La secreta biografía del dolor y la ausencia

Fuente: https://letralia.com/lecturas/2022/07/31/nunca-es-un-artificio-el-viejo-exilio-de-jose-pulido/ (prólogo de Nunca es un artificio el viejo exilio, de José Pulido. Nunca es un artificio el viejo exilio José Pulido Poesía Ediciones Pavilo Caracas (Venezuela), 2020 ISBN: 978-980-6497-19-1 60 páginas La poesía verdadera es siempre una búsqueda en los zaguanes del corazón, en el lado más claro y también en la orilla más oscura, y de esta intersección se crea la palabra necesaria, la que aflora desde donde supuran la memoria, el dolor, el terrible desasosiego y la necesidad de sobrevivir, a pesar de los pesares. Porque este libro del poeta venezolano José Pulido es toda una traslación de lo poético a lo vivencial, a lo vital, a lo que es preciso decir para conocimiento de todos, del presente a la materia ancestral de lo vivido, desde el momento de su estar en Génova (donde contempla el mundo desde la mirada asentada en un espacio de singular belleza) hasta lo lejano y recóndito de su ayer en las calles de su ciudad amada de Caracas o en sus viajes a Estados Unidos a visitar a sus seres queridos. Desde el hoy perplejo y maduro del poeta (del que ironiza con sarcasmo inteligente), instantes vividos en la madurez que dan los años, las vivencias, los libros y los sueños, asentado en un exilio siempre doloroso y lleno de melancolías y de miradas furtivas al pasado, al duro y tibio ayer, a la realidad insalvable de su pueblo amado. La poesía, como dice Machado, sólo canta lo que se pierde, y es cierto, y desde esta afirmación es posible adentrarse en el terreno baldío y hondo en el que naufraga el poeta en este abanico de intensos y profundos poemas, parcelas de una geografía del corazón, aledaños de caminos que es importante pasar y atravesar con los ojos bien abiertos y la disposición clara y diáfana. El poeta aquí pasa revista desde la mirada lúcida y sorprendente de un hombre que supera cualquier derrota. Pero el poeta no hace como, por ejemplo, Ovidio cuando escribió sus Tristia, camino al otro lado del imperio, exiliado por el emperador Augusto, doliente siempre en un descalabro íntimo y secreto en el fondo de sus pensamientos. No, el poeta aquí pasa revista desde la mirada lúcida y sorprendente de un hombre que supera cualquier derrota, que rememora lugares, momentos, dolores vividos por él o por sus compatriotas, y desde esa postura tan valiente y creadora utiliza los mimbres de la poesía para construir el cesto de la memoria del hombre frente al abismo, sin caer jamás en pesares y en dolorosas derrotas, pero dejándonos clara su mirada aterradora frente a ese terror. Nunca es un artificio el viejo exilio, y esta inmensa afirmación nos deja, desde el título, el ofrecimiento de sus versos, la sensación que sus poemas nos provocan en cada una de sus reflexiones (porque esta poesía, que gusta de lo poético-asombroso, también nos regala la meditación, el largo y rítmico verso por el que se despeñan las emociones y los pensamientos), y el poeta que sabe cómo se construye un poema también deja claro cómo se reafirma una emotiva sensación de vida en la contemplación de lo lejano, cómo se deja, a modo de crónica, presente cada derrotero de dolor. Rafael Alberti, en su gran libro Retornos de lo vivo lejano, también nos muestra su cara de exiliado desde la memoria del retorno, lo que el regreso y la melancolía afrontan desde la distancia. Pero en este libro de José Pulido saltamos por encima de esas tensiones y de esas intimidades dolientes para aplacar desde la mirada la transparencia de una realidad que hay que denunciar, poner frente al espejo del hombre, no mitigar en ningún dato. Descubrimos en el poeta la densidad que la palabra le regala, flor de intensa zozobra pero, a su vez, paz y melancolía que, aunque pesa, no desata angustia, si bien el dolor se toca con las manos de la emoción y el vértigo en la dureza de alguno de los poemas de mayor denuncia de toda una situación que se nos presenta como un friso de increíble desazón: el poder, la ruina, la escasez, la enfermedad, el silencio, el atropello y el crimen. El doble eje en el que se nos van resolviendo los textos poéticos, desde la privacidad de lo biográfico de un hombre que entra en una edad donde comienza a preguntarse por los signos de esta nueva etapa, el descubrimiento de una verdad que está plenamente acompañada por la esposa a quien entrega su voluntad de amor y vida. La juventud se ha ido, y han escapado los años de la madurez y sólo quedan los restos del naufragio. La patria dolorida, la quemazón de una situación pintada por el color de las desgracias, de los crímenes, de las penas colectivas. Todo está perfectamente organizado para ir entrando en el bosque de una vida ahora recompensada con un decir impresionante, emotivo, maduro y sensitivamente grande. “Comencé a sentir las desventajas de la tercera edad / cuando en el fragor del Metro una muchacha abandonó su puesto / y me dijo ignorando mis fuerzas literarias / siéntese, abuelito…”, y el poeta se siente vitalmente en un nuevo ciclo y poéticamente en el mejor de sus momentos, extraña paradoja. Está maduro para decir, para exclamar, para dar testimonio. Todo está perfectamente organizado para ir entrando en el bosque de una vida ahora recompensada con un decir impresionante, emotivo, maduro y sensitivamente grande. Podemos escabullirnos en esta creación de un exiliado que está en un momento crucial de su vida, que se mira con irónica mesura, que nos contamina con su valor, que nada teme ya, que en su decir transita el más alto horizonte de la verdad poética, de sabiduría expresiva. “Fuimos perdiendo la cuenta de los amigos que morían / por falta de comida y medicinas / y porque sobraban criminales matando por tomates…”. Es la nueva realidad de una situación insostenible donde el abuso y la muerte, la dejadez y el sentimiento de pérdida están latiendo en un temblor de fuego, en una mirada estremecida por lo que la realidad le está enseñando con su luz más opaca. La angustia viene transida de un dolor contenido que no cesa en la denuncia. Este libro tan esencial y tan verdadero, tan social a su vez, tan lleno de una biografía que se congela en el alma, que se afrenta con el más terrible de los abusos que un hombre puede soportar. Testimonio que nos transforma humana y poéticamente hablando. Madurez y creación. Palabra y vida que nos acerca “todo eso que un día nos servirá / para que la muerte sea un borrón tan milagroso como el nacimiento”. José María Muñoz Quirós