5 años sin Leonard Cohen, el artista zen que logró fundir música y poesía en una misma obra

Fuente: https://www.infobae.com/cultura/2021/11/07/5-anos-sin-leonard-cohen-el-artista-zen-que-logro-fundir-musica-y-poesia-en-una-misma-obra/ El legendario poeta y cantautor canadiense murió el 7 de noviembre de 2016. Dejó una inmensa obra literaria y musical capaz de atraer y encantar a varias generaciones. Un repaso por su legado artístico, sus mejores discos y un flamante homenaje argentino. Van 5 años sin Leonard Cohen entre nosotros. Su obra lo sobrevive y agiganta su figura con el paso del tiempo. Fue cantautor de culto, hombre de voz grave, artista zen y también romántico cool, bebedor de peso. Un poeta y escritor capaz de combinar las palabras unas con otras, con profunda simpleza y belleza. Una vez se llamó a sí mismo “un practicante dentro de una gran tradición”, pero será recordado como mucho más que eso. Sus mejores letras permanecerán, sutiles y certeras como las trampas de un cazador furtivo para retener a quienes se tropiezan con ellas, incluso bastante tiempo después, cuando los obituarios pasan al olvido. Eso significa ser parte de una tradición: entablar nuevas conversaciones incluso cuando se ha muerto. La crónica de la época reseña ese epifánico último momento del ciudadano canadiense, patrimonio de la humanidad, que tenía en ese entonces 82 años. Ocurrió el 7 de noviembre de 2016 -el mismo año en que murieron David Bowie y Prince. Robert B. Kory, su manager, lo reveló en un comunicado de prensa. “Leonard Cohen murió mientras dormía, justo después de una caída en mitad de la noche. La muerte fue repentina, inesperada y tranquila”, dijo. No hubo más detalles sobre los momentos posteriores. El fallecimiento se difundió a través de las redes sociales el 10 de noviembre, tres días después. “Quedan sus hijos, Adam y Lorca, y sus tres nietos, Cassius (hijo de Adam), Viva y Lyon”, agregó Kory. Y en una publicación en Facebook de Adam Cohen, uno de los hijos, se supo algo más. “Mi hermana y yo acabamos de enterrar a mi padre en Montreal. Solo la familia más cercana y algunos amigos de toda la vida. Fue enterrado con un ataúd de pino sin adornos, al lado de su madre y su padre. Exactamente como pidió”, escribió. Unos días antes, el 13 de octubre de 2016, había presentado su último disco You Want It Darker en su ciudad de residencia desde hacía varias décadas, Los Angeles. Fue su última aparición en público. Agradeció los aplausos y dijo “me propongo vivir para siempre”. Previamente le había dicho a David Remnick en una entrevista para The New Yorker que estaba preparado para morir. “Creo que estaba exagerando”, aclaró. Y después de las canciones, de hablar de la familia, de la vejez, de su religión, y de regalar un último poema, se acercó al micrófono con paso lento y dijo con su tono de subsuelo: “Espero que podamos hacer esto otra vez. Me propongo vivir hasta los 120 años”. Por supuesto. Vivirá mucho más. A 10 años del discurso de Asturias En 2011 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras “por una obra literaria que ha influido en tres generaciones de todo el mundo, a través de la creación de un imaginario sentimental en el que la poesía y la música se funden en un valor inalterable”, según el acta del jurado. El 21 de octubre de ese año en el Teatro Campoamor de Oviedo, pronunció un ya célebre discurso de agradecimiento. Este es uno de sus (varios) ricos párrafos, una clave de su pensamiento sobre la creación poética, literaria y musical: “Cuando estaba haciendo el equipaje en Los Ángeles, tenía cierta sensación de inquietud porque siempre he sentido cierta ambigüedad sobre un premio a la poesía. La poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Así que me siento como un charlatán al aceptar un premio por una actividad que yo no controlo. Es decir, si supiera de dónde vienen las buenas canciones, me iría allí más a menudo”. El homenaje argentino, aquí y ahora El tecladista de Los Fabulosos Cadillacs (miembro fundador), Mario Siperman, encabeza un gran proyecto de versiones en nuestro idioma de las canciones de Leonard Cohen que se publicó estos días y que, según promete, abarca varios volúmenes más. Junto al guitarrista Gustavo Roca, Siperman lleva adelante esta verdadera superproducción -por el peso específico del repertorio, por el número de músicos involucrados- titulada El Poeta: Canciones en español, con grabaciones en las voces de Teresa Parodi, Víctor Heredia, Nito Mestre, Beto Cuevas, Daniela Herrero, Andrea Echeverri, Loli Molina, Richard Coleman, Palo Pandolfo, Silvina Garré, Leo García, Manuel Quieto, Bárbara Luna, Emilio Del Guercio y muchos otros por venir. Mi historia con Leonard Cohen comenzó en 1976, cuando estaba en la secundaria... Mi papá me trajo de regalo la enciclopedia anual del New Musical Express: era una época de mucho pelo largo, mucho glam rock y todo eso. Por eso me llamó especialmente la atención un tipo llamado Leonard Cohen, que estaba vestido de traje: no me pareció un hombre muy rockero”, le cuenta Siperman a Infobae Cultura. “Este proyecto lo empecé hace diez años o más. Había escuchado en una prueba de sonido a Vicentico cantar un tema de Leonard Cohen y pensé que estaría bueno un disco que fuera algo así como Vicentico interpreta a Leonard Cohen en español. Después de eso, entre las giras de los Cadillacs y de él solista, nunca lo pudimos concretar. Pero encontramos otro camino para el proyecto. Con Gustavo Roca hicimos todas las músicas de las canciones y mientras hacíamos las bases de los temas, nos íbamos imaginando quién podía ser el cantante para cada canción”. Cinco discos fundamentales El poeta reconvertido en cantautor dejó una extensa obra musical, un enorme catálogo de canciones de todos los colores y sabores. Este es un apenas, una caprichosa enumeración -como toda selección- de cinco de sus grabaciones más relevantes, ubicadas en tiempo y espacio. Songs of Leonard Cohen (1967). El disco debut contiene pequeños himnos como “Suzanne” o “So Long, Marianne” y la hipnótica “Sisters of Mercy”, temas con despojada instrumentación, una forma de ensalzar aún más las palabras. En la misma época en que Bob Dylan había electrificado su mensaje para hacerlo ruidoso y contundente, el novelista recién llegado a Nueva York desplegaba una minimal sucesión de acordes para destacar una extraordinaria sensibilidad para relatar (susurrar) historias de amor y pérdida, siempre con poderosas imágenes dotadas de una indudable connotación religiosa. Play Leonard Cohen canta "So Long- Marianne", en Dublin Songs from a Room (1969). El segundo álbum, parte de una trilogía de oro que habría de continuar con Songs of Love and Hate y New Skin for the Old Ceremony, reafirmó sus intenciones de honestidad emocional y intimidad al desnudo en canciones factibles de ser encuadradas en un cierto tipo de folk confesional, de irresistible sabor agridulce. Una forma de anunciar el fin del sueño de una década que creyó tenerlo todo para poner al mundo patas para arriba (Los Beatles, el mayo francés, los hippies, los ecos de la nouvelle vague). New Skin for the Old Ceremony (1971). Producido y arreglado por el pianista John Lissauer, implicó una evolución instrumental. Aquí florecen las canciones con pequeñas dosis del sonido de violas, mandolinas, banjos y percusión. En “There is a War” o “Field Commander Cohen”, sobresalen inspiradas metáforas bélicas para describir la insoportable levedad del ser y la existencia. Y claro, está “Chelsea Hotel #2″, superclásico de todos los tiempos de su repertorio: aquella historia con Janis Joplin hecha poesía y canción. I’m Your Man (1988). El disco ochentoso del maestro, con sintetizadores, dosis homeopáticas de la electrónica de la época y coros femeninos, siempre esos coros femeninos. Basta nombrar “First We Take Manhattan”, “I’m Your Man” y “Everybody Knows” -la crónica urgente de un estado de situación en presente continuo- para reconocer la enorme relevancia de este disco que, de golpe y porrazo, lo puso en MTV y las radios de fórmula de la época. Todo un palo. La aguda descripción de los tiempos del cinismo, la cocaína, el tecno, American Psycho y La Hoguera de las Vanidades estaba presente en esas y otras canciones. Incluye otro clásico, “Take This Waltz”, su reinterpretación del poema de Federico García Lorca “Pequeño Vals Vienés”. You Want It Darker (2016). Su testamento sonoro que, visto el acontecimiento de su muerte, adquirió un tono místico que lo emparenta -desde lejos pero no tanto- con el Blackstar de David Bowie y que, en ambos casos, significó dejar la casa en orden con una obra a la altura de los personajes en cuestión. No hay muchos casos así para citar, lo cuál potencia la sensación.. “Estoy preparado, mi señor”, dice en el estribillo de la canción que dio nombre a este disco. Casi lo mismo que le dijo a David Remnick en ese mismo año. Evidentemente era premonitorio. Por Guillermo E. Pintos