Selección del libro "Caravana de sobras"

Fuente: https://heraldodemexico.com.mx/cultura/2021/7/27/seleccion-del-libro-caravana-de-sobras-319772.html El poeta y fotógrafo nos comparte un fragmento de su texto ganador del Certamen de Literatura “Sor Juana Inés de la Cruz”. Selección de textos del libro "Caravana de sobras", publicado en la colección Letras. Poesía, por el Fondo Editorial del Estado de México, de la Secretaría de Educación del mismo estado, en 2014. Este trabajo obtuvo la mención honorífica en poesía en el Certamen Internacional de Literatura “Sor Juana Inés de la Cruz”, convocado por el Edomex, en 2013. El jurado estuvo integrado por Héctor Carreto, David Huerta y Eduardo Langagne. He de ser un errante y he de andar vagando sobre la tierra. ¿Hacia dónde va la mirada del mar? Existían peores lugares para un errante sin trabajo. En 1880 el Mar Rojo era el corazón vacío y fragmentado de dos imperios: el británico, amo y señor de la puerta de entrada y salida (el canal de Suez y Adén), que mantenía su presencia y el orden en la costa africana gracias al estrecho de Bab el Mandeb, la puerta de las lágrimas; y el francés, con un árido Adén situado en el golfo de Tadjoura: un montón de chozas de adobe sin apenas vegetación apreciable y una minúscula guarnición de soldados febriles. La colonia de Obock sufría el continuo asedio de la tribu de los danakiles, cuyo principal objetivo en la vida era matar un perro rabioso (un hombre blanco). Seis meses antes de que llegara Rimbaud a la región, el gobierno francés aconsejó a los colonos que no esperasen ayuda o protección alguna. Seis meses antes de que llegara Rimbaud a la región, el gobierno francés aconsejó a los colonos que no esperasen ayuda o protección alguna. Obock era simplemente un depósito de carbón de la ruta de Indonesia. Por la misma razón, Adén no dejaba de ser un dominio del imperio británico en la India. El Mar Rojo empezaba a despertar interés por sí mismo… …Rimbaud se pasó dos meses vagando por el Mar Rojo sin encontrar trabajo, presa de una creciente desesperación. Desembarcó en Suakin, lugar de las rutas de caravanas que estaban agotando el oro y el marfil en Sudán, y luego se desplazó a Masawa, un puerto próspero que pertenecía al tambaleante imperio egipcio y que se encontraba al borde de la ruina: el interior estaba dominado por el emperador abisinio Juan. Después desembarcó en Hodeida, un lugar devastado, donde sorprendentemente se mantenía una pujante actividad comercial: perlas, especias, tabaco, café y esclavos. En este lugar enfermó. Se había quedado sin dinero, sin trabajo y sin amigos. Finalmente le sonrió la suerte. Un francés llamado Trébuchet lo llevó al hospital. Trébuchet trabajaba para una de las cuatro firmas francesas que operaban en la región, y lo recomendó a Alfred Bardey. Lo embarcó con destino a Adén, donde comienza esta odisea. En Hodeida La noche se desliza sobre la arena y llega el júbilo de los indígenas. ¡Oh brisas en la frente del viajero! ¡Oh belleza lunar! Y no es necesario cantar entre lágrimas. Cercano está el florecimiento del fuego y la palabra se ilumina. Brilla el lindero de la ausencia en los ojos de los lagartos que duermen en los árboles de fósforo. Ha viajado, ha visto, más el aburrimiento alarga su mano en los reinos de las dunas y la pena viajera lleva su manto que lo cubre. Todo se desvanece en el nacimiento de los cismas y el cielo es una sombra por donde se alza la sal de sus lágrimas. Cae a flor de abismo en el derrotadero de sus impulsos. Ha llorado toda la noche, y está aquí, enfermo, sin dinero, sin trabajo y sin amigos. ¿En qué parte quedó la mesa de la abundancia? ¡Oh miseria! Apaga tu lámpara y déjalo dormir. I Rimbaud en Abisinia El sol entra en Leo y el Extranjero ha puesto su dedo en la boca de los muertos. En Adén El pueblo alberga a Rimbaud. Supervivencia en el relámpago. Allí supervisa el empaque del café, las cuentas y la disciplina de los trabajadores, donde recibe un reducido salario de cinco francos. Da órdenes en árabe y se hace respetar, le apodan Karani: el malvado. La tierra se levanta, el paso de la nube corre entre el cielo vivo ¡y el fuego armado siempre dirige! En las calles se venden platos especiados, café tostado y los mercados están llenos de frutos desconocidos que llegan de Abisinia. La brisa es caliente en los muros, su corazón y su cuerpo están entrelazados de muerte. Sentado entre la pluma del umbral escribe entre cantos de leprosos: Siempre se espera una tormenta que venga a perseguir los cielos, un agua de bosques celestes que se pierda por estas vírgenes arenas, un vendaval de Dios que arroje su granizo milagroso, ya que Adén es una roca monstruosa. No hay ni un solo árbol, ni siquiera seco, ni una brizna de hierba, ni un trozo de tierra, ni una gota de agua dulce. Es el cráter de un volcán apagado con el fondo lleno de arena de mar. No hay absolutamente nada que ver o tocar excepto la lava y la arena, las cuales son incapaces de producir ni la más mínima vegetación. Los alrededores son un desierto de arena de una aridez absoluta. Pero aquí las paredes del cráter impiden que entre el aire y nos asamos en el fondo de este agujero como en un horno de cal, y estoy como un prisionero. Sólo un maldito puede buscar vivir en un infierno semejante. La lámpara refleja su rostro que parece una máscara de cuero. Espera el ardor del viento y se encuentra abrazado de los signos más fastos. Camina despacio, entre murmullos dice: senderos del aire: autoridad del águila sobre los signos del polvo. ¡Ah, viajero en la niebla ensangrentada!, predilección del espíritu, por el antílope poseído. Su voz de angustia se cubre de musgo y se aleja entre el amanecer. La sombra de un gran insecto cubre su rostro. Por Rubén Rivera