Sulma Montero, susurros de poesía

Fuente: https://www.la-razon.com/escape/2022/01/23/sulma-montero-susurros-de-poesia/ La poeta y artista paceña presentó Adenda (antología íntima) publicada en Córdoba, Argentina. Las vecinas del barrio llevan baldes cargados de agua. Doña Asica, la primera sanguchera de la zona que peleaba cuchillo en mano con su marido, ha cruzado la frontera y tiene su puesto en la Pasos Kanki y Brasil, vende en la ciudad. La niña se llama Sulma y le gusta mirar, no tanto hablar. Mira los rostros de los que pasan y sus maneras de caminar, mira el agua del Orkojahuira y de lejos observa a Toribio Tapia, su vecino kallawaya. Al barrio ha llegado un hombre, cuya madre, doña María, también cura. El caballero saluda: “Hola niña, ¿cómo estás?”. Sulma responde: “Buenas tardes, señor”. Todavía faltan diez años para que Sulma Montero y Jesús Urzagasti se conozcan y se amen. Sulma es una niña con el pelo “afro”, sufre acoso escolar en el colegio Hugo Dávila de Miraflores. No sabe aún que esas raíces ensortijadas vienen del Perú, de una abuelita burguesa —María Eugenia— que se escapó de Lima y llegó a La Paz por culpa del amor prohibido de un zapatero que remendó su corazón roto. En los inviernos crudos, Sulma sufre más de la cuenta: el frío se mete clandestino entre las faldas escolares y los reglazos por desobediente y distraída hinchan los dedos de su mano izquierda. Sulma es una niña tímida, parece absorta siempre en una realidad paralela, la suya. No le gusta jugar, le gusta mirar los eucaliptos a las orillas del río. Todavía falta harto para que ese río baje contaminado por las fábricas de la zona norte. Sulma Montero es un verso suelto, un poema susurrado. Ha presentado hace diez días en la pizzería Efímera de Sopocachi, junto a un callejón, su obra reunida Adenda (antología íntima) publicada por la editorial de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). El libro fue lanzado en 2019 pero Sulma se olvidó de hacer una presentación pública. Hasta hoy. Sigue siendo una niña con muñecas. Una de ellas, una que se parece mucho a Frida Kahlo, está sentada/callada en uno de los estantes de su casa envalijada de Sopocachi, la misma que compartió tantos años con Jesús. (“He pasado por tantos lugares antes de encontrarte / he visto sombras / he sentido frío / te llamé y me desbandé. / ¿En qué silencio escucharé mi voz? / Ese es tu enigma, niña”. Del poemario Mujer con muñecas, Sulma Montero Castillo). El profesor de Literatura es delgado y callado, viste un terno gris. Sulma no recuerda su nombre, solo se acuerda que daba “Composición”. Sulma se ríe al recordar el nombre de la materia: “Fue mi primer crítico, le gustaba lo que yo escribía y a mí me gustaba que le gustara”. La bulla del colegio, el machismo, la violencia… eso no le gustaba. En la casa, su padre Freddy, coronel de Policía, repetía y repetía: “Tienes que ser valiente”. Y Sulma lo fue, lo sigue siendo. POR RICARDO BAJO H.