Cineasta, fotógrafo y escritor. Todos los caminos de Abbas Kiarostami conducen a la poesía

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/cineasta-fotografo-y-escritor-todos-los-caminos-de-abbas-kiarostami-conducen-a-la-poesia-nid14062022/ En librerías se puede encontrar “El viento y la hoja”, poemas del director iraní; en simultáneo, se distribuye una antología de Rumi, místico persa del siglo XIII que influyó en la visión estética del cineasta. Uno de los grandes directores cinematográficos, el iraní Abbas Kiarostami (1940-2016), fue considerado por el público y la crítica un poeta visual. El creador de ¿Dónde está la casa de mi amigo?, El sabor de las cerezas y Copia certificada, entre otras obras maestras, también escribió versos. En El viento y la hoja, publicado por el sello español Salto de Página con traducción de Ahmad Taherí y Clara Janés, se reúnen 364 poemas que despliegan imágenes, escenas e incluso líneas de un inacabado guion autobiográfico: “Cuando en mi bolsillo no tengo nada / tengo poemas / cuando en la nevera no tengo nada / tengo poemas / cuando en el corazón no tengo nada / nada tengo”. Antes de dedicarse al cine y la fotografía, Kiarostami quiso ser pintor -”un pintor fracasado”, aclara en el diálogo con Taherí que cierra el libro- e ilustró libros álbum para niños, cuyos dibujos, según contó, no terminaron de entusiasmar ni a chicos ni a adultos. También trabajó como diseñador, y productor y guionista para películas de otros directores. Kiarostami reveló que había llegado al cine a través de la pintura. “O sea, a través de la imagen -le dice a Taherí-. Pero las imágenes en el cine tienen que contar alguna historia o relato. A través de ello llegas a la literatura, llegas a la poesía. Pero en el cine, en vez de en la palabra, uno se apoya en la imagen, por lo menos en mis películas es así, y la literatura viene en apoyo de la imagen para transmitir mejor lo que pretendemos. Varios de los títulos de mis obras son prestados de algún poema. Por ejemplo ¿Dónde está la casa de mi amigo? viene de los versos de Sohrab Sepehri, o bien El viento nos llevará es de la poesía de Forugh Farojzad. Soy de un país cuya poesía ha estado desde siempre presente en todos los aspectos de la vida de sus gentes. La gente de mi país está acostumbrada de leer y memorizar la poesía. Bueno, cada vez menos. En mi generación es más habitual”. Además de publicar tres libros de poemas -Compañero del viento, Un lobo en acecho y El viento y la hoja-, realizó su propia versión de la obra grandes poetas persas: Rumi, Hafez y Saadi. En las ediciones de Kiarostami, el artista alteró el orden de los versos, seleccionó algunos y los publicó como Hafez, versión de Abbas Kiarostami; Saadi. Grito por mi propio ser y Rumi. El fuego. Hizo un trabajo similar de edición artística con la obra de Nima Yushij, padre de la poesía moderna iraní, en El agua. “De alguna manera he intentado enviar un SMS de los poemas seleccionados. Como no sé hacer SMS, he recogido los textos cortos en libros”. Sus propios poemas se asemejan a SMS, breves como haikus o josravaní, en la tradición iraní. Al margen, cabe destacar que también llegó a librerías locales Rumi esencial (Koan), una antología de poemas, “coplas espirituales”, parábolas, cuentos y sermones del místico sufí del siglo XIII que cautivó a Kiarostami desde la infancia. “Leer a Rumi sin el Corán es como leer a Milton o San Juan de la Cruz sin la Biblia, y a Góngora o Lezama Lima sin la Ilíada y la Odisea”, advierte Jacinto Pariente en el prólogo del volumen que agrupa rubaiyat y ghazales -formas clásicas de la poesía persa- y de fragmentos del Mathnawi (que Rumi compuso al dictado y luego corregía) como el siguiente: “Eso que Dios le susurró a la rosa para hacerla reír y aumentar su hermosura se lo dijo también a este corazón mío y lo hizo florecer eternamente”. “De niño mi padre, en sus conversaciones cotidianas nos recitaba poemas -cuenta el director en la entrevista con Taherí incluida en El viento y la hoja-. Pensaba que eran sus poemas. Después de su muerte empecé a leer libros de poesía y me enteré de que no era así: los versos que decía mi padre eran de grandes poetas. No solo la vida artística, sino también la vida cotidiana de la sociedad iraní se produce acompañada por literatura, o mejor dicho, por la poesía”. El volumen tiene un prólogo del escritor y teórico español Santos Zunzunegui, que sugiere que hay dos maneras de leer los poemas del gran artista iraní. “Una, tomándolos uno a uno al azar, en forma de pequeños y simples relámpagos de visión que centellean en la brevedad del fugaz encuentro con los mismos -escribe Zunzunegui-. Otra, la lectura continua, el desplazamiento a lo largo del texto desde el verso inicial del primer poema hasta la línea postrera del que cierra la colección. El que opte por esta vía quizás pierda el deslumbramiento que proporciona el hallazgo imprevisto pero lo cambiará por un precioso y muy calculado despliegue de las transiciones (a modo de cinematográficos fundidos encadenados, de lentas disolvencias) que nos llevan de un tema al otro, surgiendo uno de forma difusa mientras comienza a desvanecerse el que le ha precedido pero que se resiste a desaparecer”. El escritor español los define como “poemas a mitad de camino”, un camino concreto y a la vez conceptual como el que el mismo Kiarostami transitó en su iluminada trayectoria. Cuatro poemas de Abbas Kiarostami I Esta noche tengo cita con la luna con la luna llena a las siete menos siete XLIII Entre las habilidades peligrosas la habilidad en encontrar amigos CCCLXII En la mitad vacía del vaso me fijo y en la mitad llena de todas maneras la situación es poco favorable CCCLCIV Déjanos dejar estar la alegría y la tristeza déjanos dejar estar el enfado y la reconciliación déjanos dejar estar las palabras vanas y las duras las vacías frases amorosas déjanos dejar estar Por Daniel Gigena