poesiacastellana.es
Poetas: 1.685 - Poemas: 62.804 - Lecturas: 559.723.124
Hierro, José

España, (1922-2002)

recomendar
BIOGRAFÍA

España, (1922-2002)

José Hierro, cima indiscutible de la poesía española, murió hoy 21 de Diciembre de 2002 a los 80 años. Creador de verbo sobrio, José Hierro ha delineado una sólida trayectoria literaria presidida por la honestidad y la coherencia. El escritor murió en el Hospital Carlos III de Madrid, donde fue ingresado el pasado viernes aquejado de una grave afección respiratoria. Desde hace algunos años sufría frecuentes recaídas a causa de un enfisema pulmonar. Fue uno de los poco poetas que logró traspasar los círculos minoritarios de la lírica. Sus restos mortales fueron trasladados al Tanatorio Sur de Madrid.
Poeta de verso luminoso y sencillo, Hierro atesoraba los premios literarios más importantes, desde el Príncipe de Asturias (1981) hasta el Cervantes (1998), pasando por los de la Crítica y de las Letras, conseguidos en dos ocasiones.
Con el ingreso de José Hierro en la Real Academia Española, la poesía entró de lleno en la docta institución, como resaltó Víctor García de la Concha, director de la Real Academia.
La carrera literaria de este santanderino que amaba la música y la pintura tanto como las letras estuvo jalonada por silencios largos, silencios que a la postre fueron muy fructíferos.
Como recuerdan sus amigos, Hierro era un hombre íntegro. Podía haberse hecho rico con los cuadros que le intentaban regalar los pintores y que de forma sistemática jamás aceptó cuando ejercía de crítico de arte.
Durante un tiempo fue considerado un poeta social, etiqueta que le quedaba corta a un escritor que con toda humildad quiso que su obra perdurara o, al menos, pudiera mirar hacia el mañana.
Hierro prefería la palabra “testimonial” para definir su poesía. Como el decía, Celaya era un poeta social porque pretendía cambiar la realidad, ambición que él no albergaba. A fin de cuentas, pensaba que lo importante era el resultado. “Dios no es mejor tema literario que un vaso roto”.
Su obra está presidida por dos hitos: el premio Adonais que ganó en 1947 por ‘Alegría’ y ‘Cuaderno de Nueva York’ (1998), un libro que resultó decisivo para adjudicarse el Cervantes.
Hierro dividía su poesía entre “reportajes” y “alucinaciones”. Mientras los primeros son recreaciones de hechos concretos, los segundos combinan en su universo poético lo real y lo imaginario.

Viaje a Santander

Hijo de un telegrafista admirador de Manuel Azaña, José Hierro nació en Madrid el 3 de abril de 1922. Cuando no había cumplido los dos años, su familia se trasladó a Santander, donde estudió peritaje industrial. Una carrera que nunca llegó a terminar debido a la Guerra Civil, que trastocó sus planes.
En 1937 publicó sus primeros poemarios. De esa época data ‘Romancero general de la guerra de España”, en la que se aprecian reminiscencias de Antonio Machado, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y los maestros de la Generación del 27. La obra de Gerardo Diego fue un descubrimiento para él, una figura que le abrió las puertas de la poesía moderna, libre de afectaciones y sentimentalismos.

Peregrinaje carcelario

Cuando las tropas nacionales tomaron Santander en el 37, su padre fue encarcelado. La misma suerte sufrió él dos años más tarde al ser acusado de pertenecer a una asociación de ayuda a los presos.
Hasta 1944 recorrió las galerías de varias cárceles en un doloroso peregrinar: Santander, Madrid, Segovia, Alcalá de Henares y Palencia. Una dolorosa experiencia que se reflejó después en toda su obra. Con todo, sólo purgó cuatro de los 12 años y un día de la condena impuesta.
Después de vivir algún tiempo en Valencia al amparo de José Luis Hidalgo y Jorge Campos, se incorporó a la revista ‘Concel’. Regresó a Santander y trabajó como “listero” en una fabrica. Junto con Ricardo Gullón, engrosó las filas del grupo fundador de la revista santanderina ‘Proel’.
En 1952 se trasladó a Madrid, donde trabajó en la ‘Editora Nacional’, primero como oficinista y luego como encargado de ediciones, diseñando cubiertas y corrigiendo pruebas.

Más premios

En 1953 ganó el Premio Nacional de Literatura por su “Antología poética”. Como un goteo fueron cayendo todos los galardones de prestigio: el premio de la Crítica, por “Cuanto sé de mí” o el Juan March, en 1959, obtenido por el mismo poemario.
Un lustro después se hacía acreedor al Premio Iberoamericano Poesía Reina, que se adjudicó en 1995.
Hombre afable, de mirada felina, José Hierro era un hombre generoso. Podía escribir en medio del barullo de La Moderna, un bar que convirtió en una singular oficina. Podía escribir entre la cantinela horrísona de las máquinas tragaperras y el entrechocar de las tazas. Se acostumbró a componer versos dentro del barullo porque para él escribir era una necesidad. Y lo hacía de una manera muy poco solemne, entre sorbo y sorbo de “chinchón.
Sus fuentes estaban en San Juan de la Cruz y Lope de Vega, por mucho que algunos le quisieran reducir a tendencia con las que poco tenía que ver. Abominaba de la poesía que se convierte en algo mecánico.
Con “Cuaderno de Nueva York” hizo lo inimaginable: hacer de un libro de poesía un “bestseller”. “Para mí la humanidad presenta dos grandes misterios: uno es el éxito de Tamara y otro del ‘Cuaderno de Nueva York”. Enganchado a una botella de oxígeno, en los últimos tiempos apenas salía de casa.

Subir