Ciudad Juárez en la poesía

Fuente: https://diario.mx/opinion/ciudad-juarez-en-la-poesia-20220618-1942300.html Carlos Urani Montiel nos llevó por seis horas a un recorrido por la ciudad, sus poetas y su poesía. Faltaron horas para extender la travesía por la frontera, por el barrio, por el puente negro, por el desierto, por el río Bravo, por la Mariscal, por la Juárez, por las vías. Quizá no hubo tiempo para detenernos en El Recreo, en el Kentucky, en La Brisa, en cada esquina de esta ciudad que avienta la impresión que desfallece lentamente pero que quién sabe cómo le hará para mostrarse briosa, de repente. Sí, el tiempo se disipó como algodón en boca de goloso en un día de feria, pero Carlos Urani Montiel nos llevó por seis horas a un recorrido por la ciudad, sus poetas y su poesía. Desde los mitos fundacionales de la ciudad hasta algunos de los jóvenes poetas juarenses que ya barajan sus estrofas y las desparraman como Juan por su casa, como debe ser. Se trató de un curso “Saberes” para profesores de la UACJ. Y vaya de lo que se perdieron los que optan por los cursos para reducir el estrés o “piense y hágase rico” o los que se acogen al “buen emprendedor pocas palabras”. Ciudad Juárez en la poesía, en cambio, se cocinó aparte. Bajo la guía de Urani, le echamos un ojo a todo un arsenal de posibilidades de significación, desde los poetas que quieren hacerle competencia al autor del ‘Brindis del Bohemio’ y juntan lugares comunes para lanzarlos como maíz para las palomas, hasta poetas juarenses complejos, que ponen a sudar cualquier posición hermenéutica que quiera emplearse con ellos. Porque aunque todos tenemos una concepción de lo que la poesía es y con frecuencia traemos a colación la inspiración de las musas y el canto de las sirenas, quizá valga la pena evocar, de vez en cuando, los vínculos originarios del vocablo. Poesía es creación. El pollo, el huevo, la creatura. El poeta crea o recrea un espacio y, también, hace parir al tiempo. Nada en poesía es lineal. Quizá, la mejor poesía es fisura, transgresión, ruptura. No hay, a diferencia del discurso “lógico” o tópico, ningún nexo necesario con alguna robusta sustancia axiológica, ni conclusiones que se deriven de premisas establecidas. En la misma línea, a diferencia de lo que se piensa con frecuencia, el poeta no es un artista que necesariamente refleje la realidad. No, poca cosa sería si se convirtiera en un vulgar notario de lo que lo circunda o de los hechos brutos que testimonia. Tampoco la poesía tiene porque ser edificante. No le corresponde dar lecciones sobre “lo correcto”, mucho menos ser súbdita de la actitud de las buenas conciencias. Que el puritanismo se busque otros cauces y fuentes que le vengan mejor. Cuando Carlos Urani Montiel reúne poquito más de cincuenta voces bajo el criterio cronológico, articula un instrumento de bolsillo que se llama “Ciudad Juárez en la poesía” y extiende un loable trabajo de divulgación literaria y fomento a la lectura, uno de los objetivos principales de Juaritos Literario. No alcanza el espacio para mencionar los títulos de la selección que el cuadernillo trae consigo. Es una antología muy bien lograda que busca la identificación y el despliegue de la frontera en cada pieza. Para cerrar el artículo abro al azar el librito y en la página 31 salta un poema de Arminé Arjona que me deja sin palabras: Elegía (1997) (Por un grito que desgarró el silencio de la noche) La ciudad nos pudre en su violencia el desierto calienta con sus balas bajo un sol cubierto de vergüenza que enrojecido cae en la batalla. La ciudad se asfixia lentamente cuando tú la atrapas en tus garras, noche triste, relámpago de fuego, ojo feroz, reflejo de metralla. La ciudad se muere poco a poco no hay auxilio que llegue a rescatarla. Engullida por la bestia y sus demonios fría y cruel esta cacería humana. La ciudad está descuartizada: cada quien su trozo de violencia. Jesús Antonio CamarilloAcadémico