‘Fricción’: celebrar la vida, condenar el mundo

Fuente: https://elpais.com/babelia/2023-01-14/friccion-celebrar-la-vida-condenar-el-mundo.html En 80 páginas, el libro recopila una muestra de la obra poética de Ana Pérez Cañamares, que comprende 15 años y nueve libros entre la autopsia de las relaciones familiares y la denuncia de la realidad que nos rodea. Fricción, de Ana Pérez Cañamares, recopila en 80 apretadas páginas una muestra panorámica que comprende 15 años y nueve libros. A pesar de los rigores de la aritmética, el lector puede hacerse una idea cabal de una poesía guiada por el doble imperativo ético de “celebrar la vida” y “condenar el mundo”, como se lee en una de las sentencias de Entre paréntesis. Ya en su sugerente prólogo, Alberto García-Teresa nos habla de la confluencia de dos vertientes principales: la autopsia de las relaciones familiares y la denuncia de la realidad que nos rodea. Lo interesante de este planteamiento reside en que ambas líneas coexis­ten con naturalidad. El hecho de que no se advierta un hiato entre la intrahistoria doméstica y la Historia en mayúscula consigue dotar de nervadura lírica incluso a aquellas piezas que a priori correrían el riesgo de decantarse hacia el prosaísmo a ras de acera o hacia el eslogan airado. El acierto de la autora radica en convertir sus avatares biográficos en experiencias transferibles (“Escribo sobre mí / porque yo / soy cualquiera”) que difuminan las fronteras entre víctimas y cómplices, belleza y barbarie. Con todo, pueden distinguirse motivos recurrentes, como la fortaleza de los vínculos maternofiliales o la reparación de la memoria colectiva. De lo primero dan prueba las composiciones dedicadas a la madre o a la “querida hija imperfecta” que proporciona el título de una de sus entregas. Lo segundo se manifiesta en frescos históricos (‘Varsovia’), alegorías con moraleja (‘Capitalismo’) o textos que reflejan la continuidad entre las heridas del pasado y las cicatrices del presente: “Mi padre cargaba en sus espaldas / una guerra que no terminó nunca”. Asimismo, aquí y allá se vislumbra una reflexión metapoética sin solemnidad, que identifica la escritura con un explosivo (“con pulso de artificiero / escojo las palabras”) y que no duda en desempolvar términos inflamables desde el realismo social: “que mi palabra no olvide / pelear por su utilidad”. La reivindicación feminista o la crónica urbana son otros registros de una trayectoria de insobornable coherencia empeñada en convencernos de que aún es posible ganar guerras perdidas. LUIS BAGUÉ QUÍLEZ