Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/elena-medel-poesia-premio-princesa-girona-5227937

A Elena Medel (Córdoba, 1985) le persigue su propia precocidad. Tiene 31 años y es una voz consolidada de la joven poesía española, aunque parezca que siempre ha estado ahí porque lleva 15 años publicando y también descubriendo nuevos nombres en su pequeña editorial La bella Varsovia.

Todo eso ha sido reconocido por el Premio Princesa de Girona en su categoría Artes y Letras, que la poeta (que no poetisa, un apelativo que odia) recibirá ex aequo con el director de orquesta Andrés Salado el próximo viernes.

Cuando empezó a escribir poesía a los 13 años, ¿tenía conciencia de lo que estaba haciendo? Yo me dedicaba a reescribir los cuentos que leía pero jamás había leído un poema, ni siquiera los de Gloria Fuertes, hasta que a los 12 años me regalaron una antología de la generación del 27. El encuentro con Lorca fue definitivo, tuve claro, aunque la sensación era muy primaria, que ese era el lenguaje que me interesaba. Mi escritura tenía mucho de juego en la que tanto valía la experiencia como la lectura.

¿El asombro ante esa anomalía, esa chica de 16 años que publica poemas, ha sido finalmente bueno o malo para su consideración crítica? No lo sé. Después de mi primer poemario, ‘Mi primer bikini’, seguí escribiendo con lentitud y reflexión. De todas formas, en poesía la precocidad es habitual. Por lo menos desde que yo tengo memoria, Carme Jodra ganó el Hiperión con 19 años y Luna Miguel publicó en mi editorial más o menos con esa edad.

¿Tiene la sensación de haber abierto camino a una joven generación de mujeres poetas? Yo creo que ocupé el papel de mujer barbuda, por así decirlo, que se ha dado por relevos en la poesía española desde los 80. Era el nombre femenino en la lista de poetas hombres para que nadie diga que no hay mujeres. Quizá en los últimos tiempos ocurre en menor medida. La situación no es ni mucho menos igualitaria, pero por lo menos hay muchas voces que se quejan.

El pasado año su editor, Chus Visor, la mencionaba cumpliendo ese papel. Diciendo que por una Elena Medel hay cinco hombres poetas y añadiendo que "la poesía femenina española actual no está a la altura de la masculina". Por supuesto que lo está. Yo trabajo como editora y leo a muchísimos poetas nuevos. Y me parece que el nivel de las mujeres, por lo menos de las que yo recibo en mi sello, es mucho mayor, con más riesgo y más calidad. En generaciones anteriores hay nombres de primerísima fila como Chantal Maillard u Olvido García Valdés, por mencionar a autoras refrendadas por premios, y si empezamos a rascar salen nombres como María Victoria Atencia o María Teresa Cervantes.

Pero no hay una equiparable a Machado o a Lorca. Claro, porque las mujeres no tenían entonces acceso a la cultura y a la educación. Lucía Sánchez Saornil, que para mí es la gran poeta de la generación del 27, tuvo que dejar de estudiar para mantener a su familia. Eso les arrebató cualquier posibilidad de aprender y de escribir.

A la hora de abrir camino también lo ha hecho con su editorial. Me gustaría pensar que está creando un espacio alternativo para propuestas que de otra forma quedarían orilladas. De todo lo que hago, lo que más me satisface, más que la escritura, es mi labor como editora en La bella Varsovia. Allí he apostado por libros que trabajan el lenguaje, por miradas atípicas y voces femeninas. Ahí está Ana Rossetti, que para mí es una referencia, o gente más desconocida, como Irati Iturritza, una poeta espléndida que se lo está tomando con calma y seriedad.

¿La poesía tiene que ser el reflejo de la sociedad desde la que se escribe? Es imposible escribir obviando lo que está ocurriendo. Me interesa la poesía que mira la realidad pero es capaz de hacerlo desde ópticas inéditas, poco transitadas o incómodas.

¿Su poesía se puede definir como política? En ‘Chatterton’ [premio Loewe] había un posicionamiento por la voz femenina. Es un poemario rotundamente feminista, sin ningún tipo de complejo.

En su último libro, 'El mundo mago', dijo que Machado tuvo la habilidad de tocar los grandes temas. ¿Cuáles serían en su caso? Hay algo que atraviesa mi escritura y es la identidad. La forma en la que nos construimos y la forma en la que nos construyen. Ese sería el tronco, después salen muchas ramas. Para mí es inevitable escribir desde mis circunstancias. Yo nací en una ciudad pequeña del sur de España, vivo en una ciudad grande [Madrid] camino de la deshumanización. Vengo de una familia de clase media muy humilde. Soy trabajadora precaria porque trabajo en el sector de la cultura. Para mí es inevitable escribir desde esa conciencia.

Y de nuevo un premio, el Princesa de Girona, que apela a su precocidad. ¿Qué siente? Pues una mezcla de gratitud y de asombro por el hecho de que el jurado decidiera premiar la poesía, una disciplina a la que se acusa de ser casi invisible y de no tener apenas lectores. Está bien que alguien considere que la poesía no es la hermana pobre de la literatura y también que hayan valorado mi labor como editora.
ELENA HEVIA
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