Verso y metaverso: la poesía persistente de Jesús Maroto

Fuente: https://www.abc.es/espana/castilla-mancha/toledo/antonio-lazaro-verso-metaverso-poesia-persistente-jesus-maroto-20221122072637-nt.html Solo el verso puede frenar el metaverso, reconducirlo en términos de humanidad, de comunicación, de crecimiento humano, de verdadero progreso». Si abril es de Jorge Manrique, noviembre puede ser de Chet Baker, el mes del jazz, 'automn in Paris o New York', pero sigue siendo de la poesía. Un año más, la estación llueve su oro sobre nuestras cabezas y, como niños, nos vemos dando patadas a las castañas caídas por las avenidas de los parques. Huele a café y a leña en las esquinas y acaba de aparecer el nuevo libro de Jesús Maroto, 'No hemos perdido nada'. Nuevamente, en el sello Celya, en la colección 'Generación del Vértice', que conduce y cuida con tino desde Toledo el también poeta (además de editor) Joan Gonper. Se trata del decimoséptimo poemario de Jesús Maroto, que recapitula su obra en uno de los poemas, y entiende que puede marcar un punto de plenitud en su trayectoria. Bajo la advocación de un verso de Pablo Neruda, que da el título, recoge citas y homenajes de otros 10 o 12 poetas, y hasta construye un poema con frases de un poeta joven, apuntando a un relevo, garantizando un futuro para la poesía (en sintonía con su celebrada antología de poetas jóvenes Inmaduros 26). «Cristian (Lázaro) es uno de los jóvenes poetas que evitarán que la poesía del futuro enmudezca», escribe. Después de ensayar unos cuantos goles con las castañas entrando entre las patas de los bancos, nos fumamos un puro en recuerdo de Jean Luc Godard, el genial poeta de la imagen que nos acaba de dejar con una filmografía acaso más amplia que la de John Ford, innovadora hasta el último aliento. Y celebramos los poemas de Maroto en un momento en que eso que se autoproclama 'metaverso' apunta a querer engullirlo todo (y a todas y todos) en su insaciable vientre digital. En esta nueva brecha de la realidad, o cambio de paradigma, lo banal descubre su horror y el horror se banaliza. Hemos vivido unos cuantos cambios tecnológicos: la radio/altar, la radio/patio, el transistor portátil, la tele en blanco y negro, la tele con uhf, la tele a color, el pinball, los marcianitos, el audiocassette, el VHS y el Betacam (ese video que nunca pudo eliminar a la estrella de la radio), la máquina de escribir eléctrica, el ordenador sin disco duro (con disquetera externa), el PC culero, el extra fino, el portátil, la motorola, los esmarfones (androides o aifones)… Parecía que estos cambios apuntaban a hacernos todo más fácil y a intercomunicarnos mejor. Sin embargo, asistimos a una nueva edad media, con muros y fosos de silencio y cenas y reuniones autistas, donde todo el mundo está enfrascado en su teléfono móvil. Por no hablar del control social y la manipulación de las mentes. Hasta un punto en que Matrix, como la secuela nos ha permitido apreciar, no era sino una fábula casi infantil, y hasta un poco camp, acerca del lado oscuro y la voracidad ilimitada de la tecnología. En el metaverso, lo que circula es prosa, generalmente de nula calidad, malintencionada y fría, como un libro de contabilidad. Solo el verso puede frenar el metaverso, reconducirlo en términos de humanidad, de comunicación, de crecimiento humano, de verdadero progreso; es decir, de corazón. Imaginemos comandos de poetas bohemios enfrentados a los clónicos tipos de negro, estrofas reventando drones y robots. Alguien ha escrito, Borges creo, que un solo verso feliz puede justificar una poética. Un verso veraz puede más que toda la verborrea y el ruido del metaverso mendaz. Y Jesús Maroto nos sigue ofreciendo muchos versos veraces y felices, en su línea de hacer de la vida poesía y poesía de la vida. Trovador exiliado de una corte poética bajomedieval, canta el amor y la amistad desde la hora presente, y no esconde el dolor, la empatía con el sufrimiento, el anhelo de un mundo mejor. No hay concesiones, no hay impunidad ni amnistía para uno mismo. Me permito transcribir uno de los poemas del libro, 'Frente al espejo': Se trata/de no hacer más daño/del que ya se hizo./De no ser más cruel/de lo que ya se fue./ Con nosotros mismos/hablo./A los demás/ya se les pidió perdón./Se cumplió la penitencia. Sin alardes eruditos, Maroto integra en su praxis de la poesía no solo el mejor acervo del siglo (XX y XXI), sino toda su inabarcable historia. Así, encontramos, como dos gemas casuales o dos delicatesen fuera de carta, unos acrósticos, algo tan infrecuente desde La Celestina, Jorge Manrique o Cervantes. Sí, esos poemas que transmiten un nombre o una frase juntando sus primeras letras. Son dos y llevan el género a su límite de expresividad sintética: MAR y TOLEDO. Este último se titula 'Amanece muy doblado': Tus Ojos Luminosos En Días Oscuros En un libro de madurez, como este 17º, el poeta desvela algunos de sus recursos, un poco como el mago sus trucos, consciente de que ni él mismo conoce el don último de su magia o poesía. Y se nos presenta como un tahúr de metáforas: Suelo guardar/en la manga/metáforas/todoterreno/por si el poema/se complica. Sí, a pesar de todo, nos quedan unas cuantas cosas buenas: las pelis de la 2, el jazz en youtube, los anocheceres sobre el mar Menor, las caras de las rocas reflejadas en el Júcar, una mano amiga, la tertulia de los miércoles, el recuerdo de los viajes que hicimos y de los que aún haremos. Y nos queda 'Nada que perdonar', el nuevo libro de Jesús Maroto. SOBRE EL AUTOR ANTONIO LÁZARO CEBRIÁN