Carina Sedevich: “Vida y escritura son inseparables” - Argentina

Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/carina-sedevich-vida-y-escritura-son-inseparables

Los poemas de Carina Sedevich tienen un efecto inmediato en el lector. Impactan. Pero ese impacto no se registra siempre en el mismo lugar. Pueden golpear en el estómago. O en el corazón. O en el cerebro. Lo único cierto es que dejan marcas.


Nacida en la provincia de Santa Fe, en 1972, vive desde hace años en Villa María, donde fue construyendo una obra poética a la que ahora se suma Escribió Dickinson (Alción).

Buena parte de la fuerza de impacto de sus poemas proviene del modo en que Carina expone en ellos su vida, sus pensamientos y sus contradicciones, con una combinación de delicadeza y cruda objetividad que resultan conmovedoras.

-Mencionás a Emily Dickinson en el título del libro, y también te referís a poetas amigos o cercanos. ¿En qué medida tu poesía dialoga con la de otros?

-Soy muy solitaria. Pocas personas participan de mi vida, en lo material y en lo simbólico. Algunas son escritores que admiro. Siento con ellos una comunión intensa. Esa comunión nace del impacto que me produjo alguna vez la lectura de sus poemas. Puede sustentarse, incluso, en apenas un par de versos que me hayan interpelado de verdad, emocional e intelectualmente. Un texto se vuelve interesante y valioso para mí sobre todo por empatía, más allá de la belleza, la originalidad o la precisión formal que pueda reconocerle. Incorporo a ciertos autores a mi vida y a mis modestos "diálogos literarios" en base a este vínculo empático que surge de la lectura.

-Las relaciones con tu madre y con tu hijo son materia de varios poemas, ¿se los das a leer a ellos?, ¿qué te dicen?, ¿separan tu imagen de hija y madre de tu figura de poeta?

-Creo que lo que se dice para el otro o sobre el otro es parte constitutiva de las relaciones y que, por ende, la escritura participa en la configuración de mis vínculos. No he notado que a mi familia le preocupe distinguir entre la hija, la madre, la hermana que se sienta a la mesa con ellos y la enunciadora de los poemas que hablan de ellos. Creo que para los míos siempre soy la misma y que leen mis poemas como si fueran pasajes de un diario íntimo. Sé que muchas veces les resulta duro. Cuando escribo trato de decir lo necesario y ser, a la vez, cuidadosa con los que quiero. Pero ocurre que las relaciones humanas tienen su costado oscuro, doloroso. Además, escribir sobre aquello que cuesta dilucidar o que lastima suele ser lo más urgente, necesario y difícil.

-En varios poemas, sugerís o contás escenas de tu vida privada, ¿qué implica exponerte de ese modo en un poema?

-Personalmente, entiendo que vida y escritura son inseparables. En todo momento, para vivir y para escribir, trato de visualizar mi existencia en el contexto universal, histórico. Sé que es insignificante y finita. Pero también soy consciente de que mi vida es lo único que tengo y lo único que soy, y es en vano tratar de sustraerme a esa conciencia. Esa es mi condición como ser humano, y esa condición me une a mis semejantes. Escribo porque no puedo despojarme de la necesidad de generar sentidos, de comunicarme. Escribo acuciada por la conciencia de mi finitud y mi insignificancia y por la necesidad de comunión con el otro. Escribo, en definitiva, porque es mi forma de ejercer la condición humana.

-¿La verdad, tu verdad, está antes que todo a la hora de escribir?

-No escribo para decir mi verdad. Tampoco escribo para generar un texto de buena factura o de pura belleza. Creo que la poesía, para tener algún valor, debe conseguir interpelar humanamente. Debe hacerlo con su música, sus figuras y su verdad, inclusive. No escribo para exhibir lo que pienso o lo que vivo. Escribo para intentar explicarme algunas cosas de la vida, al menos para preguntarme sobre ellas. Cosas de todos los días, ordinarias, que atañen a cualquier persona. Creo que el arte es una forma particular de conocimiento y de comunicación, quizás la posibilidad más compleja y más potente de conocer y comunicarnos que tenemos los seres humanos.

-En mi opinión, hay dos grandes poemas en el libro: "Elegía para Bernardo" y "Antonia era mi abuela", ¿podés contarme la historia de cada uno?

-Elegía para Bernardo y Antonia era mi abuela son justamente los poemas más narrativos del libro, así como los más dramáticos. Cada uno de ellos cuenta una historia completa. Nacieron de experiencias muy fuertes, que me acercaron a destiempo y dolorosamente a la muerte y a la continuidad de la vida. Son poemas que leí y corregí muchas veces, pero que fueron escritos bien en caliente. Me parece que en ellos digo lo que tengo que decir de la mejor forma que encontré para decirlo. Más allá de eso, no me siento cómoda hablando de los poemas por fuera de los poemas mismos, ni siquiera tratándose de aquellos que puedan resultar más crípticos o herméticos.

-¿Escribís en algún lugar en particular? ¿Tu casa, un bar? ¿Cuándo?

-Uno escribe cuando tiene que escribir, donde le toca estar, como le toca estar. Últimamente tengo la suerte de escribir tranquila, en mi casa. Pero he escrito toda mi vida en cualquier parte. Para corregir, en cambio, siempre he necesitado momentos de soledad y silencio. Si estoy en proceso de armar un libro, imprimo y corrijo en papel. Leo el borrador muchas veces, durante muchos días. Lo trabajo hasta que, para mí, se vuelve una sola pieza. Es un proceso que disfruto muchísimo. Lleva tiempo conocer, comprender y querer a un libro nuevo.

-En Villa María hay muy buenos poetas, pero se dice que es una ciudad particularmente hostil para los artistas. ¿Esa así?

-Para pasarse la vida "arañando con la pluma", como dijo Maiacovski, no hace falta casi nada. El que escribe lo hace a pesar de todo y contra todo. No podría evaluar si esta ciudad constituye un entorno más o menos amable que otro para los artistas. Creo que, donde sea que nos encontremos, todos estamos bastante solos y librados a nuestra suerte. Los artistas todavía más, porque el arte sólo tiene algún protagonismo en la esfera simbólica de nuestras sociedades. La poesía, en particular, no tiene ninguna gravitación en procesos productivos o económicos. Literalmente, como todos sabemos, la poesía no vale nada.

Perfil

Carina Sedevich nació en Santa Fe en 1972. Vive en Villa María. Publicó, entre otras plaquetas y libros, La violencia de los nombres, Cosas dentro de otra cosa, Como segando un cariño oscuro e Incombustible.