Coñac, cigarros, comunismo: los poemas secretos de una joven Wislawa Szymborska

Fuente: https://www.elespanol.com/cultura/20200617/conac-cigarros-comunismo-poemas-secretos-wislawa-szymborska/498201509_0.html Canción negra', recién publicado en castellano, recoge los poemas perdidos y más revolucionarios de la Nobel cuando sólo tenía veinte años y aún no se había desencantado de la revolución. “Soy como el pan negro de cada día”, escribía. Coñac, cigarros, chocolatitos. A menudo, Wislawa Szymborska aparece en las fotos envuelta en la humareda de su propio tabaco -algo enigmática, algo escéptica-, como si fuera una especie de aparición, como si saliese de su propia tarta en un cumpleaños sorpresa, y en el fondo no dejaba de ser así: a pesar de la amargura de la joven que vivió la Segunda Guerra Mundial, que vio morir a novios y primos, que se dejó encandilar por la revolución y luego se arrepintió de sus dos primeros libros “panfletarios”, Wislawa era una autora celebratoria, irónica, divertidísima, suspicaz, una escritora feroz que nunca se dio mucha importancia a sí misma y volcó en los instantes -en los poemas- más cotidianos una parte inmensa de juego. La Nobel de 1996 fue una mujer terriblemente protectora de su vida privada: no quería resultar pornográfica. Ya de pequeña sólo le contaba todo a su muñeca de trapo -porque con esas “barbies horrorosas de ahora, ¿de qué se podría hablar? ¿De tonos de uñas?”-. Sudor y sangre costó membrarle la biografía -Trastos, recuerdos (Pre Textos), aun llena de preguntas, de sugerencias nunca conclusas, dejando ¡tanto! a la imaginación… Quizá porque siempre tuvo clarísimo que lo personal es político -como acostumbra a mantener la izquierda-, y sabía que, leyéndola con atención, no era tan complicado encontrar guiños sobre sus pasiones y sus dolores. Sobre su manera soberana de cambiar de idea, incluso estando irremediablemente anclada al mundo. Lo escribía en Hijos de la época: “Somos hijos de nuestra época / y nuestra época es política. / Todos tus, mis, nuestros, vuestros / problemas diurnos, y los nocturnos / son problemas políticos. / Quieras o no, / tus genes tienen un pasado político (…) Cuanto dices produce una resonancia / cuanto callas implica una elocuencia / inevitablemente política. / Incluso al caminar por bosques y praderas / das pasos políticos / en terreno político (…) Los poemas apolíticos también son políticos”. Decía que política era también la elección de las palabras, por eso huía de las “arcaicas”, de las “grandilocuentes”. Decía que la poesía supratemporal era “una ilusión idiota”, porque cada lenguaje deriva de forma exacta dónde nace uno y cuándo nace. Decía que a casi nadie le gusta la poesía: que, sin contar a los poetas, le gustará a dos de cada mil personas. Y de qué forma: “Les gusta, / como también les gusta la sopa de fideos / como les gustan los cumplidos y el color azul (…) Como les gusta salirse con la suya”. Lorena G. Maldonado