Un homenaje casi póstumo al poeta Arcadio Pardo

Fuente: https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/abci-homenaje-casi-postumo-poeta-arcadio-pardo-202111091922_noticia.html Poco antes de su muerte, su voz se hizo presente en el Festival de Poesía para Náufragos. Cuenca, viernes, 29 de octubre de 2021. Salón de actos del prestigioso Centro Cultural Aguirre. La poeta Ana Ares abría la novena edición del Festival de Poesía para Náufragos (resurgiendo triunfante después de la pandemia) con la presentación de su último libro, City, que revela un amor, dulce y al tiempo ácido, por la urbe madrileña a la que la creadora valenciana se ha entregado tanto. Acto seguido subía yo al estrado para brevemente introducir la poesía de Arcadio Pardo, a lo que vendría de inmediato una lectura de sus poemas efectuada por el propio Arcadio en una grabación de sólo unas semanas antes. Un par de días después le enviamos las imágenes, entre ellas las de los oyentes escuchándole absortos y aplaudiendo, a las que respondió con simpatía: «Parece que el público estaba interesado». En esa jornada que inauguraba el festival, Arcadio Pardo estaba ingresado (y era la primera vez que, a sus 93 años, ingresaba en un sanatorio) en el hospital de Versailles, por, según me informaba él mismo en un whatsapp, «un problema pulmonar que espero no tarden demasiado en resolver». Varsailles, sábado, 6 de noviembre de 2021. En ese hospital de esa villa principesca el poeta Arcadio Pardo, sin haber padecido, casi jovialmente, fallece. Como me transmite una amiga, íntima suya: «Estuvo lúcido hasta el final y no conoció las penalidades de la senectud». Mi intervención se iniciaba trazando la figura llamativa de un poeta tan pródigo y tan innovador, comenzando a indicar al ávido auditorio que estábamos ante un poeta muy entusiasta, arribando exultante a la provecta edad de 93 años, que conducía su Citroën y continuaba, indómito, en la labor de armar poemas. Según él, su pasión por vivir no decaía en ningún momento, alcanzando esos años considerables, y lo cito textualmente, «en pleno gozo de la vida y sintiendo la majestad de la existencia». En mi disertación informé que Arcadio Pardo nació en el País Vasco, en Beasáin, Guipúzcoa, en 1928, aunque realmente él era de Valladolid, de padres castellanos, castellanos viejos, el padre burgalés y la madre vallisoletana. Trasladada la familia en 1935 a la que es hoy capital de la región castellano-leonesa, estudió en el Instituto Zorrilla de Valladolid, terminando el bachillerato en 1946. En 1951 se licenció en Historia, obteniendo al graduarse Premio Extraordinario. A partir de entonces desarrolló su carrera docente en Francia, toda su carrera docente, excepto un curso que ejerció en Orense. Sus destinos transcurrieron en el liceo Corneille de Rouen y en las universidades de Aix-en-Provence, La Sorbona y Nanterre. Fue fundador, además, en unión con otros miembros, del Liceo Español de París. Arcadio Pardo participó en notables movimientos de la poesía española. Con Luis López Anglada y Manuel Alonso Alcalde fundó en 1946 la revista de poesía Halcón, muy prestigiosa en su momento, de la que la Fundación Jorge Guillén editó una muy cuidadosa edición facsímil en 2003. Es curioso saber que el director de la revista Halcón –se exigía que la publicación la dirigiese un periodista- fue un desconocido Miguel Delibes, que ni siquiera llegó a colaborar en ella. Arcadio Pardo podría haber estado adscrito, por edad, a la Generación de los 50, o Grupo o Promoción de los años 50, como queramos llamarlo. Pero esta hipótesis resulta ciertamente improbable, primero por circunstancias de residencia, tantos años en Francia, y además por la muy independiente posición estética del poeta. En 1998 ingresó en la Academia Castellano-Leonesa de la Poesía. Sobre su obra poética, la doctora María Eugenia Matía Amor elaboró una minuciosa y profunda tesis, publicada por la Universidad de Valladolid. Arcadio Pardo estuvo casado con la hispanista Madeleine Dubrasquet. Ambos fueron autores del libro Précis de métrique espagnole (Prontuario de métrica española), ya con varias ediciones en el mercado. Su esposa falleció en 2017. Llevaban los dos residiendo muchos años en una preciosa villa (desde el amplio jardín se columbraba un trozo de la Tour Eiffel) situada en Chaville, población residencial contigua a París, en una ruta que se inicia en Sèvres, famosa por su cerámica, y que finaliza en Varsailles, donde el autor, como hemos dicho, ha fallecido. Sus restos descansan en el recoleto cementerio de Chaville (una ciudad situada en una linda zona boscosa), dentro de una tumba de dos plazas, una de ellas ya ocupada por su mujer. También recorrí en esa sesión del Festival de Poesía para Náufragos sucintamente su poesía, que se había ido publicando desde 1946 hasta ahora, sin prisa pero sin pausa. Alcancé el triste honor, en esa suculenta jornada conquense, de participar, con él, en el último acto literario de su vida. Tracé algunas características esenciales de su obra, resumiendo el amplio artículo ensayístico sobre su incesante y singular singladura que publiqué en 2020 en la revista Odisea Cultural (https://www.odiseacultural.com/tag/arcadio-pardo/). Tomando sabrosas citas de una entrevista que le hice, al conocerle personalmente, para la revista jerezana Campo de Agramante. Pero esto ya es otra historia. Lo que ahora quería resaltar es la consternación, privada y públicamente, que ha producido su muerte. En estos momentos, como expresó mi mujer en una límpida nota necrológica publicada en Facebook, priman los sentimientos del recuerdo. Rafa Escobar, organizador del Festival de Poesía para Náufragos, me decía, desolado, tras conocer la noticia de su fallecimiento: «Qué tristeza. No deseaba esta triste postdata para una edición de Náufragos que había resultado tan feliz». POR AMADOR PALACIOS