Del tiempo y sus caminos (52): María José Mielgo Busturia: escritora y editora

Fuente: https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/centenario-quijote/abci-tiempo-y-caminos-52-maria-jose-mielgo-busturia-escritora-y-editora-202203212144_noticia.html La editorial bilbaína Literarte viene de la mano de María José Mielgo Busturia, editora asimismo de la revista del mismo título que su editorial. Junto con este noble y eficaz trabajo en la edición de libros y de la revista, la mencionada editora es una escritora cuyo género literario es la narrativa y también la poesía. Entre sus obras narrativas están estas colecciones de relatos tituladas respectivamente 'Las ventanas de la vida' y 'Como la vida misma'. En la colección 'Las ventanas de la vida' nos encontramos con que ella abre las ventanas de su mirada y las abre para nosotros. Por añadidura, en este volumen, hay un relato titulado La ventana de la vida, que lo es, sin duda, como lo son los demás. María José observa, abre las ventanas de la mirada, que, en su caso, son también las ventanas del corazón. Y esto es así porque, en ella, el escrutinio, la observación del detalle, no están reñidos con la empatía. Se muestra observadora, atenta al detalle, crítica en ocasiones, pero también evidencia que es capaz de poner su corazón junto a los otros. Sabemos que, poeta, uno de sus poemarios es 'Corazón ardido'. Y un corazón que arde puede ser todo menos indiferente. El de María José mira, observa, arde con lo que ve y lo que vive y luego nos lo cuenta. Formando un conjunto armónico, los relatos son diferentes unos de otros, no sólo diferentes en cuanto a personajes, escenarios y situaciones: son diferentes en longitud también. Y esto no es cuestión trivial, sino que revela no sólo cuantitativa, sino cualitativamente, el proceso de la mirada. Así, los relatos de cierta longitud vendrían a ser el equivalente de una observación detenida, minuciosa, como 'Alianza rota', entre otros ejemplos, mientras que los breves y brevísimos son, con idéntica lucidez, destellos de percepción y fogonazos de significado: véase Instante entre otros de este cariz. Pero las diferencias no terminan aquí. Existen diferencias importantes de tono y perspectiva. Se alternan relatos narrados en tercera y primera persona, vivencia producto de mirar hacia adentro y vivencia producto de mirar hacia fuera, hacia las vidas de los otros, que, repetimos, no anda huérfana de empatía. La realista descripción de personajes y situaciones cotidianas se alterna con esos toques de lo inexplicable que acompasan tanto la literatura como nuestra propia vida. Por añadidura, el tono esperanzador y vitalista de algunos relatos contrasta con la mirada escéptica, desengañada a veces, de relatos de amores rotos y fracasos varios. Entusiasmo y voluntad de lucha conviven con soledad y dolor. Sí, dolor. Ninguna realidad humana está exenta de él. Una mirada a la realidad sólo es fiable si no cierra los ojos ante el dolor. Y la de María José, desde luego, no los cierra. La escritora lo percibe, lo reconoce en los otros y lo vive en sí misma. Y nos lo muestra sin endulzarlo. A veces, eso sí, con toques de humor, donde la sorpresa y la ironía son vehículos que transportan lo sombrío y lo doloroso. Mas no se crea por ello que lo sombrío y lo doloroso nublan el panorama. No: ellos, parte esencial de la vida, pueden incluso darle a ésta mayor energía, mayor impulso. Así lo muestra nuestra escritora en alguno de los relatos en los que sus sueños y su voluntad luchadora no sólo vencen los obstáculos, sino que, precisamente, salen por éstos fortalecidos. La vida misma, con sus negruras y sus sombras, no le rompe el canto a María José Mielgo, al contrario, conforman una unidad con lo que es la vida humana, las experiencias vitales, y todo ello con la lucidez de la mirada, de la visión. POR BEATRIZ VILLACAÑAS