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Beña, Cristóbal de

España, (¿1777-1833?)

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BIOGRAFÍA

España, (¿1777-1833?)

Capitán de Infantería.
Constitucional fue don Cristóbal de Beña, quien, al decir del duque
de Rivas que le trató íntimamente en Cádiz hacia el año 12, fue «de vivo
y claro ingenio... liberal de buena fe, como lo eran casi todos los de aquel
tiempo». Fue muy conocido por sus dotes de repentizador y por sus fábulas,
publicadas en 1813, de las que vieron luz ocho ediciones3. Aunque
Beña escribió poesías satíricas y de circunstancias, muchas patrióticas, trató
de que sus fábulas tuvieran valor de máximas. Aun cuando en ocasiones
toca asuntos tradicionales —cómo se ha de evitar la intimidad con los
3 Fábulas políticas de D. C. £.*** (Londres, S. M. Dowal, 1813). Reimpresiones de 1818 y 1820.
También en 1820 salieron tres más (Madrid, Imprenta de la calle de la Greda; Granada, Francisco de
Benavides; y Zaragoza, Imprenta de Andrés Sebastián). Hay otra de Madrid; Imprenta de la Gaceta,
s. a., y otra moderna de Madrid; Victoriano Suárez, 1946, que Palau da como «edición facsímil en
miniatura.»
AIH. Actas VIII (1983). La fábula política española en el siglo XIX. SALVADOR GARCÍA CASTAÑEDA

La fábula política española en el siglo XIX 569
poderosos, o no triunfan los buenos sino los aduladores— las fábulas ilustran
muy claramente el enfrentamiento de las dos Españas, ya inevitable.
Los gobernantes no cumplen las leyes y oprimen al pueblo, son oportunistas
e ineptos, pero el pueblo ha despertado ya y no sufre la tiranía; hasta
los animales aquí forman repúblicas, acuden a congresos y votan
democráticamente.
Beña asegura que su propósito es corregir «los vicios y falta de saber»
(«El Zorro y los Burros. Al lector») aun cuando por tales se entiendan
los de los absolutistas. En la «república ilustrada» de las abejas, éstas destierran
a unos zánganos en quienes se adivina al clero («Las Abejas y los
Zánganos»); muy significativa resulta «La Esclaera y el Farolero»; en ella,
los escalones más altos se creen superiores a los demás hasta que el farolero
da la vuelta a la escalera. La moraleja predica la igualdad social, pues
«cada clase un escalón / en las repúblicas es» y advierte que las diferencias
entre unos y otros son sólo aparentes y podrían cambiar «en cualquier
revolución».
Apenas proclamada la Constitución, el autor aconseja a los liberales
que traten con decisión a los serviles. Estos son «racionales culebrones
/ que mostráis por la ignorancia / las antiguas opiniones» (VII), sin deseo
de cambiarlas, y mochuelos «que aman las tinieblas» pues huyen de
la luz de la «ilustración» (IV). Finalmente, la fábula «Los Cangrejos» (XII)
es una alusión transparente a la lucha, declarada ya, entre absolutistas y
liberales. Pinta cómo reacciona la España del antiguo régimen —«la cangreja
nación»— ante las nuevas leyes que ordenan caminar hacia adelante
en lugar de hacia atrás, como se venía haciendo. Los jóvenes se enfrentan
a unos viejos incapaces de cambiar y temerosos de perder sus preeminencias
que corren la voz de que el nuevo sistema acabará hasta con «la religión
de sus abuelos». A ello responden los partidarios del progreso: «Si
el andar hacia atrás ya es prohibido / y si todos sus miras conocemos, / anden
ellos según les diere gana / que nuestro palo les pondrá derechos.»

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