El miedo y el deseo de Sabina Orozco

Fuente: https://elpais.com/mexico/2021-11-26/el-miedo-y-el-deseo-de-sabina-orozco.html La ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal publica ‘La lengua de los osos polares’, 12 cuentos sobre el desamor o la ruptura. Cuando habla de su futuro, Sabina Orozco utiliza palabras como miedo e incertidumbre. “Creo que el motor de lo que escribo es el miedo”, confiesa. Un elemento, junto al deseo, omnipresente en su obra. Orozco —28 años, piel tatuada, pelo y labios rojos— necesita completa libertad creativa, escoger con cuidado las empresas en las que se embarca, aunque eso signifique abandonar la estabilidad, enfrentarse a un mañana incierto. La escritora oaxaqueña acaba de publicar su primer libro, La lengua de los osos polares (2021, Osa Menor) y de ganar el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2021, gracias al poemario Cosas que no contaré a mis padres. Pero, “el éxito no es tener un premio, sino que el libro forme parte de una conversación”, sintetiza sentada en la terraza de una cafetería en la Roma Norte, en Ciudad de México. En los 12 cuentos que conforman La lengua de los osos polares, las protagonistas son mujeres con auras tristes, descontentas con sus relaciones y sus vidas, que añoran y desean, que se enfrentan a la apatía del día a día. Una mujer que se ve obligada a compartir una noche de borrachera con su ex y la nueva pareja de este; el hastío de una relación que ha acabado consumiéndose en la rutina del tiempo; una hija que observa con lástima los primeros indicios de demencia en su madre. Por sus páginas transitan historias de desamor y ruptura, de soledad y melancolía, de extrañeza y dolor. Y, cómo no, de miedo. “Creo que generacionalmente hay un intento por buscar la ternura en un mundo donde tienes que cuidarte de todo, todo el tiempo”, apunta. Erotismo y miedo a morir “Las mujeres que habitan estas historias viven inmersas en un erotismo que trastoca la inocencia y sigue las pulsiones más recónditas hasta colocarlas en el sitio de la extrañeza“, escribe la autora mexicana Olivia Teroba en la contraportada del libro. Sin embargo, para Orozco, el erotismo, pese a estar involucrado, no es el eje central de su narración. “Este libro en un inicio tal vez hablaba de desamor, pero en realidad creo que habla del miedo de todos los personajes por quedarse solos”, reflexiona la autora. “Todo empieza desde una necesidad que no se puede llenar, ya sea desde la comida, el deseo, el cuerpo. Son personajes que todo el tiempo están aterrados y tienen miedo a morir, no en un sentido literal”, continúa. Alguien le recomendó leer La separación de los amantes (1968, Siglo XXI), una obra del psicoanalista ruso Igor Caruso. “Caruso dice que la ruptura es tan dolorosa porque es nuestra iniciación a un proceso de muerte. Creo que el libro va de eso, del miedo a morir a través de los otros”, matiza. En cuanto al deseo, confiesa que es algo que la intriga profundamente. “El hecho de que como persona una puede tener una inclinación tan fuerte hacia el cuerpo de alguien más, que llegue a ser incluso incómodo. Nadie va a terminar de explicarlo, porque cambia con cada persona, y es un misterio que me parece bellísimo”. En uno de los cuentos, una mujer tiene un fetiche con los dientes, hasta el punto de que acaba arrancándoselos a una de sus parejas sexuales. En otro, la protagonista muerde con fruición a la actual pareja de su ex. “Escribo ese tipo de situaciones porque jamás me atrevería a hacerlas en la vida. Es un asunto delicado, pero en literatura para mí todo es válido mientras no se exhorte explícitamente a hacer eso mismo fuera del papel. Creo que no está bien decir que no se publique cierto libro porque valide situaciones violentas. Se subestiman mucho las herramientas críticas de los lectores. No puedes darles papilla todo el tiempo. Lo peligroso reside en cómo reciben y gestionan los mensajes quienes leen, y también las estrategias publicitarias que utilizan las editoriales”. —¿No le quita ese razonamiento toda la responsabilidad al autor? —Por supuesto que no. Es un asunto sumamente delicado, pero creo que se necesita tomar casos aislados, y preguntarnos desde dónde lo está escribiendo el autor o la autora. —¿Hay que separar al autor de la obra? —Yo creo que lo más prudente es ver caso por caso. Es complicadísimo, pero también es peligroso cualquier comentario que trate de vincular todo a una suerte de totalidad. Si uno es un gran escritor y hace algo aberrante fuera del papel, por supuesto no tiene derecho a ser disculpado, a que se le exima de algo terrible. —Pero, ¿podríamos seguir disfrutando de su literatura? —Ciertamente. Bueno, yo lo haría. Se podría seguir leyéndolo o viendo sus películas, sin aprobar conductas atroces que hace en la vida esa persona. Es complejo, pero creo que sí es posible. Boom editorial de autoras Orozco forma parte de una generación de escritoras jóvenes que sobrevive gracias a un pluriempleo constante como obreras de la palabra, escribiendo, editando y colaborando con mil publicaciones a la vez. Ella, que se graduó en Letras Hispánicas, ahora trabaja como jefa de redacción de la revista de la Biblioteca México, aunque también hace dictámenes, se emplea como editora freelance, o publica artículos en medios como Este País, Tierra Adentro o Himen. En los huecos que la quedan, escribe para ella. “La mayoría de veces tengo que escribir en mi tiempo libre. No es algo que quisiera que fuera alterno todo el tiempo, porque es trabajo a final de cuentas”. Además, es pragmática. Conoce el mundo en el que se mueve y se aprovecha de sus grietas y fallas: “No se puede ser completamente puro en el arte en general. Es innegable que ahora mucha más gente está consumiendo literatura de mujeres porque se está publicando más. Si el mercado está publicando más mujeres ahora, ¿por qué no aprovecharlo? Los hombres van a seguir publicando. Lo que me importa es que lean mis libros”. Y añade: “Siempre ha habido escritoras, pero creo que sí existe un boom editorial de autoras. Aunque hablar de boom es poner una etiqueta que editorialmente funciona, pero literariamente le resta poder a las escrituras, que son muy distintas”. ALEJANDRO SANTOS CID