intentan mantener una relación comercial con la poesía como con la novela, lo que significa una buena distribución para intentar que los libros lleguen a los lectores. Y creo que eso se debe al papel importantísimo que jugó la poesía durante la dictadura de Franco. Los poetas fueron la cara visible de la lucha contra el franquismo. También fue importante la labor de los cantautores que musicalizaron con mucho acierto a esos poetas. Empezando por Joan Manuel Serrat con Miguel Hernández y Antonio Machado, siguiendo por Paco Ibáñez con Federico García Lorca y Pablo Neruda. La verdad es que eso llevó a la poesía a formar parte de la educación sentimental de la gente en España. A uno de pronto le pasan cosas emocionantes, como que alguien se acerque para contarte que usó un poema tuyo para casarse o para hallar consuelo por la muerte de un ser querido. La poesía tiene muchos lectores, pero no tiene gran público y es muy tonto el poeta que se cree que va a tener la repercusión de un telediario. El mejor poema del mejor de los poetas no puede competir con el telediario, un programa muy visto en la televisión o un cantante.

–Y en esa educación sentimental algo me dice que estás más cerca de Miguel Hernández que de García Lorca...

–Bueno, aprendí mucho con Federico García Lorca porque nací en Granada y para mí ser poeta a los 15 años no consistió en buscar un endecasílabo perfecto. En realidad la poesía tenía que ver para mí con la emancipación y lo que quería era recuperar la ciudad que había sido borrada con la muerte de García Lorca. Lorca fue un poeta muy importante en mi formación, pero después tuve que buscar mi propio mundo, porque acercarse a la poesía de Federico cuando tú intentas también escribir poesía es algo que se puede volver muy complicado. Y en esa búsqueda de la voz propia, efectivamente, alguien muy importante para mí fue Miguel Hernández. Luego vinieron Pablo Neruda, Rafael Alberti y algunos otros poetas menos conocidos en Latinoamérica como Jaime Gil de Biedma o Ángel González...

–Ahora si yo fuera poeta y me pusiera escribir una novela y tuviera al lado a Almudena Grandes escribiendo Las tres bodas de Manolita me intimidaría un poco...

–(risas) Sí, es verdad. De la misma manera que la soberbia y la vanidad malentendidas son muy perjudiciales para el ejercicio de la literatura, no hay cosa más tonta que el cretino que se lee a sí mismo con ojos de admiración y piensa que todo lo que escribe es una maravilla, la ambición literaria es buena. Y esa ambición la tuve con la poesía. Cuando dices que eres de Granada y escribes poesía inmediatamente te nombran a García Lorca. Es como ser poeta en Buenos Aires, todo el mundo te hablará de Borges. Lo cierto es que te salga mejor o peor creo que lo importante es medirse con los mejores, con los grandes. Y en ese sentido, para mí es una gran suerte tener muy cerca de Almudena, que es una de las grandes de la narrativa española.

–¿Estuviste pensando durante mucho tiempo el tema para tu novela?

–Lo que yo quería era escribir una novela optimista, confiada, que tuviera fe en el futuro, porque España ha vivido una situación muy triste en los últimos años por medio de la cual sabemos que nuestros hijos vivirán peor que nosotros, con menos derechos sociales, con menos derechos cívicos, con una inseguridad económica tremenda y lo que yo quería en dicho contexto era escribir una novela optimista; el pesimismo es lúcido para interpretar la realidad pero puede convertirse en un veneno que te obligue a renunciar, a paralizarte y abandonar el deseo de solucionar las cosas. En las épocas de crisis, además, corremos el peligro de perder de vista aquello que merece ser mirado y admirado. Hay que reivindicar el derecho a la admiración para rehabilitar cierta confianza a la hora de querer resolver los problemas. Por esa razón decidí contar una historia de los '60, que fueron años de mucha incertidumbre en España. Estaba terminando la pobreza más dura que acompañó a la Guerra Civil Española, pero la gente tenía la impresión de que avanzaba hacia el futuro. La gente tocaba el futuro con la yema de los dedos y se consiguieron muchas cosas que después desembocaron en la democracia que hoy vivimos. En esa época, aparte del cambio económico que hubo en España, hubo también un cambio de costumbres muy importante. La cultura española se abrió, dejó de ser clerical y buscó un espacio entre las cosas que estaban ocurriendo en el resto del mundo. Los roles del hombre y la mujer cambiaron mucho. Ahora, en cambio, la sensación que se tiene es que estamos caminando hacia atrás, como los cangrejos. Entonces lo que quise hacer con esta novela es contarle a los jóvenes la historia de un momento de España, cuando la incertidumbre se vivió con optimismo.

–Aunque los '60 queden a la vuelta de la esquina, estamos hablando de una novela histórica

–Efectivamente, es una novela histórica. Tiene que ver con mi vida, pero es cierto que pertenece a otra época, a un ayer lejano. Cuenta la historia de un verano de 1963, en la vida de un muchacho que va a la universidad y que vive una experiencia de iniciación en varios sentidos. Entra a trabajar en una editorial como vendedor a domicilio de enciclopedias y de pronto descubre el mundo laboral, el compromiso político en la clandestinidad y vive una historia de amor muy apasionada con una mujer que lo sorprende a cada instante. El protagonista es un chico joven que cree que se lo sabe todo, que mira con desprecio todo lo que hay a su alrededor, porque es muy rebelde, hasta que se da cuenta poco a poco de que las apariencias engañan. Conoce a esta mujer 17 años mayor y se enamora perdidamente de ella. En los '60, una relación entre un chico de 19 y una mujer de 37 era muy difícil, pero se convierte en un gran aprendizaje sentimental. La relación entre ellos me permitió describir algo que me enseñó la poesía: si no conseguimos transformar la intimidad y hacernos libres en la intimidad se hace imposible luego transformar las causas públicas.

Fuente: sinembargo.mx