Fuente: http://www.elespanol.com/cultura/20161129/174483272_0.html

Primero fue Flowklóricos y le recordó al mundo que donde duele, inspira. Que nadie que escriba algo que merezca la pena puede escribir en paz; que somos de los que odian amar pero quieren ser amados. Rafael Lechowski (Breslavia, 1985) es un apátrida que arrastra allá a donde va su invierno interior y lo canjea en rap, en poesía, en jazz o en slam. Ahora presenta el acto I: La traición, de El arte de desamar (Arscesis), un trabajo desgarrado partido en cinco. Irá publicando un nuevo tomo cada tres meses.

"Si ella no es el amor de mi vida / -y sé que no me equivoqué de amor- / debí equivocarme de vida", escribe. O "Igual que hay partes del cuerpo / que no puede rascar uno mismo / hay lugares del alma que sólo puede acariciar otro". Son cartas furiosas, versos rotos, confesiones a un amigo. Y después: recuerdos, recuerdos, recuerdos. El protagonista, Quarcissus, tiene ansiedad. Otros lo llaman la enfermedad de la duda.

En primer lugar, ¿por qué El arte de desamar aparece ilustrado con una vagina? ¿Qué simboliza?

A mí siempre me ha dicho la diseñadora que cuando me pregunten eso, os diga que sois unos mal pensados (ríe). Que es una herida. No, es una mezcla entre una herida y una vagina. ¿Por qué una vagina? Por el conflicto femenino entre el personaje y la mujer... por lo obsceno, por los rasgos obscenos que tiene la obra. No por nada machista ni nada. Y por la simbología también. Está envuelta en una herida. Y porque hay una confrontación entre lo masculino y lo femenino. El título tiene doble sentido: está el personaje, que es el rasgo literario, que es Quarcissus, y está el ejercicio mío por tratar de curarme de ese accidente, de ese desengaño que viví.

¿Es autobiográfico?

Sí. Lamentablemente.

Me recuerda como a poemas clásicos y desgarrados, con exclamaciones... del estilo Bodas de sangre o Romeo y Julieta. Tiene eso de antiguo.

Das en la tecla, salvando las distancias por supuesto, pero es la literatura que me ha gustado. Una de las obras que más me han marcado es el Fausto de Goethe, Bodas de sangre también me gustó... y era una forma de cambiar de hogar, porque yo siempre he dicho que es más peligroso tocar techo que tocar fondo. Y yo sentía que con lo que había hecho antes, para mi micropretensión, había alcanzado lo que quería hacer, así que lo más prudente era cambiar de hogar, y el hogar es la forma de expresarlo o el vehículo que he usado para decirlo. Es un tema universal, el amor, el desamor. Aquí lo que cambia un poco es la arquitectura de la obra, pero sí has dado en la tecla porque va unido a los géneros que me gustan.

¿Y qué pasa en los siguientes actos? Dame un adelantito.

Hay cinco actos, y te diré que, al menos lo pretende, la obra irá hacia lo luminoso.

Ya no vamos a estar tan jodidos, ¿no?

Me siento bastante culpable con la obra. Sobre todo, la gente que más me quiere, es la que menos ha sabido expresar lo que les ha parecido... ha sido difícil. Abarca bastantes temas universales como la política y lo social. Esto es el acto uno, el amor, pero después pretendo abrazarlo todo. También lo religioso, lo espiritual. Tratamos de que tengan una periodicidad de tres meses, cada acto.

Hay un extracto que dice "si me mato por amor, seré un suicida; si la mato por amor, un asesino". Eso me recuerda cuando a Loquillo le censuraron la canción de La mataré. En tiempos tan sensibles con la violencia de género, ¿no ha habido autocensura en tu obra?

Sí... lo he pensado después, quizá. A la hora de acercarme a la publicación. Incluso con la portada, etc. Pero en el momento en el que estaba escribiendo estaba poseído totalmente, de hecho no sabía si lo iba a publicar, ni sé si voy a hacer conciertos de esto tampoco. La interpretación tiene que ser muy complicada y sí tengo miedo a que eso ocurra, sobre todo porque no es mi intención. Yo trato de retratar lo humano, la condición humana, que es así. En lo oscuro y en lo luminoso. He intentado ser lo más realista en la interpretación de la condición humana. Aunque sea en privado, en la conciencia. Sería hipócrita decir que no. Si tengo que pedir disculpas, la pediré.

Es una dicotomía en la que puede verse a veces el artista. En el contexto de un amor hondo, pasional, decir cosas políticamente incorrectas.

Sí, pero intentar sacar eso de contexto y hacer rótulo de eso sin haber leído la obra, no tiene sentido. Si no se oye la obra, no se entiende bien. Si se entiende el sufrimiento, se ve que es un matiz de la condición humana.

Es un amor cercano a la locura.

Eso es, y yo creo que al personaje se le ve como a una buena persona.

¿Qué hay del arte de volver a amar después de un desamor?

Ese es un poco el camino. La pretensión es esa. Pues dejando de tener rencor y aceptando. Hay que aceptar la muerte, hay que aceptar el dolor como una condición de la armonía. No hay bondad sin maldad, es todo un equilibrio. No hay vida sin muerte, no habría espacio para todo. No hay aprendizaje sin error. Sobre todo, el amor no hay que interpretarlo como un ejercicio individual y cerrado. El amor es más grande. El personaje se adentra y descubre cosas más grandes, se da cuenta de que esto sólo era una puntita del iceberg. No es tan importante en realidad. No es nada en comparación con amarlo todo. ¿Qué es eso, qué es amar a una persona en comparación con amarlo todo? Lo decía Fromm, creo, "amar a unos pocos es como no amar a nadie". Hay que aceptarlo todo. Si uno se quita la vida por una sola persona, ha despreciado el 99% de las oportunidades de la vida. Un pájaro, un atardecer.
LORENA G. MALDONADO
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