Andrés Trapiello, celebración de vida y palabra

Fuente: https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-andres-trapiello-celebracion-vida-y-palabra-202111020043_noticia.html El autor de ‘Salón de pasos perdidos’ nos regala una antología de sus poemas, algunos inéditos, comentados por él mismo. En el mundo de las letras al que Andrés Trapiello pertenece, y en épocas que conoce bien, se llamó polígrafo al cultivador de obra en varios géneros. Aunque ese sustantivo haya quedado hoy relegado a la placa de algún callejero no muy moderno, polígrafos hay muchos todavía, como ha habido siempre. Andrés Trapiello es novelista, diarista, ensayista, editor, articulista, hasta traductor de un modo original (del ‘Quijote’ al español actual). Pero le ocurre lo que a muchos polígrafos: por lo que quieren ser recordados es como poetas, si acaso esa musa les había dictado al oído su palabra. Le escuché tal preferencia a José Manuel Caballero Bonald, pero también a dos muy próximos a Trapiello como Carlos Pujol y José Jiménez Lozano, escritores polígrafos o de muchos géneros de quienes muy pocos, y escogidos, saben siquiera que fueron poetas. El libro ‘La Fuente del Encanto. Poemas de una vida (1980-2021)’, que me parece el mejor que haya escrito Trapiello nunca, ha nacido para ser la confesión de su voluntad de ser poeta, esa manera ‘pessoana’ de estar solo que sirvió de título a su amigo Eloy Sánchez Rosillo para su primer poemario. ‘La Fuente del Encanto’. Andrés Trapiello. Fundación José Manuel Lara, 2021. 260 páfginas.15 euros ‘ Habría que corregir, pues, más que estar solo, el modo como esta obra de Trapiello se justifica sería proclamar que la poesía ha sido su forma de vivir acompañado de unos pocos, que son los mismos desde hace cuarenta años, y que cita una y otra vez. Juan Ramón, Antonio Machado y Miguel de Unamuno, y antes Bécquer y San Juan, y antes Jorge Manrique. Y entre los extranjeros siempre Keats, Emily Dickinson y Leopardi. Y atravesando un lugar de lucidez, donde la poesía se ha hecho figura, la pintura de Ramón Gaya. Tras cuarenta años escribiendo poesía, ha sentido el diarista Trapiello la necesidad de escribir esta autobiografía poética que aventuro a creer sea el libro de los suyos que más le ha importado escribir. Si no es así, por lo menos es aquel en el que alcanza de manera más cabal el sueño de decir con palabras lo que uno es desde niño. No sería creíble Trapiello si no se hubiera esforzado en aquello que hace creíble una confesión y que María Zambrano supo bien: la forma. Si he dicho que me parece su libro mejor escrito es porque contiene unas páginas, las primeras noventa, que le han nacido en estado de gracia. Aunque disfrazado de madrileño, Andrés Trapiello es de un pueblo, aldea más bien, de León, Manzaneda de Torío, y como otros escritores leoneses (citare únicamente a Luis Mateo Díez) han conocido un habla castellana que está vinculada a oficios, plantas, utensilios, espacios, topónimos, onomástica, caminos. Esta obra ha nacido para ser la confesión de su voluntad de ser poeta Ese castellano que alguien que roza lo setenta años ha podido escuchar de niño y que prolonga sin cambios notables el de hace quinientos años, lo va diciendo Trapiello en la primera parte del libro con la misma naturalidad que Luis Mateo Díez narró en ‘Días del Desván’ o en ‘Relato de Babia’. Les sale sin retórica porque lo escriben como lo oyeron. Sí, oralmente. Saciar toda sed He leído estas páginas de ‘La Fuente del Encanto’ como si se las estuviera oyendo contar a un narrador-poeta que está presente. Lo más importante de esta obra es que el estilo de la memoria no ha sido ir hacia el pasado sino traer ese pasado al presente, sabiendo Trapiello que la poesía es el género del presente, hace que las cosas sean porque están siendo cuando las dice. Solamente así hemos percibido el significado de ese lugar campesino donde estaba el venero de agua que había de saciar toda sed, y que, como la poesía, no se sabe de dónde procede. Todo lo posterior a estas maravillosas páginas de la infancia es ya una manera de ir contando cómo aquella fuente originaria se desarrolló en varios libros, con los poemas de ellos que va eligiendo para significar cada momento en que a un escritor le ha gustado vivir y celebrar la palabra, quizá consciente de que «la muerte nunca es más larga que la vida». José María Pozuelo Yvancos