Monográficos  de Elizabeth y Robert Browning

Monográfico de Elizabeth y Robert Browning

<^Seagirl^> Así que vamos ya, todos con flores a María.
<^Seagirl^> Digo con flores con anuais-, que esta
<luzmarina> jajajaa
<^Seagirl^> noche nos va a presentar la primera parte
<^Seagirl^> de una bella historia de amor, de Elizabeth y Robert Browning
<^Seagirl^> la biografía de estos dos grandísimos poetas
<^Seagirl^> a los que tenemos el placer de dedicar
<^Seagirl^> este recital:
<^Seagirl^> Robert y Elizabeth Browning.
<^Seagirl^> Cuando quieras, anuais- :)
<anuais-> gracias voy:)
<anuais-> permiso
 
Elizabeth y Robert Browning
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Déjame que te cuente una historia de amor que comienza entre amarguras y canciones de esclavos en Cinnamon Hill, la Colina de la Canela, en tierras de Jamaica.
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Allí tenía sus plantaciones Edward Barrett y desde allí tomaron el barco en 1795 para ser educados en Inglaterra sus tres nietos, dos niños y una niña.
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El mayor de los tres, Edward de nombre como su abuelo, fue enviado a Harrow, la famosa escuela privada y posteriormente ingresó en Trinity Collage en Cambridge.
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Él había de ser, tras las oportunas muertes de sus tíos, el principal heredero de una vasta fortuna.
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Era aún un estudiante en Cambridge cuando declaró su amor a Mary, la hija mayor de John Graham Clarke, un rico comerciante de Newcastle muy amigo de la familia Barrett.
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La diferencia de edad –él tenía 18 años y Mary 25- le supuso encontrarse con ásperas dificultades, pero las venció todas.
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Su determinación de salirse siempre con su voluntad y de dominar férreamente a su familia se ha convertido en leyenda, acaso en ocasiones exagerada.
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De que era un hombre de absoluta rectitud no puede caber duda.
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Pero se había visto rico desde muy joven, era el producto de numerosas generaciones de dueños de esclavos, se había visto mimado desde la infancia y el ejercicio del poder le resultaba connatural, máximo cuando él lo veía confirmado por sus obligaciones familiares y santificado por su fe.
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En palabras de su hija: "Consideraba su obligación el gobernar como los reyes de la Cristiandad: por mandato divino."
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Podía esperarse que la influencia de una mujer que era siete años mayor que él habría de suavizar su carácter, pero los que confiaron en ello se vieron defraudados.
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Mary era, nos confiesa su hija, "una de esas mujeres que nunca son capaces de resistir... era demasiado femenina; tal vez ése era su único defecto."
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Más no olvidemos que, además, tener doce hijos en diecinueve años tuvo que ser un factor muy importante para contribuir a debilitar cualquier manifestación de resistencia por parte de Mary.
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Los jóvenes esposos se establecieron en Coxhoe Hall, una propiedad del padre de la novia, en e condado de Durham, y allí, el 6 de marzo de 1806, a las siete de la tarde, nació nuestra Elizabeth Barrett.
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Como primogénita, y por su carácter gracioso y divertido, se convirtió muy pronto en el centro de atención del hogar.
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Su tío Samuel Barrett la adoraba y a su muerte, relativamente temprana, dejó a su favor personal y exclusivo inversiones por valor de cuatro mil libras, una auténtica garantía de independencia de por vida y que tan importante le resultó más adelante a la hora de huir de su casa paterna.
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En 1810 la familia se trasladó a la finca de Hope End, cerca de Lendbury, entre las colinas de Malvern, en el oeste de Inglaterra, y esa finca fue la mansión familiar durante los veintidós años siguientes.
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Allí fue creciendo Elizabeth, entregada desde muy niña a la lectura y a la creación de poemas y de pequeñas obras teatrales que representaba en casa con la ayuda, cada vez más numerosa, de sus hermanos.
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El 5 de octubre de 1843, en carta al editor Richard Horne, recordaba así sus años en Hope End:
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"Vivíamos en esta época no lejos de Malvern, en una soledad en la que mis lecturas y mis pensamientos eran mi única diversión.
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Es una región muy bella, que constituyó para mí una soledad feliz que no puedo recordar sin que mi corazón se emocione.
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Allí pasé mis crisis de entusiasmo por Pope, por Byron y por Coleridge. A la sombra de los árboles leía a mis autores griegos con la misma serenidad con que lo hacen los estudiantes de Oxford en la Biblioteca Bodleiana.
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Platón y los grandes trágicos poblaban con visiones mi imaginación..."
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También quedó marcada su imaginación para siempre por la belleza de los jardines y bosques que rodeaban la casa, por el cambio de las estaciones y por los espectáculos de la naturaleza, tan sobrecogedores a veces como en aquella ocasión en que:
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"...se desencadenó la tormenta de las tormentas...cayó un rayo sobre un árbol frente a mis ventanas y su corteza fue desgajada de arriba abajo, destrozada en largas tiras por las horribles manos fulgurantes y lanzada por el aire sobre las copas de los otros árboles...
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Todo el tronco quedó desnudo y pelado y por toda aquella nueva blancura suya se destacaba la marca del dedo del rayo con un brillante y hermoso color rosado:
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el color de la fiebre, señal de una muerte cierta, aunque las ramas habían quedado intactas y se extendían sobre el tronco pelado con todo el esplendor de su follaje; ¡y a las tres horas, ya estaban los pájaros cantando en ellas!"
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Entre constantes lectura, contacto con la naturaleza y una vida interior llena de fuera iba creciendo la niña con un interés inagotable por la poesía.
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Resultaba asombroso encontrar en sus cuadernos, escritos con su cuidadosa letra infantil, poemas como "Aníbal atravesando los Alpes" en el que, con ocho añitos, describe así el efecto sobre el ejército cartaginés de los ataques con piedras desde las montañas:
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De escarpadas laderas soldados y elefantes
cayeron a las aguas o a solitarias cuevas
donde por todas partes surgían horribles enemigos;
terribles sentimientos entre luchas y miedos,
allí donde no llegan los cantos de la alondra
y la Muerte los hace destino de su sangrienta flecha.
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Y su agudeza no se limitaba a estas actividades poéticas.
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Muchas de estas composiciones van acompañadas de pequeñas notas como la siguiente, también de 1814:
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"Querida mamá,
te ruego que aceptes esta pequeña obra por tres chelines y que hagas copias para vendérselas a las amistades.
Tu querida hija.
Elizabeth Barrett.
Nota: Todavía me debes 8 chelines por otras cosas. "
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Escuchémosla escribiendo el 5 de octubre de 1843, al editor Richard Horne:
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"Estoy segura de que le haría reír si le enumerara las odas los poemas épicos y didácticos, con invocaciones inflamadas a las musas, que produjo mi imaginación infantil.
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Los griegos eran mis semidioses...y soñaba más con Agamenón que con mi poney negro Moisés.
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Así, a los once o doce años escribí mi poema épico en cuatro libro titulado La batalla de Maratón, del que mi padre encargó una edición de cincuenta ejemplares."
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A los catorce años escribía sus Reflexiones sobre mi vida y mi personalidad literaria y allí nos ofrece este retrato de sí misma a los once años:
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"Durante meses seguidos a lo largo de ese año no recuerdo haber dirigido mi atención a ningún otro objeto que no fuera la ambición de alcanzar la fama literaria.
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La literatura era la estrella, que en mi visón de futuro, había de iluminar mi vida, era la espuela que me animaba, el fin, el verdadero sello de mi vida.
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Estaba decidida a conquistar la última cumbre de la excelencia."
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En estas mismísimas Reflexiones podemos encontrar también claros ecos de la influencia de Byron sobre esta adolescente escondida entre las colinas de Malvern:
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"¡Siempre he pensado que he sido enviada a la tierra con alguna finalidad! ¡Para sufrir! ¡Para morir! ¡Para defender! ¡Para salvar con mi muerte a mi patria o a algún ser querido! ¡Para sacrificarme por la causa de la libertad!..."
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Pero algo va a cambiar a los quince años en esta existencia tranquila y esperanzada.
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A esa edad se presentó la primera y seria enfermedad de Elizabeth.
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Queriendo ensillar ella misma su caballo, se cayó hacia atrás con la pesada silla sobre sí y se lastimó la espina dorsal.
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En junio de este año de 1821 el doctor William Coker explica así a Edward Barrett la situación de su hija:
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"Todo comenzó con dolores en la cabeza, que continuaron con intervalos por espacio de tres semanas.
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A continuación el dolor atacó diversas partes del cuero durante bastante tiempo y durante el último mes se ha asentado permanentemente en el costado derecho.
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El sufrimiento es una verdadera agonía y los paroxismos duran desde un cuarto de hora a una hora y, a veces, más...
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Mucha debilidad, con la consiguiente irritación nerviosa, lo que produce el debilitamiento del pulso... dolor en la espalda que la impide sentarse a no ser con el apoyo de almohadas y cojines..."
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Durante esta primera enfermedad, por consejo de sus médicos, tomó Elizabeth opio por primera vez.
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Aunque la situación de gravedad duró sólo unos cuantos meses, sus padres se preocuparon mucho; se terminaron los juegos por el bosque con sus hermanos, acabaron también las cabalgadas y comenzó a dibujarse sobre ella el cartel de inválida del que sólo conseguiría librarla años más tarde Robert Browning.
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Pero esta situación no había de hacer más que intensificar su pasión por la lectura y la creación poética.
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Continuó sus estudios de griego, latín, hebreo, italiano, español y alemán, realizando numerosos ejercicios de traducción y de redacción, como en un poemita en italiano dedicado a James Thomson, en cuya primera estrofa realiza una afectuosa y aguda estimación del poeta:
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" O vate dolce e semplice,
Poeta grato al core,
Febo suo riso dadoti
Ti nega il suo fulgore
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(Vate sencillo y dulce,
poeta grato al pecho,
date Febo su risa,
mas su esplendor te niega.)"
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Estos intentos de versificar en italiano bien pueden haber ayudado a la creación de aquella "extraña música" de la poesía de Elizabeth que fascinaba a Browning y tanto gustaba a los hermanos Rossetti.
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La mayoría de los argumentos de estos poemas resulta muy interesante, ya que Elizabeth, que en sus últimos años había de estar obsesionada por la libertad de Italia, cantaba ahora a la esclavizada Grecia y a las luchas por la libertad en España:
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se dolía por la ejecución del general Riego y por el exilio de nuestros compatriotas, muchos de los cuales encontraron en Inglaterra refugio frente a la persecución de Fernando VII.
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A los 19 años hacía Elizabeth su primera aparición en publicaciones de prensa periódica; el 19 de noviembre de 1985, la Literary Gazette publicaba su "The Rose and the Asir", un pequeño poema acerca de los amores de un céfiro y una flor infiel.
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Desde entonces su colaboración en revistas literarias seria incesante a lo largo de toda su vida.
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Entretanto iba dando forma a An Essay on Mind –Ensayo sobre el espíritu-, que vio publicado en 1826.
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De este Ensayo opinaría más tarde:
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"Es un poema didáctico... del que hace mucho que me he arrepentido, pues era digno de todo arrepentimiento.
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Es imitativo en su forma, pero no sin huellas de un pensamiento y un sentimiento individuales: el pajarillo estaba ya picoteando con la intención de romper la cáscara del huevo."
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En octubre de 1827, tras largos meses de enfermedad, moría la madre de Elizabeth y ésta volvía a recaer en sus pasadas dolencias, todo agravado por la nube de desequilibrios económicos que se cernía sobre la casa.
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El padre había sufrido considerables pérdidas en sus posesiones de Jamaica y el tráfico de esclavos había sido abolido en 1807, lo que no hizo más que agravar la situación de los esclavos, de las plantaciones y preparar el camino para la rebelión de febrero de 1832, en la que cincuenta y dos plantaciones quedaron destruidas por el fuego.
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Las propiedades de Barrett fueron respetadas, pero el futuro se presentaba amenazador y había que reducir gastos, así que el padre decidió desprenderse de Hope End y, en agosto de 1832, la familia abandonaba la casa con Elizabeth llorando amargamente por la pérdida de su "paraíso en Herefordshire" y se dirigían todos a Sidmouth, en Devonshire, donde iban a permanecer durante tres años.
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Allí realizó Elizabeth su traducción del Prometeo encadenado de Esquilo, que publicó con otra veintena de poemas en 1833; por cierto, entre estos poemas hay uno dedicado a Teresa, la esposa del general Riego, a la que ya había dedicado otro en los poemas añadidos al Ensayo sobre el espíritu.
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A finales del verano de 1835 la familia se ponía de nuevo en movimiento, esta vez hacia Londres.
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Allí se instalaron en el número 74 (hoy 99) de Gloucester Square. Para una joven criada en el campo, con dilatados jardines a su disposición, el cambio no resultó nada atractivo y, en Navidades escribía a una amiga:
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"Londres está todo envuelto, como una momia, en una niebla amarillenta, y apenas si he podido echar un vistazo a su rostro desde que llegamos, pero espero que pronto podré ver algo de luz en mi calabozo y podré distraerme con las arañas."
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El frío, las nieblas, la oscuridad no podían hacer más que resentir la salud de Elizabeth y ésta derivaba cada vez más hacia el lecho y el sofá de inválida.
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Mas, pese a su reclusión, su actividad literaria se va a incrementar y, a finales de mayo de 1838, publica The Seraphin and Other Poemas –Los serafines y otros poemas- (sí, usa el plural hebreo en Sheraphim); en el prefacio confiesa Elizabeth que la idea de los Serafines le fue sugerida por su propia traducción del Prometeo encadenado:
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"Pensé que, si Esquilo hubiera vivido tras la encarnación y crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, se hubiera inclinado...desde las soledades del Caúcaso a aquel desierto más profundo de las multitudes de Jerusalén donde nadie tenía la más mínima piedad...y desde las multitudes cuya víctima era su propio Salvador a la Víctima sostenida en una terrible agonía, no por el pensamiento titánico de "Yo puedo vengarme", sino por el pensamiento celestial de "Yo puedo perdonar."
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La esencia del Poema consiste en la visión de la pasión y muerte de Cristo a través de los ojos de dos serafines Ardor y Zerah, para contrastar con ellos "la voluntaria humillación de Aquél que se hizo inferior a los ángeles y experimentó en su propio Ser inocente el pecado, la pena y la muerte."
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El volumen de Elizabeth apareció en un momento muy oportuno; los grandes poetas románticos –Shelley, Keats, Byron y Coleridge- había desaparecido; Wordsworth era sólo una sombra de sí mismo.
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Entre la nueva generación, Tensión no había de alcanzar la plenitud de su fuerza hasta la publicación de In Memoriam, en 1850, Browning no había publicado más que unos pocos poemas insuficientes para cimentar su reputación y Rossetti era un niño que acababa de cumplir diez años.
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La crítica fue unánime en reconocer y aplaudir en Elizabeth la aparición de un talento de primer orden.
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Ya entonces se reconoció la complejidad de su lenguaje y la oscuridad de algunas de sus descripciones y de sus imágenes (aspectos que volveremos a encontrar en sus Sonetos), y la nobleza de su inspiración.
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Así, a partir de la publicación de Los serafines, Elizabeth Barrett tuvo un nombre en el mundo literario de Londres.
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En este mismo año de 1838 la familia se trasladó a la lúgubre y famosa casa, número 50 de Wimpole Street.
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Pero para entonces la salud de Elizabeth había empeorado considerablemente.
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Una tos persistente a lo largo del invierno de 1837 desembocó en un vómito de sangre y la amenaza del azote de siglo, la tuberculosis.
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Los médicos ordenaron un inmediato traslado al sur de Europa, el padre se negó y, ante las súplicas de los hermanos, se llegó al compromiso de enviarla a Torquay, en Devor, suroeste de Inglaterra y no lejos de Sdimouth, donde habían asado los tres años anteriores y donde iba a pasar Elizabeth los tres años siguientes, que estarían marcados por una serie de goles que no harían más que preceder a la mayor tragedia de su vida.
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El 23 de diciembre de 1837 moría en Jamaica su tío Samuel; siempre había existido entre los dos un gran cariño y e dolor de Elizabeth fue muy profundo.
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En octubre de 1839 moría repentinamente el médico que la atendía en Torquay, doctor De Barry, al que se sentía muy unida; el disgusto la dejó gravemente enferma durante tres semanas.
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El 17 de febrero de 1840 su hermano Sam, víctima de las tentaciones y del clima de Jamaica, moría en La Casa Grande de Cinnamon Hill.
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Al recibir la noticia Elizabeth cayó desplomada como si hubiera recibido un mazazo y de nuevo empeoró su estado. Ero todo esto era sólo el prólogo.
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Elizabeth había insistido mucho ante su padre para que la acompañara a Torquay su hermano predilecto, Edward.
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El padre se negaba, pues necesitaba a su hijo para que le ayudase en sus negocios, pero al fin asintió, aunque "consideraba muy injusto por parte de Elizabeth el que le exigiera tal cosa."
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Y, el 11 de julio de 1840, Edward salió a navegar con tres amigos en un pequeño barco.
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A medida que se entraba la noche crecía la preocupación al ver que no regresaban los cuatro muchachos.
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Pero escuchemos a Elizabeth describir la tragedia a Robert Browning cinco años más tarde:
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"En cierta ocasión Edward me tomó la mano, ¡cómo lo recuerdo!, y me dijo que me quería más que a nadie y que no se apartaría de mi lado hasta que recobrase la salud.
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Y diez días después abandonó la orilla el barco que nunca volvió. ¡Me había dejado! Durante tres días esperamos y esperamos.
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¡Oh, qué terrible agonía de tres días! Y el sol brillaba como brilla hoy, no hacía más viento que ahora, el mar bajo mis ventanas estaba tan terso como esta hoja de papel: mis hermanas corrían las cortinas para que yo pudiera ver cómo el mar estaba en calma y que no podía hacer daño a nadie...y los demás barcos regresaban uno tras otro.
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Recuerda lo que escribiste en tu gismond:
"¿Qué dice el cuerpo cuando descargan
sobre él la fuerza toda de monstruosa
máquina de tortura? Pues no más dice el alma..."
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Nunca escribiste nada que penetrara más dentro de mí que esas líneas.
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Qué horrible verdad expresan.
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Pero tú sabías que eran verdad por tu genio y no por experiencia como yo; yo, que no podía verter una lágrima, que me quedé tendida durante días y meses, mitad consciente, mitad inconsciente, con una mente que vagaba, y demasiado cerca de Dios, bajo el terrible golpe de su mano, como para poder ser capaz de rezar...
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Y todos fueron comprensivos conmigo, y no se alzó ni una voz para decirme "Ha sido culpa tuya".
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(Fin de la primera parte)
^Seagirl^> Muchas gracias, anuais- :)
<anuais-> un placer:)
<^Seagirl^> Bien, aquí hemos visto, un poco de la infancia y la adolescencia de Elizabeth.
<^Seagirl^> Que nos presentan a una niña enamorada de la poesía, con muy mala salud.
<^Seagirl^> :)
<^Seagirl^> Quizás, o mejor dicho, sin duda, su mala salud,
<^Seagirl^> influyó mucho en que dedicara gran parte de
<^Seagirl^> su tiempo a la creación poética.
<^Seagirl^> Vamos a ver ahora alguno de sus poemas.
Soneto XX
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AMADO, Amado mío, cuando caigo en la cuenta
que ya el año pasado estabas en el mundo,
mientras yo contemplaba en soledad la nieve
sin ver en ella huellas, sin escuchar el paso
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del silencio a tu voz; y allí seguía contando
de mis recias cadenas todos los eslabones
uno a uno, incapaz de imaginar siquiera
que un golpe de tu mano los pudiera romper,
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¡cómo llevo a los labios la copa del asombro
por no haberte sentido estremecer los días
y las noches con solo un gesto, una palabra,
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por no verte anunciado en los blancos capullos
que veías florecer! Así el hastiado ateo
ignora la presencia de un Dios al que no ve.
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Elizabeth Barrett Browning
^Seagirl^> Sigamos con más poemas.
<^Seagirl^> Y anuais- :)
<anuais-> permiso
El Flautista de Hamelin
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I
El poblado de Hamelin está en Brunswick
cerca de la famosa ciudad de Hanover
el río Weser, ancho y profundo
moja sus paredes en el lado sur;
Un hermoso cuadro nunca visto;
Pero, cuando empezó mi canción,
hace casi quinientos años,
¡que lástima!, ver sufrir a la gente
por culpa de esos bichos.
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Robert Browning
Soneto VI
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Aléjate de mí. Mas sé que, para siempre,
he de estar en tu sombra. Ya nunca, solitaria,
irguiéndome en los mismos umbrales de mi vida
recóndita, podré gobernar los impulsos
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de mi alma, ni alzar la mano como antaño,
al sol, serenamente, sin que perciba en ella
lo que intenté hasta ahora apartar: el contacto
de tu mano en la mía. Esta anchurosa tierra
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con que quiso alejarnos el destino, en el mío
deja tu corazón, con latir doble. En todo
lo que hiciere o soñare estás presente, como
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en el vino el sabor de las uvas. Y cuando
por mí rezo al Señor, en mis ruegos tu nombre
escucha y ve en mis ojos mezclarse nuestras lágrimas.
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Elizabeth Barret Browning
Versión de Màrie Manent
<anuais-> hola a los recien llegados:)
<^Seagirl^> De este soneto os cuento que Elizabeth
<^Seagirl^> con motivo de su mala salud, tenía un poco
<^Seagirl^> perdida toda la esperanza, así como por
<^Seagirl^> los numerosos desastres familiares que hubo
<^Seagirl^> de vivir.
<^Seagirl^> Por ello, cuando Robert llega a su vida,
<^Seagirl^> no se lo cree y trata de apartarle.
<^Seagirl^> De ahí el soneto, le dice que se aleje.
<^Seagirl^> Seguimos con anuais- :)
<anuais-> permiso
El flautista de Hamelin
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II
¡Ratas!
Se peleaban con los perros y mataban a los gatos,
y mordían a los bebés en sus cunas,
comían los quesos de los moldes,
y chupaban la sopa directamente de los cucharones de los cocineros,
partían los barriles de sardinas saladas,
anidaban en los sombreros domingueros de los hombres,
y arruinaban las charlas de las mujeres
ahogando sus voces
con gritos y chillidos
en cincuenta diferentes sostenidos y bemoles.
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Robert Browning
CATALINA A CAMOENS
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Al morir mientras él se encuentra en el extranjero
y aludiendo a los versos en los que el poeta
se refería a su dulce mirar.
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No entrarás por esta puerta
que contemplo sin cesar.
¡Adiós! Se va la esperanza,
viene la muerte, no tú.
Ven, amor mío,
ven a cerrar
estos ojos que llamaste
los de más dulce mirar.
.
Cuando oía tu canción
en antiguas primaveras,
olvidando otros elogios
sólo escuchaba los tuyos,
y repetía
el corazón:
Benditos sean mis ojos
si le parecen tan dulces.
.
Todo cambia y esta tarde
baña un sol frío la puerta.
¿Susurrarías ahora
igual que antes: Te amo mucho...
cuando la muerte
nubla triunfal
los ojos que ayer llamaste
los de más dulce mirar?
.
Si estuvieras a mi lado
junto a la cama en que muero,
aunque antaño desdeñaste
su hermosura, sé que ahora
los llamarías
siendo veraz,
por el amor que hay en ellos,
los de más dulce mirar.
.
Y si entonces los mirases
y ellos te viesen a ti,
todo su brillo perdido
volverían a tener.
Por el amor
y de verdad
fueran belleza radiante
los de más dulce mirar.
.
Pero, ay, que sólo me ves
con ojos de enamorado
como una leve sonrisa
soñando tras abanicos;
y así repites
sin saber más
en tus serenos ensueños:
los de más dulce mirar.
.
Mientras el alma se sale
de mi cuerpo lento y pálido,
siempre ansioso por oír
estas palabras de amor,
¡oh, mi poeta,
ven a mí ya!
Tardío amor, ven, son tuyos
los de más dulce mirar.
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Poeta mío, profeta,
al alabar su dulzura,
¿es que no viste que está
apagándose su luz?
¿Es que no viste
que ya jamás
devolvería la tumba
los de más dulce mirar?
.
Silencio. Sólo se escucha
el surtidor en el patio,
cae el agua sobre el mármol
como cae el corazón
desde el suspiro
hasta la muerte,
muerte que anuncia su triunfo
sobre los ojos más dulces.
.
¿Vendrás? Me siento muy sola,
todo es amargo a mi lado,
y tu voz, amado mío,
no me despierta los párpados.
Ha muerto amor,
llorad, llorad,
junto al ciprés si es que fuisteis
los de más dulce mirar.
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Sonaba el ángelus, cerca
de aquel convento paseábamos
y los coros atraían
los ángeles al coloquio.
Veía el cielo
el alma audaz.
Sonreíste. ¿Es eso impuro,
los de más dulce mirar?
.
Al pasar en tu caballo
y ver tras la celosía
de aquel palacio otro rostro
que no es el rostro de siempre,
¿en un murmullo
repetirás:
Desde aquí me contemplasteis,
los de más dulce mirar?
.
Cuando las damas en torno
de tu guitarra te digan:
Canta, poeta, los versos
de la dama que murió,
¿entre las lágrimas,
no fingirás
entonando la canción
de la del dulce mirar?
.
¡Oh, melodiosas palabras
muchas veces repetidas!
Entre todas tus canciones
la mejor ésta será,
la escucha el alma
una vez más
entre el ruido de este mundo...
Los de más dulce mirar.
.
El clérigo va a rezar,
el coro está de rodillas,
otras músicas solemnes
el alma pronto oirá.
¡Oh, miserere,
oh, ten piedad!
Ya no será Catalina
la de más dulce mirar.
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Guarda esta cinta que es mía
(me la quité del cabello),
y cuando llores sobre ella
no te sentirás tan solo,
pues desde el cielo
yo sin cesar
en ti posaré estos ojos,
los de más dulce mirar.
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Pero ahora, cuando aún
estoy aquí, brillan más;
tú, amor mío, echa en olvido
todo lo que es mi pasado:
estas palabras
dedicarás
a otra más bella que yo:
la de más dulce mirar.
.
Pero, ¿qué hacéis, ojos míos?
Sois desleales si el llanto
dejáis caer por el bien
de su esperanza y su vida.
Sería indigno
para el mortal
que un llanto ruin enturbiara
los de más dulce mirar.
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Velaré por su futuro,
bendeciré su esplendor;
quiero que cante a otros ojos
de mirar mucho más dulce.
Que los proteja
su ángel guardián,
y que sean para él
los de más dulce mirar.
.
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Elizabeth Barrett Browning
Versión de Carlos Pujol
El flautista de Hamelin
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III
Al fin el pueblo en bloque
se congregó en la municipalidad:
"¡Que quede claro!", gritaron, "¡nuestro intendente es un inútil;
Y nuestro consejo un escándalo!
¡Pensar que nosotros compramos ropas elegantes
para imbéciles que no pueden determinar
lo mejor para librarnos de esta plaga!
¿Ustedes creen que porque son gordos y viejos,
van a encontrar sus funciones más fáciles?
¡Arriba señores! ¡Den a sus cerebros una sacudida
y encuentren el remedio que nos está faltando,
o tengan por seguro que los mandaremos a empacar!"
Con esto el intendente y el consejo
quedaron bajo una terrible consternación.
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Robert Browning
Soneto IV
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¡CANTOR, lleno de gracia, de divinos poemas,
tu lugar ha de hallarse en lujosos palacios!
Allí se detendrán los ritmos de las danzas
para escuchar atentos las rimas de tus labios.
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¿Y habría de alzar tu mano el pobre picaporte
de mi humilde morada? ¿Cómo has de soportar
que suene aquí tu música, escondida de todos,
en plenitud dorada, ondulante, a mi puerta?
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¡Alza tu vista y mira esas ventanas rotas,
murciélagos y buhos anidan en lo alto!
Frente a tu mandolina mi pobre grillo canta.
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¡Silencio, no despiertes el eco que demuestra
esta pobre miseria! Se esconde aquí una voz
que llora... cual tú debes cantar...sola, en secreto.
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Elizabeth Barrett Browning
<^Seagirl^> Aunque ambos eran poetas, Robert y Elizabeth,
<^Seagirl^> y se conocían sólo de eso, de oídas, Elizabeth
<^Seagirl^> pensaba que Robert era mucho mejor poeta que ella.
<^Seagirl^> Y eso es un poco lo que canta en ese soneto
<^Seagirl^> que ella se siente indigna ante ese cantor, que es
<^Seagirl^> Robert del que se decia que era capaz
<^Seagirl^> de detener el baile en los palacios con la música
<^Seagirl^> de sus versos...
<^Seagirl^> :)
<^Seagirl^> Más con anuais- :)
<anuais-> :)
<anuais-> permiso
El flautista de Hamelin
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IV
Una hora se reunieron en consulta
y al final el intendente rompió el silencio:
" Por una moneda he de vender mi traje;
¡Cómo desearía estar lejos de aquí!
Es fácil ordenarle a uno que se sacuda el cerebro—
estoy seguro que mi pobre cabeza volverá a dolerme,
ya la he estrujado, y todo en vano.
¡Ah, que daría por una trampa, trampa, trampa!"
Justo cuando decía esto, ¿qué pudo pasar?
Un suave golpe en la puerta de la cámara.
"¡Por Dios!", gritó el intendente, "¿que sucede?"
(Sentado entre los miembros del consejo,
se lo veía pequeño, aunque terriblemente gordo;
Sin brillo en sus ojos, no más húmedos
que una ostra demasiado larga y abierta,
salvo cuando su panza sufría turbulencias
frente a un plato de tortuga verde y gelatinosa)
"¿Son sólo unos pies que se arrastran en la alfombra?
¡Cualquier cosa que suene como una rata
hace que mi corazón lata violentamente!"
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Robert Browning
Soneto XII
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CIERTAMENTE, este amor, este amor que es mi orgullo
me corona, al subir desde el pecho a la frente,
con un rubí brillante de espléndido tamaño
que atrae las miradas mostrando valor hondo;
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en este amor se encierra entera mi riqueza,
pero no existiría si no hubiese tenido
un ejemplo contigo, un aprender de ti,
al cruzarse tus ojos intensos con los míos,
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y amor llamó al amor. No puedo, pues, hablar
de amor como algo bueno que a mí me pertenezca;
arrebató tu alma a la mía agotada
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y junto a ti la puso en un trono dorado;
y el hecho de que yo ame (¡seamos humildes alma!)
tan sólo a ti se debe, a ti, mi solo amor.
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Elizabeth Barrett Browning
<^Seagirl^> Cuando Elizabeth leyó en los ojos de Robert que la amaba, ella le correspondió,
<^Seagirl^> pero siempre con el temor de no ser bastante para él.
<^Seagirl^> Y así en una carta que le dirige a Robert le dice: "Cuando llegues a conocerme tan bien como yo me conozco ¿qué podré hacer para no defraudarte?
<^Seagirl^> Me hago la pregunta y no hallo la respuesta
<^Seagirl^> :)
<^Seagirl^> Sigamos con más flautista y anuais- :)
<anuais-> venga que quedan dos solo ya:))
<anuais-> .
El flautista de Hamelin
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V
"¡Entre!"— Gritó el intendente, incorporándose:
¡Y así entró la figura más extraña!
Su saco largo, tan raro, que iba de los pies a la cabeza
era mitad amarillo y mitad rojo,
y él mismo era alto y flaco,
con ojos azules, penetrantes, cada uno como un botón,
su pelo claro y suelto, su piel oscura,
sin patilla en las mejillas, y sin barba en el mentón,
y labios donde las sonrisas iban y venían;
sobre sus amigos y parientes, nadie pudo conjeturar:
Ni nadie pudo tampoco admirar lo suficiente
al hombre alto y su antigua vestimenta.
Uno dijo: "¡Es como si mi tatarabuelo,
marchando al compás de las trompetas del Día del Juicio Final,
hubiera hecho este camino desde su colorida tumba!"
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Robert Browning
^Seagirl^> Va entrando la gente al canal al son de tu flauta , anuais- :)
<anuais-> jajjajajajajaj
<VientoDelSur> jajajaj
<Naomi_> anuais....hola linda..kisses
<anuais-> pues tocare uno mas:))
<VientoDelSur> esque es encantadora
<^Seagirl^> :)
<VientoDelSur> de usuarios
<^Seagirl^> Sigo con otro sonetico, permiso.
Soneto XVIII
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De mi cabello nunca di un rizo a ningún hombre,
amado mío, salvo el que te ofrezco ahora
y, pensativamente, en toda su largura
sombría, voy ciñendo en torno de mis dedos.
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Tómalo. Ya mis días de juventud pasaron;
ya al paso alborozado no tiembla mi cabello,
ni prendo en él la rosa o los brotes del mirto,
como las chicas suelen: ya sólo puede, en pálidas
.
mejillas, sombrear las huellas de mi llanto,
y se avezó a soltarse cuando a la frente inclina
con su arte el dolor. Temí que las tijeras
.
fúnebres lo cortaran primero, y ha vencido
tu amor. Tómalo. Puro como antaño, hallarás
el beso que, al morir, en él dejó mi madre.
.
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Elizabeth Barret Browning
Versión de Màrie Manent
^Seagirl^> Como buen pretendiente, vamos como si fuera un chateador nato de #poesia,
<^Seagirl^> Robert le dijo un buen día a Elizabeth:
<anuais-> gracias:)
<^Seagirl^> Tienes que darme algo,
<^Seagirl^> una parte de ese ser que me resulta tan precioso
<^Seagirl^> la parte que puede ir incluida en un mechón de tu pelo.
<^Seagirl^> Viviré y moriré con ese mechón y tu recuerdo...
<^Seagirl^> Y Elizabeth pataleó, rimó, hizo ese soneto
<^Seagirl^> y finalmente le dio el mechón.
<^Seagirl^> :)
<anuais-> que bonito:)
<VientoDelSur> osea que le dijo "cuac"...?
<^Seagirl^> jaja
<anuais-> :))))))))))))))))
<^Seagirl^> sí, algo así
<|TIMIDO|> jajaja
<VientoDelSur> entiendo..
<^Seagirl^> Vamos con nuestra flautista :)
<|TIMIDO|> buenas noches
<anuais-> voy con el útimo:))
<anuais-> .
El flautista de Hamelin
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VI
El se aproximo a la mesa del Consejo:
Y, "Con permiso Su Señoría", dijo, " yo estoy capacitado,
a través de un hechizo secreto, para atraer
a todas las criaturas que viven bajo el sol,
que se arrastran, o nadan, o vuelan, o corren,
atraerlas detrás mío, en una forma que nunca se ha visto.
Y yo principalmente uso mi hechizo
en criaturas que dañan a la gente,
en el topo, el sapo, el tritón y en la víbora;
Y todo el mundo me conoce por el flautista."
( Y en este punto ellos notaron alrededor de su cuello
una bufanda a rayas rojas y amarillas,
que armonizaba con su saco hecho del mismo paño,
y en una punta de la bufanda colgaba una flauta;
Y notaron también, sus dedos, que se movían sin pausa
como impacientes por tocar
en la flauta, que colgaba a baja altura
sobre su vestidura anticuada)
" Y aunque," dijo, " parezco un pobre flautista,
el pasado junio, liberé al Reino de Tartaria,
de un enorme enjambre de jejenes;
Alivié en Asia al Nizam
de una monstruosa camada de murciélagos:
Y en cuanto a lo que atormenta sus mentes,
¿si logro eliminar las ratas de la ciudad,
me darán ustedes mil monedas?"
" ¿Mil? ¡Cincuenta mil!"--fue la exclamación
Que dieron asombrados, el Intendente y su Consejo.
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Robert Browning
¿DE QUÉ MODO TE QUIERO?
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¿De qué modo te quiero? Pues te quiero
hasta el abismo y la región más alta
a que puedo llegar cuando persigo
los límites del Ser y el Ideal.
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Te quiero en el vivir más cotidiano,
con el sol y a la luz de una candela.
Con libertad, como se aspira al Bien;
con la inocencia del que ansía gloria.
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Te quiero con la fiebre que antes puse
en mi dolor y con mi fe de niña,
con el amor que yo creí perder
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al perder a mis santos... Con las lágrimas
y el sonreír de mi vida... Y si Dios quiere,
te querré mucho más tras de la muerte.
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Elizabeth Barrett Browning
Versión de Carlos Pujol
anuais-> es bonito este poema
<^Seagirl^> Ahí recorre toda su vida para demostrarle cómo le quiere.
<^Seagirl^> Seguimos contigo anuais- :)
<anuais-> permiso
<anuais-> .
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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I
La primera mañana de marzo en que truena
la anguila da un salto en el agua, eso dicen;
cuando yo me asomé por el arco de áloe
de la entrada a la villa, en tibio día de marzo,
rayo alguno brillaba, ni retumbaba el trueno
allá abajo en el valle, en donde blanca y ancha,
lavada por el oro acuoso matutino
Florencia se extendía por toda la ladera.
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Robert Browning
<^Seagirl^> Y, para comprender un poco mejor esta parte de la obra
<^Seagirl^> de Robert y la continuación de la vida de Elizabeth
<^Seagirl^> vamos a retomar su biografía un ratito más.
<^Seagirl^> Recordemos que Elizabeth había perdido
<^Seagirl^> a su hermano más querido, que salió a navegar
<^Seagirl^> y no regresó jamás...
Segunda parte
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La muerte de su hermano dejó sobre la vida de Elizabeth una nube de pena y remordimientos que no terminaría de desvanecerse nunca
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Su salud empeoró hasta el unto de que todos los que la rodeaban temían que habían de perderla en un plazo muy breve.
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Pero su fuerza interior no se rindió y la hizo comprender que la única posibilidad de dominar su pena residía en el trabajo.
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"Creo sinceramente –escribía a una amiga tres años después-, y lo digo sin exageración alguna, que me hubiera vuelto loca en aquel momento si no hubiera conseguido detener la marea tumultuosa de mis recuerdos a fuerza de trabajar, trabajar y trabajar.
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A primeros de septiembre de 1841 Elizabeth regresaba a Londres, pálida sombra de sí misma, y comenzaba la vida de confinamiento que había de durar más de cinco años, encerrada en una habitación obscura en la que no penetraban más que los miembros de su familia y poquísimos amigos.
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Pero allí, pronto podría decir: "Una parte de mí ha quedado destrozada; pero la parte poética, es decir, el amor por la poesía, no para de crecer en mí con la frescura y la fuerza de una planta regada cada día."
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Su interés por la lengua griega, y con ella por los primitivos Padres Griegos de la Iglesia, continuaba vivo y, en enero de 1842, enviaba a Dilke, el editor de la prestigiosa revista Athenaeum, sin muchas esperanzas de publicación, unas traducciones de San Gregorio Nacianceno precedidas de una explicación introductoria.
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Para su sorpresa, Dilke no sólo publicó sus traducciones sino que le pidió un artículo más amplio sobre los Padres Griegos, artículo que Elizabeth se apresuró a escribir y que se inicia con un precioso pasaje sobre la lengua griega.
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Como consecuencia, Dilke le encargó una serie de artículos sobre autores ingleses, acerca de uno de los cuales hubo de soportar esta amarga alabanza por parte de un amigo:
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"en el artículo sobre Shakespeare nadie puede encontrar ni la más mínima señal de que haya sido escrito por una mujer."
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En estos artículos, aparte de sus conocimientos y de sus agudas y atinadas críticas sobre los poetas clásicos ingleses, te resultarán especialmente interesantes algunas de sus observaciones generales sobre poesía y naturaleza:
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"la Naturaleza no es más que la principal secretaria de la Palabra Creadora." "Es naturaleza allí donde está Dios", y así ocurre con la poesía:
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"En los más ruidosos zumbidos de vuestras maquinarias, en las más obscuras nubes de vuestras chimeneas, en la calle más repulsiva de vuestra ciudad, allí, tan seguro como en los bosques de pinos de Brocken o en los truenos de las aguas del Niágara, allí, tan seguro como Él está por encima de todo, allí están también en su plenitud Naturaleza y Poesía."
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Como ves, la pobre inválida, desde su obscura habitación tenía una visión muy moderna para 1842.
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Y, entretanto, no cesaba de escribir su propia poesía y, e agosto de 1844, publicaba dos volúmenes con el simple título de poemas, que la colocaron de inmediato en la primera fila de autores ingleses.
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En estos dos volúmenes se contienen algunos de sus poemas que han alcanzado mayor popularidad, como "El drama del exilio", en el que representa a Adán y Eva arrojados del paraíso y errando espantados a través del mundo; el "Vino de Chipre", la "Muerte de Pan", el famoso "El grito de los niños", en el que denunciaba las espantosas condiciones de explotación inmisericorde de la infancia en el trabajo de las minas de carbón; historias de amor como "El romance del paje".
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En este último "la dama portuguesa" amada de Camoens escribe al navegante ausente una larga carta de amor antes de morir:
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"No entrarás por esa puerta
a la que tanto he mirado: ¡adiós!
Yo me aferro a la esperanza
pero la muerte está cerca y no tú.
Ven amante,
cierra y cubre
estos ojos de los que un día dijiste
¡Nunca se vieron ojos más dulces que los tuyos!"
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Y así otras dieciséis estrofas. Este poema gustó especialmente a Robert Browning, que aún no conocía a Elizabeth, y años después gustaría de referirse a ella como "mi dama portuguesa".
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También le hubo de sonar muy bien el poema de "La corte de Lady Geraldine" arriba mencionado, en el que un poeta acogido en la corte lee a una dama las pastorales de Spenser, los sonetos de Petrarca,
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"y otras veces un libro moderno, un idilio solemne de Wordsworth, una balada de Howitt, una encantadora ensoñación de Tensión, o una de esas granadas de Browning que, partidas por el medio, descubren en su interior un corazón rojo de sangre y palpitante de humanidad,"
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en alusión al libro Bells and Pomegranates – Campanas y granadas-, que Browning había dado a la prensa en 1841. Los poemas de 1844 recibieron de la crítica una acogida aún más favorable que los de 1838; la salud de Elizabeth se iba equilibrando lentamente y así llegamos al año 1845, el más importante de su vida, el año en que se inició la bella historia de amor que terminaría convirtiéndola en esposa de Robert Browning.
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El mejor biógrafo de éste, William Irvine, resume así los hechos que van a suceder:
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"La mayor hazaña de Robert Browning fue su propia historia de amor. Una historia que encajaba perfectamente en el espíritu de su poesía: un acto apasionado más bien que racional y el arriesgado rescate de una pesimista por un optimista.
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Fue una estratagema contra un ogro, fue el despertar de una bella durmiente en el palacio encantado rodeado de espesos setos, fue el cortejo de una solterona confirmada por un soltero convencido, el descenso de un nuevo Orfeo a la región de las sombras para guiar a una nueva Eurídice hacia la luz."
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Poeta inglés, célebre por haber perfeccionado el monólogo dramático (composición literaria en que el personaje revela su carácter). Nació en Camberwell (hoy parte de Londres).
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Sólo cursó estudios hasta los 14 años, por lo que fue prácticamente autodidacta.
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Su primer libro de poesía, Pauline, se publicó de forma anónima en 1833.
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Fue reseñado en algunos periódicos, especialmente por John Stuart Mill, quien señaló la "profunda y morbosa timidez" de Browning.
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Su siguiente obra fue Paracelso (1835), un poema dramático que lo dio a conocer entre las figuras literarias de la época.
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Paracelso estaba basado en la vida del alquimista suizo y fue el primer poema en el que Browning introdujo un escenario renacentista, típico de sus obras posteriores.
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Durante los años siguientes Browning escribió varias obras teatrales de escaso éxito.
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Entre 1841 y 1846, publicó una serie de poemas bajo el título de Campanas y granadas, en el que se incluyen, entre otros, 'Pipa pasa', 'Mi última duquesa' y 'El obispo prepara su tumba'.
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Sus Poemas lírico-dramáticos (1842) y sus Historias dramáticas (1845) fueron recogidas después, con otras nuevas composiciones en Campanas y granadas (1847).
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Escribió La Nochebuena y la Pascua (1850) y una serie de monólogos dramáticos publicados bajo el título de Hombres y mujeres (1855), en la que se incluyen 'Fra Lippo Lippi' y 'Andrea del Sarto', estudios de artistas del Renacimiento.
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Tras la muerte de su mujer en 1861, Browning regresó a Londres, donde escribió Dramatis Personae (1864), y la que se considera su obra maestra, El anillo y el libro (4 volúmenes, 1868-1869), obra que utiliza un juego de puntos de vista como se desarrollará después en la narrativa del siglo XX.
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Centrado en torno a un juicio por asesinato celebrado en Italia en el siglo XVII, el Anillo es un extenso monólogo dramático entre diversos personajes y ha sido ensalzado por su profundidad psicológica.
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En 1878 Browning regresó a Italia, donde su único hijo se estableció definitivamente.
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Durante esta última etapa escribió el texto narrativo Idilios dramáticos (1879 y 1880) y Asolando, que se publicó en Venecia el 12 de diciembre de 1889, el mismo día de su muerte.
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Si bien durante su vida la fama poética de su mujer fue mayor que la suya propia, Robert Browning está considerado actualmente como uno de los mejores poetas de la época victoriana.
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Sus experimentos con la forma y el contenido, así como su habilidad técnica, influyeron de manera considerable en algunos poetas modernos, especialmente en T. S. Eliot y Ezra Pound. Miguel de Unamuno y Luis Cernuda se ocuparon de la obra de Browning.
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Hasta 1845 Elizabeth y Robert no se conocían más que de nombre, como poetas.
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Pero la publicación de los Poems en 1844, y, sin duda, la halagadora alusión a su poesía en "Lady Geraldine" provocaron en Browning el deseo de conocer a la misteriosa autora de la que todo el mundo sabía que vivía en un encierro absoluto.
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Y así, el 10 de enero de 1845 Elizabeth recibía una carta de Robert Browning en la que, de modo impetuoso, le decía: "Amo su poesía y también la amo a usted con todo mi corazón."
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Esta carta sorprendió totalmente a Elizabeth, quien, al día siguiente, escribía a una amiga: "Recibí ayer por la tarde, de Browning el poeta, una carta que me ha sumido en un éxtasis, ¡Browning, el autor de Paracelso y el rey de los místicos"..."
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La carta de Browning iba a ser el inicio de una correspondencia casi diaria entre los dos durante un período de veinte meses, en el que llegaron a cruzarse casi seiscientas cartas, publicadas en 1899, diez años después de la muerte de Robert, y que constituyen el monumento vivo de un gran amor.
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Tras las primeras cartas, Browning no tardó en solicitar una entrevista con Elizabeth, pero ésta trató de ganar tiempo: "Acaso en primavera, ya veremos..."
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Tenía miedo de defraudarle, ese miedo y ese sentimiento de indignidad que veremos aparecer tantas veces en los Sonetos, pero, al fin, cedió y el 20 de mayo de 1845 se vieron los dos por primera vez frente a frente.
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¿Cómo era Elizabeth entonces, después de tantas enfermedades y amarguras? He aquí cómo la veía su amiga Miss Mitford en 1851:
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"Conocí a Elizabeth Barrett hace unos quince años.
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Es sin duda una de las personas más interesantes que he visto jamás; todos los que la conocen coinciden en decir lo mismo, así que no puedo ser acusada de parcialidad o de entusiasmo.
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Su figura era fina y delicada, los negros bucles de sus cabellos caían en cascada a ambos lados de un rostro muy expresivo.
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Tenía unos ojos tiernos y grandes magníficamente sombreados por negras pestañas, una sonrisa que era un verdadero rayo de sol y un aspecto extraordinario de juventud."
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Y, en junio de 1858, menuda, apenas encarnada en un cuerpo; era justamente lo bastante substancial como para ofrecer su mano de dedos afilados y para hablar con una voz aguada y, a la vez, dulce y tenue.
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Resulta extraordinario el ver lo pequeña que es, cuán pálidas sus mejillas, cuán brillantes y obscuros sus ojos.
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No existe figura semejante en el mundo; sus rizos negros se enroscan en torno a su cuello y su morena profusión hace que resalte aún más la blancura de su rostro.
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Me resultó imposible hacerme una idea de su edad: era como si flotara entre los vagos límites de la edad de una mujer y la edad de un elfo."
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Nunca sabremos si en su riera visita a Elizabeth, Browning se enamoró de ella o bien, bajo el impulso de su corazón generoso se sintió obligado a intentar aliviar la situación de aquella infortunada.
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Lo cierto es, que dos días después de la visita, escribió a Elizabeth una carta, la única de su correspondencia que no ha llegado hasta nosotros, en la que probablemente le pedía que se convirtieran en marido y mujer.
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Pero tal petición superaba todos los esquemas mentales de Elizabeth, quien, al día siguiente, le devolvió la carta conminándole a que la destruyera y a que olvidase todo lo que había dicho en ella.
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De todos modos fue autorizado para visitarla tres veces por semana, en Wimpole Streetm, a la vez que continuaban su correspondencia casi diaria.
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Así fueron pasando los meses; el amor de Robert fue correspondido, pero correspondido en secreto, ya que el dominante Mr. Barrett tenía la absurda teoría de que ninguno de sus hijos debía casarse, so pena de quedar fuera del palio de su ayuda económica.
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Esto no preocupaba a Elizabeth, independiente gracias a la herencia de su tío Samuel y a otra herencia posterior de su abuela materna, que también la distinguió nombrándola heredera única.
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Pero esta independencia no era suficiente, ya que de haber sospechado el padre la relación entre su hija y el elegante y joven poeta, tal sospecha habría supuesto el final de la relación y de todo el contacto, y la habitación de Elizabeth hubiera quedado más oscura e impenetrable.
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Las cartas entre Elizabeth y Robert nos han dejado el diario del nacimiento y el crecimiento de ese amor desde el punto de vista de los dos amantes, hasta el momento en que, el 19 de septiembre de 1846, tras haberse casado en secreto en la parroquia de St. Marylebone, Elizabeth, en compañía de su doncella Wolson y de su perrillo Flush, dejaba silenciosamente la casa de su padre y partía con Robert rumbo a Italia, donde aún le quedaban por vivir quince años de vida feliz y creativa, publicar numerosos poemas, en especial su Aurora Leigh, al que ella definía como "la más madura de mis obras, en la que están presentes mis convicciones más elevadas sobre la Vida y el Arte", ofrecer un hijo a su esposo y morir pacíficamente en brazos de éste, en Florencia , el 29 de junio de 1861.
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Ahora, bien, mientras Robert y Elizabeth escribían su mutuo diario de amor, iba Elizabeth componiendo secretamente el rosario de sonetos que constituyen a su vez el diario poético de ese amor.
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Tal vez porque en cierta ocasión Browning había opinado que "uno no debiera poner sus amores en verso" o acaso por considerar que los sonetos escritos en unas circunstancias tan especiales para ella eran algo íntimo y solamente suyo,
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Elizabeth había guardado el manucristo en secreto. Pero, tras el nacimiento en Florencia, en 1849, de su hijo Robert y la alegría consiguiente, Browning hubo de sufrir la muerte de su madre, ala que había estado muy unido durante toda su vida.
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Y si siempre había sido él quien había cuidado, atendido y prestado todo tipo de atenciones a su débil y enfermiza Elizabeth, ahora fue ella quien tuvo que convertirse en la mujer fuerte, capaza de alentar y apoyara un Browning en exceso deprimido por la pena, y ella fue quien decidió que un cambio de aires habría de beneficiar a Robert, así que lo convenció para que se apartara de los calores de Florencia en el verano y se retirasen a los Bagni de Lucca, una estación termal en las montañas, no lejos de Florencia, entre bosques y riscos, silencio y paz; un lugar adecuado para que Robert volviera a encontrar la serenidad.
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Y allí, en Lucca, una mañana en que Robert contemplaba ensimismado desde la ventana los altos árboles que se extendían frente ala casa, Elizabeth se acercó sigilosamente a su marido, le puso una mano en el hombro por detrás para que no se acercase a mirarla, le introdujo un manuscrito en el bolsillo de su chaqueta y le dijo:
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"¿sabes que hace tiempo escribí unos poemas acerca de ti? Ahí los tienes por si quieres leerlos".
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Browning se entusiasmó con los sonetos y al momento pensó que había que incluirlos en el nuevo libro que Elizabeth estaba preparando.
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Pero, por otra parte, los sonetos les parecían a los dos demasiado personales e íntimos para ser entregados al público, así que finalmente decidieron envolverlos en un aura de misterio anteponiéndoles el título de Sonnets from the Portuguese, título ambiguo y que platea la dificultad de su traducción, ya que Sonetos del portugués mantiene la misma ambigüedad:
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¿del portugués como lengua?, ¿del portugués como persona?, en este último caso ¿el portugués o la portuguesa?
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Se apoya la justificación de la traducción del título como Los sonetos de la dama portuguesa en la correspondencia de Browning con su amiga Julia Wedgwood, preparada por Richard Curle y editada por John Murria en Londres, 1937. Allí, en carta del 11 de noviembre de 1864, Browning, tras narrar a su amiga cómo le entregó el manuscrito Elizabeth y cómo optaron por este título ambiguo, deja claro que "the Portuguese" no se refiere al lenguaje sino a una dama, "aquella Catalina que entregó a Camoens la cinta de su pelo", con locuaz para él los sonetos quedaban identificados como de su Elizabeth, a quien, tras la admiración que le había causado el poema "Catarina to Camoens", solía llamar "mi pequeña portuguesa", a Elizabeth.
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Además, el título castellano resulta ser un dodecasílabo ternario como los que encontramos en el Cancionero de Évora, en el "Credo poético" de Unamuno, o en aquellos
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"Parecía el hilo rojo entre sus dedos
una herida de cuchillo sobre el aire"
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en la Mariana Pineda de Lorca, y pienso que hubiera sido del agrado de Robert y Elizabeth.
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Fin
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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II
El puente y el río, las plazas y las calles
ante mí se ofrecían; estaban a mi alcance
a través del translúcido baño de aire vivo
cual si fueran visiones de bola de cristal.
Y de cuanto yo vi, y de cuanto alabé,
lo más digno de encomio y más bello a la vista
fue ese asombroso campanario de Giotto.
Pero, ¿qué causó en mí más allá del asombro?
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Robert Browning
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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III
Dime Giotto, ¿cómo, con esa alma tuya
has podido engañarme cuando tanto te amaba?
Si bien un corazón aguanta algún desprecio,
no deja de sentir, ¡sabedlo tú y los tuyos!
La verdad, yo no sé por qué habría de importarme
el romper un silencio que a ellos les conviene;
mas la cosa resulta ya menos llevadera
cuando veo que un Giotto se une a los demás.
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Robert Browning
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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IV
Rodeado de olivos que estampan todo el cielo
marcando en el azul sus ramas y sus hojas
(las hojas afiladas que nunca se les caen)
por el arco de áloe solía yo asomarme
y observaba, a lo largo de las tardes de invierno,
gracias a un don que Dios a veces me concede,
en las suaves puestas de esos soles cual lunas,
quién andaba en Florencia, además de sus gentes.
.
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Robert Browning
Soneto 1
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Pensé en cierta ocasión en cómo había ensalzado
Teócrito los dulces, caros y ansiados años
que, en sus manos graciosas, ofrecen cada uno
dones a los mortales, ya jóvenes o viejos;
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y, mientras lo pensaba en su clásica lengua,
a través de mis lágrimas contemplé poco a poco
los dulces, tristes años, melancólicos años
de mi vida que habían lanzado unos tras otros
.
su sombra sobre mí. De pronto me di cuenta,
en medio de mi llanto, de una mística forma
tras de mí, que tiraba hacia atrás de mi pelo;
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y una voz dominante escuché al debatirme:
"¿Sabes quién te sujeta" "La Muerte", dije. Entonces
sonó esta voz de plata: "No Muerte, sino Amor."
.
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Elizabeth Barrett Browning
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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V
Podían regatear, cantar, ir y venir
por placer o por lucro, los hombres de Florencia:
en verdad mi interés no se centraba en ellos
sino en las celdas huecas de la colmena humana;
en la arcada del claustro, la sala de capítulo
el ábside, transepto o nave de la iglesia;
la cripta, vislumbrada palpando y con antorcha
y la fachada alzada para que el sol la afeite.
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Robert Browning
Soneto VII
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PIENSO que el rostro entero del mundo se ha trocado
desde el punto en que oí los pasos de tu alma
lentos y sigilosos a mi lado, poniéndose
entre mí y la espantosa frontera de la muerte,
.
en la que yo pensaba que iba a ser absorbida,
y me ví arrebatada del amor e instruida
en vital nuevo ritmo. Contenta he de beber
la copa de amargura que encontré en mi bautismo,
.
y loaré su dulzura contigo, Amado, cerca.
Ya truecan su sentido nombres de Patria y Cielo:
significan ahora allí donde tú estés;
.
y mi laúd, mis cantos... que ayer tanto queria
(bien lo saben los ángeles cantores) hoy los quiero
porque tu nombre vibra en todo cuanto dicen.
.
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Elizabeth Barrett Browning
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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VI
Dondequiera que un fresco se desprende y se cae,
doquiera que un contorno se debilita y mengua
hasta que en la pintura la vida se detiene,
hay Uno a quien le duele ese latir más débil,
que desea que el yeso no abandone el ladrillo
y que el color no escape del todo a la escayola.
Un león que sucumbe ante la coz de un asno:
la agraviada y gran alma de un Maestro antiguo.
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Robert Browning
<Dronelz> naturalmente, Robert( sin minusvalorar a Elizabeth)...))
<^Seagirl^> ¿Te gusta más Robert?
<Dronelz> si
<^Seagirl^> Eso mismo decía Elizabeth :)
<Dronelz> po si
<Pirucha> hola
<^Seagirl^> Por eso ella se sentía tan inferior a él.
<^Seagirl^> Os traigo ahora y vamos a ir finalizando en breve, otro
<^Seagirl^> precioso soneto de Elizabeth
<Dronelz> bueno, el escribia para ella ;)
Soneto XXI
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REPÍTEME, repite de nuevo que me amas,
pese a que la insistencia pudiera parecerse
a la canción del cuco, como tú mismo dices;
mas recuerda que nunca llegó la primavera
.
galana con sus verdes a llanura o colina,
a los bosques y valles, sin la canción del cuco.
Amado, yo encerrada en tinieblas, escucho
a un espíritu ignoto y grito en la ardua duda:
.
"¡Di otra vez que me quieres!" Pues ¿quién ha de temer
demasiadas estrellas girando por los cielos
ni demasiadas flores coronando al verano?
.
¡Di que me quieres, dilo, que me quieres, y ofrece
repetición de plata! Mas no olvides tampoco
el quererme en silencio, desde lo hondo del alma.
.
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Elizabeth Barrett Browning.
PINTURAS ANTIGUAS EN FLORENCIA
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VII
Ocurre que a este mundo y a todo el mal que causa
le pueden dar la espalda, seguros en la gloria,
Miguel y Rafael, en torno a cuyas obras
pululáis y zumbáis, ¡gentes de poco seso!
¿Se contraen sus ojos a la escala terrena
ahora que les es dado ver a Dios cara a cara,
y han llegado, además -espero- a ser poetas?
Dias festivos disfrutan allí, en todo caso.
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Robert Browning
<^Seagirl^> anuais- , gracias :)
<anuais-> :))
<^Seagirl^> Y voy con el penúltimo de la noche...
<^Seagirl^> que se lo voy a dedicar a VientoDelSur
<^Seagirl^> que dice que no es poeta :)
Soneto XVII
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TÚ PUEDES, poeta mío, hacer sonar las notas
que el infinito Dios hizo y hará surgir,
y hacer que broten músicas del general rugido
de mundos alocados, que flotarán serenas
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en los límpidos aires. Y así podrás verter
en los oídos del hombre abandonado y solo
antídoto elixir de sanadora música.
Quiere Dios que se incline tu voluntad a ello
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y que la mía sea de la tuya la esclava.
¿Cómo seré, mi Amado, útil en la tarea?
¿Seré esperanza alegre que anime tus canciones?
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¿O delicado y triste recuerdo que las temple?
¿Sombra para que cantes, de pino o de palmera?
¿Una tumba que ofrezca reposo? Tú decides.
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Elizabeth Barrett Browning
^Seagirl^> Y vamos a cerrar este monográfico con anuais-, que nos recitará...
anuais-> Creación
Creación
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Creación
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Envejeced junto a mí!,
todavía nos aguarda lo mejor,
el final de la vida, el origen del principio:
nuestros tiempos están en Su mano,
y Él dice: "Todo lo he ordenado;
la juventud solo muestra una parte; confiad en Dios:
mirad el todo sin temor".
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No porque nuestra juventud, recogiendo flores,
suspire: "¿Qué rosa abrazaremos?";
o "¿Cuál de todos los lirios que abandonamos
recordaremos después como el mejor?";
ni tampoco porque anhele admirando las estrellas:
"Ni Júpiter ni Marte; la mía será una llama
cuyo resplandor a todos abrazará".
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No por esas esperanzas y temores
que ensombrecen los fugaces años de la juventud,
yo la condeno. ¡Bienvenida sea la locura!
Y me satisface el ignorar
si otros seres, más elementales,
habitan fuera de nosotros,
fragmentos de tierra finita y acabada, imperturbables.
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Pobre ostentación sería esto de la vida,
si el hombre sólo creciera
para alimentarse de goces y hacer de su existencia un festín:
pues acabado el deleite
nuevamente el ocaso se cierne sobre él.
¿Acecha el hastío al pájaro ahíto? Y la duda: ¿acaso inquieta las
henchidas fauces de las bestias?
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(...) Robert Browning
<^Seagirl^> Muchas gracias, anuais- :)
<VientoDelSur> gracias por tu trabajo anuais-
<VientoDelSur> y a ti ^Seagirl^
<anuais-> a vosotros:))
<Dronelz> si lo permitiis, ya que finalizando estamos el tema, quisiera pegar un poema , no de RB....aunque si intimamente referido a el:.... "Browning resuelve ser poeta"......Seguramente lo hallaras en gran aprecio,^Seagirl^
<^Seagirl^> Por favor, claro.
<^Seagirl^> :)
<Dronelz> Por estos rojos laberintos de Londres
<Dronelz> descubro que he elegido
<Dronelz> la más curiosa de las profesiones humanas,
<Dronelz> salvo que todas, a su modo, lo son.
<Dronelz> Como los alquimistas
<Dronelz> que buscaron la piedra filosofal
<Dronelz> en el azogue fugitivo,
<Dronelz> haré que las comunes palabras
<Dronelz> -naipes marcados del tahúr, moneda de la plebe-
<Dronelz> rindan la magia que fue suya
<Dronelz> cuando Thor era el numen y el estrépito,
<Dronelz> el trueno y la plegaria.
<Dronelz> En el dialecto de hoy
<Dronelz> diré a mi vez las cosas eternas;
<Dronelz> trataré de no ser indigno
<Dronelz> del gran eco de Byron.
<Dronelz> Este polvo que soy será invulnerable.
<Dronelz> Si una mujer comparte mi amor
<Dronelz> mi verso rozará la décima esfera de los cielos concéntricos;
<Dronelz> si una mujer desdeña mi amor
<Dronelz> haré de mi tristeza una música,
<Dronelz> un alto río que siga resonando en el tiempo.
<Dronelz> Viviré de olvidarme.
<Dronelz> Seré la cara que entreveo y que olvido,
<Dronelz> seré Judas que acepta
<Dronelz> la divina misión de ser traidor,
<Dronelz> seré Calibán en la ciénaga,
<Dronelz> seré un soldado mercenario que muere
<Dronelz> sin temor y sin fe,
<Dronelz> seré Polícrates que ve con espanto
<Dronelz> el anillo devuelto por el destino,
<Dronelz> seré el amigo que me odia.
<Dronelz> El persa me dará el ruiseñor y Roma la espada.
<Dronelz> Máscaras, agonías, resurrecciones,
<Dronelz> destejerán y tejerán mi suerte
<Dronelz> y alguna vez seré Robert Browning.
<Dronelz> .
<Dronelz> .
<Dronelz> el autor,un ciego enamorado de la literatura inglesa......un tal JLB
<^Seagirl^> Muy bonito, Dronelz, gracias :)
<Dronelz> jorge luis borges
<^Seagirl^> Me congratula que te gusten los victorianos.
<Dronelz> post romanticos me gusta mas:)
<^Seagirl^> Y, bueno, muchas gracias a todos vosotros, por compartir siempre estas gratas veladas de los martes y sus monografías.
<^Seagirl^> Os esperamos el martes próximo con una
<brutus24^> gracias
<^Seagirl^> Monografia dedicada a una poeta sevillana
<brutus24^> a las dos
<^Seagirl^> muy conocida: Julia Uceda.
<VientoDelSur> sevillana?
<^Seagirl^> sí
<^Seagirl^> Traeros poemas suyos y recitaremos juntos :)
<VientoDelSur> vaya, eso habrá que leerlo
<Dronelz> VientoDelSur...en esa busqueda de escrituras compartidas estamos muchos,claro...jajjajajaj
<VientoDelSur> pues si Dronelz
<^Seagirl^> Muy buenas noches a todos y felices versos :)
<VientoDelSur> aver si participamos mas gente del canal
<VientoDelSur> no solo es leer
<Dronelz> ^Seagirl^,muy bonito el mono:) gracias
<^Seagirl^> Gracias a vosotros Dronelz.
<^Seagirl^> Feliz noche.

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