Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/02/actualidad/1488480808_941599.html

A Piedad Bonnett (Amalfi, Colombia, 1951) le gusta la literauta pausada. Esa donde “no pasan muchas cosas”. Novelista por empeño pero poeta por vocación, en 2016 y tras el bloqueo sufrido después del suicidio de su hijo, se enfrentó a sus versos pasados para publicar su Poesía reunida. Creadora bajo el influjo de Machado y Vallejo, a finales del año pasado ganó el Premio Generación del 27 por Los habitados.

De pequeña quería ser...
Grande.

¿Qué cambiaría de usted?

El nombre.

¿Cuál es el mejor consejo que le dio alguno de sus padres?

Ir por la sombrita y no hablar con desconocidos.

¿Con quién le gustaría quedar atrapada en un ascensor?

Con Truman Capote, que era buen conversador, tenía sentido del humor y era chismoso.

"La música interfiere con la música de la poesía y de la prosa”

¿Algún sitio que le inspira?

El mar. Siempre el mar (pero desde la orilla).

¿Cuál ha sido el mejor regalo que ha recibido?

Una caja de 72 colores cuando era niña.

¿Para qué sirven los premios?

Para creérselos por un ratico.

Y ya que ha ganado el Generación del 27, ¿con qué miembro de esa generación se queda?

Con Luis Cernuda. Pero también tengo amor por Salinas.

¿Qué significa ser poeta (que no poetisa)?

Ser capaz de hacer decir al lenguaje, quebrando su lógica habitual, lo que misteriosamente nos estremece.

¿Cuál es el germen de un poema?

La pequeña revelación que encierra una promesa de lenguaje.

¿Cura la poesía?

No cura, pero acompaña.

Piedad Bonnett: “En un ascensor me quedaría atrapada con Truman Capote”
¿Qué poema le hubiera gustado escribir?

Autobiografía, de Luis Rosales.

¿Y qué libro?

El mar, de John Banville.

¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?

Cualquiera, con buena compañía.

¿Cuál es el último libro que le hizo reír a carcajadas?

Cien años de soledad, hace 50 años.

¿Qué personaje literario se asemeja a usted?

Tengo algo de Gustav von Aschenbach, el viejo de Muerte en Venecia, que sucumbe a la belleza más allá de su condición de intelectual.

¿Quién es su lector perfecto?

Cualquiera que se acerque a mi obra sin prejuicios.

¿Qué la hace suspirar?

Cuando veo fotos, la juventud por la que pasé sin darme cuenta.

¿Qué le diría al presidente Santos?

Le diría: gracias por firmar la paz. Ahora, consolídela buscando justicia y reparación.

¿Qué música le sirve para trabajar?

Ninguna. La música interfiere con la música de la poesía y aún con la de la prosa.

En una fiesta de disfraces, ¿de qué se disfrazaría?

De mirón, porque detesto disfrazarme.

“Mi ciudad favorita es Lisboa, o la que no conozco todavía”

¿Junto a quién le gustaría sentarse en esa fiesta?

Junto al conejo de Alicia.

¿Dónde no querría vivir?

En Venezuela, en estos momentos.

¿Tiene algún sueño recurrente?

Como mucha gente, sueño con algo que he perdido y que no encuentro.

¿Qué libro tiene en su mesa de dormir?

Ese que no acabo nunca de leer porque otros se me atraviesan.

¿Cuál es su ciudad favorita?

Lisboa, o la que no conozco todavía.

¿Qué siente cuando ve una foto suya en los diarios?

Que el tiempo pasa.

¿Cuál es la noticia que siempre ha esperado leer?

Que la peste del hambre se desterró de la tierra.

¿Cómo ve el futuro de Colombia?

Incierto, difícil, con una luz de esperanza.

JORGE MORLA
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