José Hierro vibra en Getafe con su poesía y su centenario: "Su Fundación es como si te toca la lotería"

Fuente. https://www.elmundo.es/madrid/2022/05/08/62766a4ae4d4d80c2f8b45b5.html La entidad que custodia el legado del Premio Cervantes es un caso "sin igual" en España, con sostén público y plena de actividad Explica la poeta Julieta Valero que José Hierro (Madrid, 1922-2002) "es de esos hombres que, afortunadamente, duda en sus libros, que vibra, que se duele, que se alegra" y que esa verdad de su poesía continúa: "A mí me sigue hablando. Algunos poemas me cuesta leerlos porque, no me pasaba en los primeros años en Getafe, me conmueve cada vez más". Como a Susana Obrero, maestra de Primaria y alumna aquí, poeta, que redondea con luz en la voz: "José Hierro acompaña". Y ese ser presente y colmarse en y con los otros, que fueron virtud de aquel hombre llano con lenguaje de orfebre, se prolongan en la Fundación Centro de Poesía José Hierro, de festejos este año. "No hay un proyecto igual en España", subraya Julieta Valero, directora desde 2018, cuando le dio el relevo Tacha Romero, nieta del poeta. "Debería haber un centro así en cada barrio, porque es comprobar que Ítaca existe. Esto cambia tu forma de entender el mundo", defiende Susana Obrero, con 15 años de vinculación a esta médula de la palabra justa, donde integra el grupo fiel de Los divagantes. No exageran. Todo poeta da a los vocablos su peso exacto. La evidencia se desprende con el Centenario de José Hierro, más de 60 actos y publicaciones nacionales y planetarias, pero también de su fluir cotidiano en Getafe, donde horadan sus raíces. Fundaciones de poetas hay otras (Alberti, Lorca o Gloria Fuertes), pero "ninguna con semejante vida y actividad" ni sostenida casi 20 años -en 2023- con financiación y finalidad públicas. Impulsado por Margarita Hierro y Manuel Romero, hija y yerno del poeta, "Hierro conoce y bendice, ya mayor y enfermo, este proyecto. Hace el logo, y deja una selección de lo que quiere que venga", relata Valero, con 14 años en la Fundación -llegó por concurso público-. El matrimonio Hierro Romero, profesora de Lengua y Literatura y poeta y agitador cultural, que eran "muy Hierros, con ese gran tejido de gente creativa a su alrededor y en unión cívica con Getafe", donde residían, presentaron su plan al Ayuntamiento (Pedro Castro, PSOE). La Comunidad de Madrid (Esperanza Aguirre, PP) afianzó el guante lanzado por la familia y, desde la inauguración del edificio (2007), ambas entidades apuntalan "la casa de la poesía en la región". "Cumplimos con el carácter institucional y de orden nacional de custodiar el legado de Hierro, de difundir su obra y su vida, pero también con ser un centro de convivencia en la escritura, donde se compartiera lo creativo, desjerarquizado, con libertad, como él quería", cuenta Valero, mientras muestra a GRAN MADRID tesoros que laten en esta isla. Desde la entrada, la exposición de radiantes acuarelas pintadas por Hierro, "con plumilla o lo que pillase, coñac, ceniza, en servilletas, quienes lo conocían dicen que no paraba". De cierre, la luminosa biblioteca con los fondos de poesía contemporánea de Hierro y del matrimonio fundador, con préstamo para usuarios, donde no faltan Neruda, Whitman, Cervantes, Machado, Rosales, Vallejo, Mestre y un etcétera de más de 8.000 volúmenes. Y el colofón: el archivo del poeta -abierto al público en la Biblioteca Joaquín Leguina-, que se conserva gracias a su hija y su yerno, porque Hierro "era muy desprendido con sus cosas". Allí se velan en cajas grises pliegos de poemas, conferencias, epistolario; las primeras ediciones dedicadas con colorido mimo a sus nietas Paula y Tacha -"Para mi Tachuela...", rezan-; la mítica antología de Aurora de Albornoz; manuscritos a mano como el de la obra maestra Cuaderno de Nueva York -"Hay muchas versiones de algunos poemas, porque era muy autoexigente, corregía muchísimo, las primeras eran un galimatías total"-, incluido el Adagio para Franz Schubert con, oh, milagro, sólo tres tachones; y arqueología literaria. "Prehistoria de los años 30, incluso de la cárcel [cuatro años tras la Guerra, con 17 años], que no sé cómo pudo... Pero hay más de los últimos años, porque Margarita y Manolo guardaron. No existen manuscritos de algunos libros porque él era un desastre". Pese a ser un poeta esencial, "un hombre sabio al que volver", describe Valero al Premio Cervantes (1998), y que atañe a "la poesía como necesidad, para quienes la escribimos y para los lectores, ese ir a lo fundamental, que no es literatura, es algo anterior, que engloba lo espiritual, lo filosófico". Lo que congrega a miles de personas y autores consagrados en este sur de Madrid. "A nuestro último premio Margarita Hierro [6ª edición] se presentaron 2.000 ejemplares", detalla Valero sobre la energía poética que restalla desde estos muros. Recalca Gema Serrano, poeta, que frecuenta desde 2016 alguno de los 11 talleres formativos -seis online, con alumnos de toda España-, que "no es una fundación elitista, sino para quien quiera escribir o hablar de poesía y juntarse con poetas. Que sea pública es una garantía y es un lujo salir de clase y que haya un recital de Juana de Castro o de Juan Carlos Mestre o merendar un día con Berta García Faet", pues cada día hay actividades, dice esta profesora de Secundaria -en la oposición se las vio con un poema de Hierro-. Remacha Susana Obrero: "La Fundación es como si te toca la lotería, coordenadas de encuentro con quienes se despiertan en mitad de la noche y se levantan a coger un lápiz y un papelito, con esa mirada sensible por la belleza". Más en El Mundo Explosión en el barrio de Salamanca: del "vi una gran bola de fuego" al "¿y ahora qué?" La desgracia de Ernesto, la víctima de 21 años de la explosión de gas: "Su ilusión era trabajar con su hermano. No sé cómo vamos a salir de ésta" La misma que a Leonor Watling y Alejandro Pelayo, enamorados de Hierro tras un curso en la Menéndez Pelayo (UIMP), les emplazó como Marlango en el Día del Libro; la misma que al milagro Mario Obrero, el Premio Loewe más joven de la historia -a los 17-, le impulsa a conducir las visitas escolares al centro para evidenciar, como recita su madre, Susana, que "todos los niños son poetas"... La lista de prodigios de la Fundación, con esa ternura sobre lo cotidiano de Hierro, es extensa. Y alcanza al resto de la geografía, a Santander, Valencia, donde el poeta vivió y donde tanto le vertebró el mar. "Todo el mundo te abre las puertas a Hierro, sigue siendo un sí; por Pepe, lo que sea, o con Hierro, lo que sea", elogia la directora. Así, en octubre se inaugurará una gran exposición en la Biblioteca Nacional con manuscritos, epístolas, ediciones y su obra gráfica, y en verano, en la UIMP, donde Hierro ejerció, se volverá a leer su poética desde una mirada actualizadora y oxigenante, la transgeneracional del Centenario. Sin olvidar su posición de clásico internacional: además de una antología inminente en Cátedra, en marzo se le presentó al italiano en Palermo, se le retraduce al francés... "Nuestro trabajo [sólo cuatro empleadas] es mantener viva esa contemporaneidad de Hierro", afirma Valero. "Y es ya un compromiso personal". Como el que se adquiere al leer a José Hierro, presente.