Se apagó la luz de un poeta querido - Honduras

Fuente. http://www.elheraldo.hn/vida/820842-220/se-apag%C3%B3-la-luz-de-un-poeta-querido

"El mundo está plagado de pequeños detalles, no siempre visibles a primera vista. Ajeno yo no soy a estas minucias, y esto, solo esto es vivir, sabedlo", escribió Rigoberto Paredes en uno de los versos de su penúltimo libro "Partituras para cello y caramba".

El poeta ya no podrá disfrutar de esos pequeños detalles, porque su corazón dejó de latir ayer en la mañana, un día más de los varios que su familia y amigos seguían esperando su recuperación, luego que una caída le provocara un trauma cerebral que al final lo llevó a la muerte a la edad de 67 años.El autor con su trabajo siempre permanente y su personalidad única logró hacerse un "huequito" en los corazones de muchos que hoy sienten su partida, porque ya no habrá tertulias, ya no compartirán versos ni anécdotas.El pasado 13 de febrero, en su Café Paradiso, presentó el que sería su último libro: "Irreverencias y reverencias", que era una de las tres obras inéditas de poesía que tenía listas para publicar; los otros se llamarían "Nada que valga la pena" y "Obra póstuma".El poeta Rolando Kattán recuerda que, riéndose, don Rigoberto le decía: "'Obra póstuma' es un título para muertos, pero yo lo quiero titular así".El sábado 28 de febrero, a través de un programa de RDS Radio, el poeta expresó las que serían sus últimas palabras a la audiencia.Su trayectoriaNacido en Honduras en 1948, publicó la mitad de sus libros en los últimos diez años. Entre sus primeras obras están "En el lugar de los hechos" (1974), "Las cosas por su nombre" (1978), "Materia prima" (1985) y "Fuego lento, antología personal" (1989); a inicios de este siglo publicó "La estación perdida" (2001) y "Obra y gracia" (2005), en la última década publicó, entre otros, "Segunda mano" (2008), "Lengua adversa" (2011) y "Partituras para cello y caramba" (2013), quedan dos libros inéditos.Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés, francés, italiano y portugués.Durante el tiempo que vivió en Barcelona, España (donde fue catedrático), tuvo la oportunidad de ser coautor, junto con Roberto Armijo, de la antología "Poesía contemporánea de Centroamérica", publicada en 1983.Don Rigoberto fue miembro de grupos literarios como Tauanka, de Tegucigalpa, y Punto Rojo, de Colombia. Fue galardonado con el Premio Itzamná de Literatura, otorgado en 1983 por la Escuela Nacional de Bellas Artes; también obtuvo el Premio Nacional de Literatura. Aparte de poeta, fue editor y director de "Alcaraván", la revista cultural más importante que se haya producido en Honduras, además de "Imaginaria"; también fue fundador de Editorial Guaymuras, Editores Unidos y Ediciones Librería Paradiso.Escritor de oficio, decía que en Honduras es difícil que le reconozcan a los autores una trayectoria, "no estamos preparados para eso, entonces debes tener una tenacidad tremenda para persistir, si no la tienes te quedas y lo que hiciste ya estuvo", expresó en una ocasión en que EL HERALDO lo entrevistó para hablar de la literatura hondureña.El poeta Salvador Madrid escribió en su espacio Viceversas, de la revista dominical Siempre, que "el humor y el amor, el erotismo, el hastío y la desidia, la amargura de un mundo que niega rotundamente la sensibilidad y, desde luego, la hermosura de los instantes que el hombre, pese a todo, es capaz de robarle a la existencia, son aliciente y cantera de la poesía de Paredes".A consideración del escritor Eduardo Bähr, Paredes fue uno de los poetas más conspicuos, de mayor talento y sensibilidad de su generación, la de la postguerra, "trataba de poner al servicio de la literatura el dominio absoluto del idioma, eso significa que era un hombre culto, tenía bien claro que para ser escritor y poeta se necesita forzosamente tener la seriedad suficiente para estudiar la literatura a fondo, minar el idioma y ser responsable con lo que se escribe", dijo Bähr.El escritor resaltó que don Rigoberto trató el tema amoroso, el más universal, con personalidad propia, lo suficientemente clara como para que trascendiera lo bello y hermoso, "también podía fácilmente dirimir ante cualquier lector el tema social sin abusar y sin llegar a las fronteras con la pancarta, porque eso suele ser vulgar e irrespetuoso".Para Salvador Madrid, la muerte de su amigo incondicional es una profunda pérdida, con él unió esfuerzos por la lucha de la cultura. "Rigoberto Paredes es de esas voces fundacionales de la poesía hondureña; gran lector y creador de una poética única, reveladora y novedosa, con ese tono sarcástico y letal; una poesía de este mundo y de este tiempo donde es esencial la experiencia y el decir algo trascendental porque pertenece a la realidad pura".Calidad humanaLos escritores más contemporáneos ven en don Rigoberto a un hombre de gran generosidad, que no guardó en la caja fuerte del egoísmo todo su conocimiento, sino que lo compartió, sembraba la semilla para ver crecer muchos frutos. "Nadie había leído tanta poesía en este país y si me equivoco (que no creo), nadie tan memorioso como él, y si me equivoco (que no lo creo), nadie tan generoso, nadie más hizo de su sabiduría un árbol de frutas, ramificado siempre a la casa vecina", señaló Rolando Kattán.Mientras que el poeta Néstor Ulloa expresó que "Rigoberto Paredes es el padre de mi generación, que en el inicio no éramos más que un grupo de jóvenes entusiasmados con la poesía, el amigo cercano que siempre estuvo presto a escucharnos, que nos acogió y brindó un espacio en Paradiso, junto a doña Anarella; que disipó nuestras dudas, que leía nuestras obras y nos aconsejaba, nos recomendaba lecturas y prestaba libros. Rigo, el 'poeta querido', es piedra de toque y voz fundamental para la literatura hondureña".Y como dijo Madrid, don Rigoberto era un puente generacional que impulsaba a los nuevos poetas, "animándolos sin egoísmos".María Eugenia Ramos también fue una de las escritoras apoyadas por el poeta Paredes, "siempre le estaré agradecida por haber publicado mi primer libro, casi inaugurando la casa editora Paradiso que fundó a finales de la década de los ochenta. Él ya no está, pero su memoria quedará por siempre en la nueva poesía y en la cultura hondureña", dijo.Cerramos estas líneas, que son pocas para dejar impresas todas las palabras expresadas por tantas personas ante la muerte del poeta, pero quedan estas que dijo el poeta Rolando Kattán: "El discurso no es ese, 'que nos quedan sus libros' no, perdimos al poeta, y nuestro futuro queda maltrecho, siempre maltrecho, lo que no dijo Molina, lo que no dijo Domínguez, lo que no dijo Merren, lo que no dijo Bulnes, lo que ya no dijo Rigoberto, no lo dirá nadie y lo necesitábamos".Los restos mortales de don Rigoberto Paredes están siendo velados en la funeraria San Miguel Arcángel, de la colonia Alameda; hoy a las 4:00 de la tarde será el sepelio en Jardines de Paz Perpetuo Socorro, ubicado en la salida al norte de Tegucigalpa.¡Descanse en paz, poeta!
Samaí Torres