Video | Mariela Dreyfus: “Cada uno de mis libros intenta nuevos tonos, modos y formas de ir diciendo los temas que me han obsesionado”

Fuente: https://caretas.pe/cultura/video-mariela-dreyfus-cada-uno-de-mis-libros-intenta-nuevos-tonos-modos-y-formas-de-ir-diciendo-los-temas-que-me-han-obsesionado/ Mariela Dreyfus es una voz ineludible de la poesía peruana contemporánea. A mediados de 2021 publicó no solo una antología de su trabajo —ese solo hecho fue motivo de celebración—, sino también se ha impuesto como uno de los mejores en materia poética de dicho año. Arúspice rascacielos, se entiende, contiene todos los ejes temáticos mediante los cuales Dreyfus ha construido su prestigio. La mirada de mujer en todos sus ángulos y variantes, que yacen en un sólido registro poético, nos brinda otra alternativa de lectura: la interna de la construcción de una poética que es una celebración de la vida, sin que esta tenga que ser necesariamente “feliz”. Poeta reconocida, ex miembro del Movimiento Kloaka, profesora de escritura creativa en Nueva York y traductora, señala lo siguiente sobre sus inicios en la poesía: “Para mí ingresar a San Marcos muy joven, a los 18 años, fue determinante. Di el examen de admisión cuando este se llevaba a cabo en dos días, pero tras el primer día descubrieron que hubo fraude. Sucedían muchas cosas. Así de accidentado era el país. En San Marcos entré en una especie de encierro, en un contacto con la literatura —aunque debo decir que era una lectora voraz desde niña— y me sentí muy arropada por los maestros de literaturas hispánicas, los talleres de escritura, los compañeros de generación con los que compartías lecturas, descubriendo autores recientes y otros que no habías conocido. Me gustaba mucho Albert Camus, El extranjero y El mito de Sísifo. Este era el contexto, de incertidumbre y con una visión de la vida no muy alentadora para una joven. Ante lo difícil que era apostar por una vocación, la mía ya estaba definida”. En este escenario signado por la crisis económica, violencia social y el desaliento, Dreyfus halló en la poesía su medio de expresión artística y personal. “Hace poco releí una reseña de Alonso Rabí sobre mi libro y en ella habla de la poesía como forma de rebelión. Entonces, la poesía era un modo de expresar y filtrar este malestar a través de la imaginación y la invención, pero de manera muy cercana a esa realidad en donde había colectivos artísticos, jóvenes haciendo talleres y leyendo las revistas de poesía que circulaban por el patio de Letras. Esta dinámica cultural fue una forma de resistencia. Y subraya: “Yo he tenido mucha suerte de salir a escena en los 80 en el Perú. Por un lado, están los amigos del programa de Literaturas Hispánicas, luego está la experiencia del Movimiento Kloaka, y conocí a muchos artistas y músicos. En la misma época que yo, aparecen otras escritoras y poetas de mi generación. Nosotras empezamos a escribir en la misma época y en un inicio tuvimos preocupaciones muy similares. En esos años, los colectivos feministas eran visibles, tenían una política y una visión cultural de respaldo; había también una mayor expansión para la mujer para ingresar a la universidad, pero se mantenía una mirada bastante heteronormativa del rol de hombres y mujeres en la sociedad. Entonces, salir de casa y estar en San Marcos fue propicio para encontrarme con experiencias y lecturas que amplían la forma de ver la vida, desde el feminismo, las lecturas marxistas, la propia literatura, el conde de Lautréamont leído en voz alta por el poeta Manuel Velázquez Rojas… Todo esto es una experiencia que te da un sentido de lo que es la libertad”. En 1984, Dreyfus publicó Memorias de Electra. Este libro no pasó desapercibido para los lectores de poesía peruana. La fuerza de la dimensión de la mujer, entre su libertad y la denuncia de su represión, trajo un respiro distinto al circuito poético, que saludó la propuesta, la cual también generó cierta bulla moral. “Si bien el libro pudo haber chocado a ciertos lectores, este tiene una solvencia literaria lo suficientemente consistente a pesar de que yo era muy joven. Lo escribí entre los 20 y 22 años con todo el atrevimiento de la juventud. En ese momento, no solo mi escritura, sino la de otras autoras contemporáneas, resultó incómoda e inclasificable. Pero la libertad pasa por ampliar los lenguajes, las formas y el modo de decir. Tampoco es que mi lectoría fueran las monjas de Lima. Lo que sí me sorprende es que este libro sigue siendo leído por los jóvenes. La publicación cuenta con prólogo de José Luis Rico, encargado también de la selección de los poemas. “En el prólogo, José Luis Rico ha tenido en cuenta ciertas recurrencias temáticas de mis libros y a nivel temático está imbricada la forma y el tratamiento del lenguaje. En esa etapa —Memorias de Electra— se acerca a la propuesta de Kloaka, como probar el lenguaje coloquial hasta sus límites, explorar el lenguaje de la calle. Me da la impresión de que cada poema de Memorias es una exploración. En el libro, el poema “13 de enero” está en dialogo con el vals criollo, como limeña nieta de limeños por el lado materno. En ese poema me interesa el dialogo con el ritmo del vals. Cada uno de mis libros intenta nuevos tonos, modos y formas de ir diciendo los temas que me han obsesionado. Desde muy joven he tenido esta mirada que viene de la tradición romántica, en donde hay lazos entre vida y obra. A mí me parece que funciona muy bien una categoría que usa una poeta estadounidense que he traducido, Diana Wakoski, en un amplio volumen. Ella dice que no cree en la poesía confesional porque tiene una carga religiosa, porque ella no tiene nada que confesar al no sentir ninguna culpa. Me gusta también la poesía confesional, como la de Sylvia Plath y Anne Sexton. Yo prefiero creer en la creación de una mitología personal, en donde el padre, la madre, los miembros de una familia, van creando sus propios arquetipos a partir de la experiencia de vida y así plasmarlos en este objeto artístico que es el poema, que tiene sus propias reglas de composición e invención”. Publicación de Peisa. La poeta lleva varias décadas viviendo en Estados Unidos. Sobre si la distancia ha incidido en su obra, si hay un desarraigo en la configuración de la misma, Dreyfus indica que “hay desarraigo y nuevos arraigos. Vivo en Nueva York más de 30 años y tengo la gran fortuna de que en este tiempo la tecnología y las comunicaciones han crecido tanto que puedo estar cerca de Perú, aunque no esté ahí. Tengo la fortuna de haber publicado mis libros en Perú, Madrid y Nueva York. Me hace sentir que mi vínculo con Perú, aparte de familia y amigos de los años 80, es también literario, porque hay una lectoría y editores interesados en publicarme. En una entrevista para El País, cuando estuve en la Fil de Guadalajara, señalé que aquí la comunidad hispanohablante es inmensa, además, enseño en la universidad escritura creativa en español y he podido seguir escribiendo y dialogando en mi propia lengua. Y estoy atenta a las expresiones en inglés y también en otras lenguas o lenguajes híbridos, como los latino y latina writers. Estar expuesta a tantas versiones del castellano te amplía el oído, los decibeles, como suelo decir. Soy una poeta lírica en el sentido de que los temas que me atañen tienen que ver con la vida, la muerte y el amor. Mi poesía muchas veces se coloca en ese vértice entre la vida y la muerte. Hay un verso de Vallejo que me resuena mucho: “Tal es la muerte, con su audaz marido”. La vida y la muerte son los lados de la misma moneda, justo en los momentos límite de intensidad está también la magia de la poesía”. Dreyfus es de las contadas voces peruanas que puede permitirse brindar consejos a los jóvenes que recién empiezan en el ejercicio poético. Como bien ha señalado líneas atrás, la poeta afianzó su vocación en una de las etapas más crítica para el país, en un escenario parecido —con obvios matices— al actual. “La literatura y la poesía te ayudan a crearte un universo interior, a crecer, a tener una mirada de la vida. Hay autores que te comunican cosas que te ayudan en tu propio aprendizaje intelectual. El consejo es leer y escribir. Leer en voz alta. Hace poco, en Guadalajara, asistí a una escuela preparatoria con unos muchachos que me hicieron preguntas y los que le conté sobre mi aprendizaje. He sido lectora desde los 15 años. En mi puesta al día de mis lecturas en San Marcos, los sábados en la mañana subía a la azotea de mi casa con un banco y me ponía a leer en voz alta a Eielson para aprender ese ritmo, esa dicción. Hay que leer y escribir”.