Eulalia, hacia una poética del camino

Fuente: https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/centenario-quijote/abci-eulalia-hacia-poetica-camino-202201072048_noticia.html La poética en marcha de Miguel Ángel Curiel prosigue en el tiempo creciendo, mutando. La poética en marcha de Miguel Ángel Curiel (Korvach Valdeck, 1966) prosigue en el tiempo creciendo, mutando, expandiéndose de una manera prodigiosa, enhebrando una obra de difícil clasificación entre las poéticas actuales, regida por un 'ciclo de lo elemental'. En época reciente ha publicado Manaciones (2017), Jaraíz (2018), Trabajos de ser sólo hierba (2020) y Extremadura Abstract (2021). Ahora nos presenta la reunión de su poesía de las dos décadas del siglo XX en Eulalia (2000-2020) (la anterior fue Agua 2002-2012), una summa poética con introducción de Ángel Luis Luján y epílogo de Pilar Martín Gila. Los textos no son expuestos de manera cronológica, ni completa, ni siquiera se apuntan los títulos de los libros, sino que los poemas se generan dentro de un continuum poético, donde se refleja el título del poema al finalizar este como un alargamiento del mismo y no su presentación. Este ciclo, que se da por concluido, ofrece el título homónimo de uno de los poemas de Jaraíz, 'Eulalia', que en griego significaría «elocuente» o «el que habla bien», que nos conduce a la poesía como fuente inmensa de oralidad. A falta de un índice final (que sería conveniente que se incluyera en siguientes ediciones), la poesía de Curiel se muestra en Eulalia fragmentada, sin cortes, y avanza de principio a fin como una sinfonía de silencio y orquestada que aglutina sus temáticas en torno a los cuatro elementos esenciales (luz, piedra, aire y agua), en ocasiones fusionados en un mismo verso: «El alma como la piedra en el agua se calienta». Esta nueva recolecta implica un viaje telúrico, donde el camino resulta el asidero para una concepción nihilista y fragmentada de la realidad: «Esto no es un poema, / son flores de sal». Portada del libro Gana enteros la poética de Curiel -y es un acierto que así se nos muestre- proponiendo un poema infinito, sucesivo, con el aliento de una poética que tuvo su crisol estético en las voces de autores como Trakl, Celan, Holan, Hahn, Herbert, Jaccottet, Helder o Gamoneda, pero que en esta recolecta muestra una voz propia, con un pathos distinguido que tiene en la reescritura la clave para completar poemas llenos de símbolos (agua, nieve, camino, muerte, silencio, río, negro…). La no identidad (característica básica) se fragua desde la reescritura como método de acción poética, por lo que la concepción zen gana enteros en los últimos trabajos. Hallamos una especial comunicación con el afuera, con la naturaliza, con lo telúrico. En 'Sendas del bosque', leemos: «Soy ese chopo, se lo ha bebido todo y sube. Soy ese que es más alto que yo»; o bien: «Ojos cerrados. / Montañas dentro de mí». Con tono diarístico -narrativo y esencial-, los textos avanzan en búsqueda del ser, de lo elemental. Así la reescritura conforma un afán comunicativo y motor esencial para crear el poema, por eso en 'Poèmes' leemos: «Los reescribo cada día quitándoles una / palabra. Dejo el arco de la imagen, a los / atunes saltar de cielo a cielo». También desde los últimos libros se ha percibido un acercamiento a lo oriental. Y surge Bashô, cuyo haiku más esencial reescribe en 'Baños de octubre': «Basho me llama. Ese camino / nadie lo recorre salvo el crepúsculo». Lo que conecta con una concepción nihilista: «El pájaro / que estalla en el sol / es mi nada» ('Alcaraván', a veces cerca de la greguería («Figuras de polvo / que abrazo. / Amigos»), el haiku: «La tela está mojada. / Las yemas / se abren», o genéricamente oriental: «Levanta polvo / el árbol / que se cae». Eulalia muestra una poética madura, casi definitiva. Habrá que estar muy atentos a próximos trabajos, porque Curiel es un poeta en movimiento, fundamental a día de hoy. POR RICARDO VIRTANEN