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Acebal y Gutiérrez, Juan María

España, (1815-1895)

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BIOGRAFÍA

Juan María Acebal y Gutiérrez (8 de marzo de 1815, Oviedo - 11 de febrero de 1895, Oviedo), escritor español del siglo XIX que empleaba tanto el español como el asturiano. Inclinado a la vida religiosa, ingresó como novicio en el convento de San Vicente de la Orden Benedictina, en su ciudad natal, en cuyo centro estudió Humanidades y Filosofía con los jesuitas pero debido a la expulsión de los jesuitas de España en 1835 aplicando una ley gubernamental de 1834 que disolvió los noviciados tuvo que abandonar sus estudios y regresar a Oviedo. Allí, junto con su hermano, participó en diversos negocios, destacando sobre todo su faceta artística como escultor. Acebal, de ideas asturianistas, de profunda religiosidad y militante del Partido Carlista, se exilió a Bayona (Francia), en 1873 tras la última guerra carlista.

Pasó a Madrid donde su estancia fue muy corta, unos dos años, debido a la matanza de dieciséis religiosos de su colegio en julio de 1834, ahí prosiguió sus estudios de Humanidades y Filosofía, estudios que también tuvo que interrumpir, a causa de la disolución de la Compañía de Jesús (1835). Regresó a Oviedo y compartió tareas industriales con su hermano Francisco. Se dedica a hacer trabajos de mecánica, así como de hierro, cobre y latón, casi todos ellos de carácter artístico. Se cuentan entre otros, el reloj de la Universidad de Oviedo y la verja de bronce que cierra la capilla mayor de la Catedral de esta misma ciudad. Los dos hermanos también fundarían la panadería El Molinón, con una maquinaria bastante moderna para su época. Se sabe que Acebal se sentía atraído por la pintura y la escultura, y que en ocasiones había modelado bustos de sus amigos, aunque nunca se ha encontrado ninguno de ellos.

Se casa el poeta a finales de los cuarenta con Juana López-Cuervo Guisasola, descendiente de un comerciante de la calle San Francisco, y tiene una hija a la que habrían de llamar Marcelina, que se casaría muy joven con Guillermo Estrada y Villaverde, gran amigo de Acebal y jefe político del carlismo en Asturias.

Pese a su carácter artístico, Acebal no llevó una vida pública notoria. Se sabe, por contra, que tenía un profundo sentimiento religioso, lo que le va a llevar a militar del lado de los carlistas en los conflictos de la época. Este hecho le traerá como consecuencia su exilio a Francia debido a la revuelta organizada por los carlistas entre 1872 y 1876. De vuelta a Asturias tras el exilio en Bayona (País Vasco francés) tiene que dedicarse a los negocios familiares. En estos últimos años de su vida sigue manteniendo sus creencias religiosas, siendo miembro destacado de las Conferencias de San Vicente de Paul. Al cuidado de la familia muere en Oviedo el 16 de febrero de 1895.

Acebal fue un poeta de producción mucho más pequeña que la de su contemporáneo Teodoro Cuesta, y publicada, sólo en parte, en la prensa asturiana. De todas formas, por su rigor lingüístico y altura literaria, fue considerado «Príncipe de los poetas asturianos», aunque su obra no se recogió en libro hasta 1925, cuando Enrique García Rendueles incluye en Los nuevos bablistas seis poemas y dos traducciones de Horacio. El que Juan María Acebal hubiese sido llamado «Príncipe de los poetas asturianos» en su tiempo es un hecho bien relevante que demuestra el buen hacer del autor y la buena consideración que ya entonces tenía. Se puede afirmar que fue el primer autor en lengua asturiana que rompió el tópico del campesino que narra hechos vistos por él. Por otro lado, desde Antón de Marirreguera (s. XVII) la poesía era de carácter descriptivo o narrativo y va ser Acebal el primero que la hará totalmente lírica. Lo que le dio fama a este autor fue su labor poética, a pesar de no ser un escritor que hubiese dejado una obra muy amplia. Hasta la fecha lo que se ha catalogado son once poemas asturianos, tres traducciones de Horacio, cuatro poemas en español y uno en italiano. La edición definitiva de la obra de Acebal la realizó en 1995 Antón García, con motivo del centenario del poeta, cuando se le dedica la Selmana de les Lletres Asturianes. Se recogen en ella todos los poemas de Acebal de los que se tiene noticia. El primer poema conocido es de 1858, A so Maxestá la reina doña Sabel segunda, donde comienza haciendo una descripción del viaje por Oviedo de la reina en el verano de 1858, acompañada de su marido, el Príncipe de Asís, y del Príncipe de Asturias, más tarde Alfonso XII. En la última parte de este largo poema, el personaje que habla es Pelayo, el rey asturiano, que se queja del abandono en el que lo tienen los asturianos y que aconseja al príncipe Alfonso desde el punto de vista del que comienza una línea sucesoria que va a terminar en ese niño. Enlaza con una larga y curiosa tradición de literatura escrita en asturiano que festeja diversos acontecimientos relacionados con la familia real española (bodas, bautizos, viajes a Asturias, etc.). En 1872 gana el premio para trabajos en bable en el certamen organizado por la Juventud Obrera Católica, con el poema titulado A María Inmaculada, uno de los primeros poemas religiosos asturianos, junto con otros escritos por Cuesta y por Fernández de Castro. Este poema supone un cambio importante en la perspectiva autor-receptor de la literatura asturiana. En la mayor parte de los poemas escritos hasta entonces el autor no suele expresar su sentimiento más íntimo, a no ser que se trate de elogiar la vida de la aldea. Lo que solemos encontrar es la diferencia autor/personaje, poniendo aquél en boca de éste una serie de tópicos que se repetían de unos escritores a otros, formando una verdadera tradición, en la que pocas veces apuntaba la expresión sincera del sentimiento del poeta. En este caso el poema entero está construido desde la fe y desde el dolor del autor.

Pero la mayor parte de la obra de Acebal, la más importante, la escribe tras su vuelta del exilio, en 1878. En junio hace la primera traducción de Horacio, Vitae rusticae laudes, en julio fecha Cantar y más cantar, en octubre El amor del hogar y ¡Probe madre!, en diciembre La Fonte de Fascura y Arreglu de cuentes. En enero de 1881 publica la segunda traducción de Horacio, Maecenas atavis. No vuelve a editar en asturiano hasta finales de 1894, en que publica Refugium peccatorum. Su obra en asturiano se completa con un poema publicado en una hoja volante sin fecha, A María, y con una traducción más de Horacio, A Llidia. Cantar y más cantar es un largo poema en el que se describe, en una primera parte, desde el centro de Asturias y a pinceladas, el país asturiano. Después el poeta desciende a cantar la riqueza natural, para centrarse más tarde en la vida de los hombres y mujeres. El poema termina bruscamente con el cantar del cura en los entierros, cerrando así el ciclo de la vida. Esta composición ha sido el poema impreso más veces de la historia de la literatura asturiana, lo que contradice sobradamente la idea generalizada de que Acebal era un poeta culto y difícil que no entiende el pueblo. El amor del hogar y ¡Probe madre! tratan el problema de la emigración. En el primero, de quien se habla es del propio emigrante y de lo mucho que echa de menos su casa y familia. En el segundo, es una madre que se queda sola la que cuenta las penas de su soledad. La Fonte de Fascura, en contraposición a Cantar y más cantar, es el poema de lo local. La fuente de la que habla el poeta existe, y es una fuente natural al pie del Antayu, en el concejo de Parres. Arreglu de cuentes es el único poema humorístico del poeta ovetense, y su humor se diferencia bien del que se suele difundir en la literatura asturiana. Los otros dos poemas de Acebal, A María y Refugium peccatorum, inciden en la temática religiosa. El primero es de nuevo un canto a la Virgen, escrito antes de 1887 y, aunque impreso en una hoja suelta sin que conste lugar ni año, no se reimprimió hasta hace unos pocos años. El segundo es posiblemente el último poema de Acebal, impreso a finales de 1894, ya en vísperas de la muerte del poeta. Al niñín Jesús y Venite ad me et ego reficiam vos, escritos para la obra del catecismo, han aparecido recientemente en un cuaderno manuscrito. Sobre el primero de ellos hay una cierta polémica alrededor de su autoría. Si para Xurde Blanco se trataría de un poema de Manuel Fernández de Castro, amigo personal de Juan María Acebal, para Antón García el autor es el propio Acebal. A todos estos hay que añadir cuatro en castellano, Trébole, A Enrique Tamberlick, ¡Qué despacio el tiempo pasa y Charada, y uno en italiano, Ricordasti, mia cara. A los que habría que sumar las traducciones de Horacio al asturiano: Vitae Rusticae Laudes, Maecenas atavis edite regibus y A Llidia.

Obras
Cantar y más cantar
La fonte de Fascura
A María Inmaculada
Refugium peccatorum
¡Pobre madre!
El amor del hogar
Trébole
Charada
¡Qué despacio el tiempo pasa!
A Enrique Tamberlick

Fuentes:
http://es.wikipedia.org
www.VivirAsturias.com

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