Penagos

Fuente: https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-jose-luis-garci-penagos-202112291202_noticia.html Rafael de Penagos, además de un magnífico poeta -siempre recomiendo 'Poemas a Consuelo'-, fue una persona de una cultura literaria apabullante, un estupendo actor y un doblador excepcional. (La última vez que se dobló 'Casablanca', hace más de cuarenta años, Rafael incorporó al 'Renault' de Claude Rains; estuvo genial, igual que José Guardiola prestándole su voz seca a Bogart y María Massip acercándonos en nuestra lengua, con dulzura y firmeza, a la dubitativa 'Ilsa'). Además, Rafael era un imitador prodigioso. Cuando emulaba a Pablo Neruda leyendo 'Veinte poemas de amor y una canción desesperada', además de ser un calco del genial poeta, se producía algo increíble. Cerrabas los ojos y la sensación era que el propio Neruda te estaba susurrando sus palabras, que Rafael las alargaba, terminándolas en un siseo, como hacían Edmund Kean y los grandes actores del XIX. Muchas noches de los 80's y 90's tuve el privilegio de ser invitado por Rafael a cenar a su casa de la calle Colombia, un piso amplio y luminoso, lleno de miles de libros, ordenados meticulosamente en estanterías de maderas pintadas en tonos crema. Casi todas aquellas veladas las compartí con Manolo Alcántara, Salvador Jiménez y Jaime Campmany. Recuerdo ahora una cena, en 1983 o 1984, con Imperio Argentina, muy amiga de Rafael, y en la que Imperio (Magdalena Nile del Río) nos canturreó, no tan bajito, 'Échale guindas al pavo'. Rafael hablaba de su padre, el gran pintor Rafael de Penagos, con una admiración sin límites, emocionante, idéntica a la que Enrique Herreros sentía por el suyo. No creo que Theo profesara por Vincent mayor hechizo y entusiasmo que Rafael o Enrique por sus progenitores. Rafael de Penagos fue, sin duda, uno de nuestros grandes dibujantes -y cartelistas- de la primera mitad del pasado siglo, un artista moderno, cosmopolita, anticipándonos un Pop ilustrado. Mi querido (e inolvidado) Rafa, me decía, con razón, que las mujeres que pintó su padre eran puro Hollywood, puro Berlín y puro París. Y es verdad. Porque a las chicas de Penagos -Louise Brooks, Clara Bow, Claudette Colbert- te las imaginabas viajando en transatlánticos o en el Santa Fe Chief, rodeadas de baúles que llevan pegados docenas de etiquetas del Hotel Plaza neoyorkino, del Ritz madrileño o del Negresco, de Niza. Las señoritas de Penagos -Myrna Loy, Maggie Sullavan, Irene Dunne-, redactan, con estilográfica, precipitadas notas de amor en los escritorios de caoba de sus apartamentos dúplex de la Quinta Avenida, arriba, pegados a Central Park. Las señoras de Penagos -Kate Hepburn, Barbara Standwyck, Carole Lombard- juegan al tenis, nadan 'crawl'y toman Dry Martinis, a las siete en punto, en el Blue Bar del Algonquín con un hombre casado con el que tienen un 'affaire', normalmente autores teatrales de esos de Broadway que siempre se ponen esmoquin para cenar. Las damas de Penagos -Jean Arthur, Loretta Young, Joan Crawford-, se tumban al sol del Pacífico con bañadores de tinta china y huelen a turbación por las mañanas y a veraneos en Salzburgo al anochecer, que es cuando acuden con su mejor amiga, la mujer de un embajador, a desfiles chez Coco o chez Balenciaga. «Ver las mujeres de tu padre», le contaba a mi amigo Rafael, «en aquellas revistas que coleccionaba el mío, 'Blanco y Negro', 'La esfera', 'Mundo Gráfico', era para mí como ir al cine, como mirar las carteleras de las películas de Lubitsch, McCarey, LaCava, Preston Sturges o Howard Hawks». Esas atractivas 'flappers' fueron algo más que mujeres para amar. Encarnaron la magia, la noche, el 'Bolero' de Ravel, la aventura de la ropa interior, los cuadros de Picasso y Modigliani, el lujo, el 'room-service', el pecado en toda su pureza. Rafael de Penagos, hijo, es el autor de la letra de la canción 'Luna de miel' -música de Theodorakis-, y en 1977, antes de estrenarse 'Asignatura pendiente', mi primera película, habló con la gente de la Sociedad de Autores y les dijo que no me cobraran nada por utilizar su poema en la película. Como premio a su generosidad, ha sido la obra con la que más derechos de autor obtuvo Rafael, ya que mi debut cinematográfico -qué pena no haber registrado el título- se convirtió en un fenómeno social, en la esencia de lo que luego se conocería como la Transición. De Rafael, tan elegante, con su voz a lo Ronald Colman, tan generoso, decía Manolo Alcántara que era como uno de esos 'tories' del Parlamento británico que levantan la mano para pedir la palabra e, inmediatamente, se calla todo el mundo. [Algunas mañanas, muy a primera hora, cuando Rafa se acercaba al bar de Cinearte (Plaza del Conde de Barajas) para desayunar, siempre de buen humor, con el ABC bajo el brazo, de traje y corbata -y gabardina y paraguas, si llovía-, algunos días, digo, mientras paladeaba su café con leche, nos recordaba la frase de Robert Taylor a Greta Garbo en 'Margarita Gautier': «Nadie te ha querido nunca tanto como yo». Entonces, imitando a la perfección la voz oscura y misteriosa de la Garbo, Rafael nos decía: «They may be true, but what can I do about it?». Y de pronto, la cafetería de Cinearte, o de EXA, o de Sincronía, se transformaba en la 'commissary' de Metro Goldwyn Mayer, porque todos escuchábamos recitar boquiabiertos nada menos que a un shakesperiano John Barrymore de los Madriles]. José Luis Garci