Óscar Alfaro, a cien años del nacimiento del príncipe de la poesía

Fuente. https://elpais.bo/reportajes/20210907_oscar-alfaro-a-cien-anos-del-nacimiento-del-principe-de-la-poesia.html Óscar Alfaro nació en San Lorenzo el 5 de septiembre de 1921 fue un poeta, cuentista, profesor y periodista tarijeño, que se distinguió por su dedicación a la literatura infantil y juvenil. El pasado domingo se recordaron los 100 años de su nacimiento. El pasado fin de semana Tarija recordó el natalicio número 100 de Óscar Alfaro, el poeta de los niños, ese ser mágico que cautivó a varias generaciones, pero no solo de niños. “Recuerdo cuando tenía siete años y mi padre me entregó una hermosa colección de cuentos ilustrados de Óscar Alfaro, los leía y releía, eran hermosos. Cada uno de los personajes tomaba vida, pero no cualquier vida, cada quien llevaba un gran mensaje revolucionario”, explica Inés Guerrero sobre la obra del escritor. El gran poeta nació en Tarija en 1921 y falleció en La Paz en 1963. Estudió la primaria y secundaria en su ciudad natal, y prosiguió con sus estudios de Derecho en la Universidad San Simón de Cochabamba. El escritor boliviano Víctor Montoya investigó sobre la vida de Alfaro y estableció varias facetas de su vida. A continuación recuperamos parte de su escrito para recordar a “El revolucionario príncipe de la poesía”. Apunta que Oscar Alfaro desde muy joven se distinguió como un excelente poeta y cuentista, tanto que a los 17 años publicó su libro “Bajo el sol de Tarija”. Relata también que trabajó como profesor de lenguaje y literatura en la Escuela Superior de Formación de Maestros Juan Misael Saracho en San Lorenzo y en varios colegios e institutos de Villa Montes y La Paz, donde fue, además, productor del programa “La república de los niños” en la estatal Radio Illimani, mientras su producción literaria ocupaba las columnas de los periódicos nacionales y extranjeros. “Es por demás conocido que este poeta chapaco, de inconfundible perilla y honda sensibilidad humana, se hizo miembro del Partido Comunista de Bolivia e incursionó en la lucha política escribiendo versos que reflejaban las injusticias sociales, las necesidades económicas y las esperanzas de los ciudadanos más humildes del campo y las ciudades”, explica Montoya. Agrega que su poesía franca y combativa fue una fuente de inspiración de la cual bebieron poetas y cantautores como Nilo Soruco, a quien lo unía una sincera amistad y los ideales enarbolados por los portadores de la “Bandera Roja”. De esa afinidad artística, en la que se dan la mano la poesía y la música, nacieron decenas de canciones compartidas como la emblemática “Moto Méndez”, en homenaje al guerrillero Eustaquio “Moto” Méndez, caudillo de las luchas independentistas durante la colonia en la ciudad de Tarija. Los estudios y los comentarios sobre su obra son abundantes, y todos coinciden en señalar que Óscar Alfaro es el poeta de los niños por excelencia La escritora uruguaya Juana de Ibarbouru, refiriéndose a la calidad de su poesía, dijo: “Su hermoso poemario ‘Bajo el sol de Tarija’ es rico de colorido y de folklore, de lirismo y de sentido poético y humano…”. Asimismo, Franz Tamayo, otro de nuestros grandes poetas, escribió lo siguiente: “… Agradezco al delicado poeta don Óscar Alfaro, por el regalo de su precioso libro ‘Alfabeto de Estrellas’, muy digno del genio poético de nuestras juventudes…”. Tampoco está por demás citar las palabras de apreciación vertidas por Yolanda Bedregal, quien expresó en su debido momento: “Nuestro Óscar Alfaro encarna la figura ideal del poeta, a quien imaginamos un ser elegido, en quien la persona humana y la obra están acordes sin ruptura entre conducta y expresión literaria…” . Los expertos en poesía aseguran que este “príncipe de la poesía para niños” era dueño de una gran sensibilidad, que lo acercaba a los temas más sublimes de la infancia. En realidad, se puede decir que él no escribió sobre los niños si no para los niños. Su obra literaria, hilvanada con musicalidad y temas universales, lo convierten en un ser excepcional y en ese niño que él siempre quiso ser, enfrentado a las injusticias sociales como Peter Pan enfrentaba los ataques del Capitán Garfio. Montoya anota que Oscar Alfaro vivía y experimentaba su realidad con los ojos de poeta-niño, consciente de que incluso las personas mayores cargan a un niño en su interior desde la cuna hasta la tumba. No en vano dice en “Viaje al pasado”, poema dedicado a su madre: “Desde adentro, desde adentro, / desde el fondo de un abismo, / viene corriendo a mi encuentro/ un niño que soy yo mismo”. En su extensa creación literaria destacan: Canciones de lluvia y tierra (1948); Bajo el sol de Tarija (1949); Canciones de la lluvia y tierra (1948); Cajita de música (1949); Alfabeto de estrellas (1950); Cien poemas para niños (1955); La escuela de Fiesta (1963); La copla vivida (1964); Poemas chapacos (1966); El circo de papel (1970); Caricaturas (1976); Sueño de azúcar (1985); Cuentos infantiles (1962); Cuentos chapacos (1963); El sapo que quería ser estrella (1980); El pájaro de fuego y otros cuentos (1990). Su obra póstuma, tanto en verso como en prosa, siguió siendo editada por sus hijos y su ya fallecida esposa, doña Fanny Mendizábal de Alfaro. Durante años, como la mayoría de los escritores de su época, perteneció a la segunda generación del grupo literario “Gesta Bárbara”. Obtuvo el Primer premio en el Concurso Nacional de Cuentos para Niños (1956); el Premio Nacional de Cultura con “Cuentos Chapacos” (1963) y sus “Cuentos para niños” fue incluido en la Lista de Honor de IBBY (1992). Sus libros, considerados ya clásicos en la literatura infantil boliviana, han sido reeditados innumerables veces y traducidos a otros idiomas. “No cabe duda de que Óscar Alfaro, quien supo combinar con maestría la imaginación infantil y el juego de palabras, seguirá siendo el mejor escritor para niños; más todavía, en su condición de hombre comprometido con la realidad social, cultivó una poesía revolucionaria y de reflexión, porque tenía el corazón al lado de la causa de los marginados y desposeídos; una constante ideológica que se aprecia con nitidez en su obra escrita con coraje, sencillez y belleza”, expresa Montoya. El legado vivo La obra de Óscar Alfaro sigue vigente, y mucho de esto se le debe a quien fue su viuda, la profesora Fanny Mendizábal de Alfaro, quien se ocupó de mantener vivo su legado. Un gran recuerdo de sus escritos es su poema “El pájaro revolucionario”, cuyos versos exclaman: “Ordena el cerdo granjero:/ ¡Fusilen a todo pájaro!/ Suelta por los trigales/ Su policía de gatos…/ Al poco rato le traen/ Un pajarillo aterrado/ Que aún tiene dentro del pico/ Un grano que no ha tragado./ ¡Vas a morir por ratero…!/ ¡Si soy un pájaro honrado./ De profesión carpintero./ Que vivo de mi trabajo!/ ¿Y por qué robas mi trigo?/ Lo cobro por mi salario/ Que usted se negó a pagarme/ Aún me debe muchos granos./ Lo mismo está debiendo/ A los sapos hortelanos,/ Al minero escarabajo,/ A las abejas obreras/ ¡Y a todos los que ha estafado!/ Usted hizo su riqueza/ Robando a los proletarios…/ ¡Qué peligro!… ¡Un socialista!/ ¡A fusilarlo!… ¡Apunten!.. . ¡¡¡Fuego!!!/ Demonio… si hasta los pájaros/ En la América Latina/ Se hacen revolucionarios…”. El estilo y narrativa de Óscar Alfaro desde la visión de Isabel Mesa Gisbert Según Isabel Mesa Gisbert, licenciada en ciencias de la educación y escritora, “los cuentos de Alfaro siguen los patrones de la literatura tradicional y la fábula, muy en boga por esos años donde al final de la obra destella en letras luminosas invisibles el mensaje o la moraleja sobre la que el profesor o padre de familia debe trabajar con el lector. Son cuentos destinados a niños de entre 8 y 10 años, sencillos en su estructura, de tres o cuatro páginas a lo mucho, llenos de ilustración y poco texto”. Agrega que Alfaro no fue escritor de aventura ni de narraciones históricas o detectivescas. “El modo literario al que más se apega Alfaro es al de la fantasía y dentro de ella el escritor recurre a una literatura tradicional basada en los cuentos populares que se van convirtiendo de una u otra manera en nuevas historias. Son de su preferencia las narraciones en las que los protagonistas son animales. Estas últimas provienen de las fábulas y han perdurado hasta el siglo XIX, aunque con connotaciones más de sátira e ironía, y hasta el siglo XX donde más bien se convierten en un reflejo de la sociedad”. Explica también que Oscar Alfaro utiliza el recurso de los animales humanizados y objetos animados para explicar el comportamiento de la sociedad, muchas veces criticada e incomprendida por los mismos protagonistas. En menor medida, Alfaro también entra en la literatura realista donde trabaja las relaciones interpersonales, como en “Historia de dos locos” en la que un hombre pobre, que vive en un basural, cura de avaricia al rey a cambio de llenar de riqueza el tacho de basura que le pertenece y que está agujero. Las relaciones entre iguales están presentes en “Topa corderito”, por ejemplo, cuando Manuelito, dueño de un cordero, le enseña al animal a topetar a otros niños con los que Manuelito no congenia, la estrategia finalmente se torna en su contra. Y la maduración de la personalidad está latente en una hermosa historia, “Biografía de un caballo”, en la que un niño, al mismo tiempo narrador de la historia, presencia la muerte de su caballo con el que había compartido toda una vida. “Alfaro es radical, o sus personajes son humanos y van en historias realistas, o son animales humanizados que protagonizan historias de fantasía; incluso los objetos animados no se mezclan con los humanos. Lo que no existe en la narrativa del tarijeño son personajes meramente fantásticos, aquellos que salen fuera de todo esquema convencional y que son concebidos por la mera imaginación”, anota la escritora. Danitza Pamela Montaño